INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LAS BANDAS DE MÚSICA Y LAS HABILIDADES SOCIALES (PARTE 6/6)

Para concluir esta primera serie de artículos sobre INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA, he dejado el mi capítulo favorito, no siendo otro que el de las habilidades sociales y su relación con las comunidades artísticas de aprendizaje.

¿QUÉ SON Y CÓMO NOS INFLUYEN LAS HABILIDADES SOCIALES?

Básicamente, son los comportamientos de tipo emocional y conductual que exteriorizamos en las relaciones interpersonales (entre personas) y que nos permiten, por norma general, adaptarnos a un entorno social. Éstas son imprescindibles para desenvolvernos con éxito por el mundo, permitiéndonos reconocer, comprender y responder adecuadamente a las diversas situaciones que podemos experimentar en nuestra interactuación con el medio.

El desarrollo de las habilidades sociales, así como el de todos los otros elementos que integran la inteligencia emocional, son esenciales para la consecución de los objetivos y metas marcadas, ya que, incluso las personas más brillantes académica e intelectualmente hablando, están avocadas al fracaso en su interactuación con el entorno si no desarrollan éstas adecuadamente, pudiendo ser tachadas de arrogantes, poco empáticas, insensibles y, en general, evitadas por los demás.

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El psicólogo P. Ekman, en sus estudios respecto a la capacidad que poseemos de interactuación con nuestras emociones como habilidad social fundamental, acuñó el concepto “despliegue de roles” para referirse al cómo, cuándo, dónde, por qué y con quién, resulta adecuado expresar nuestros sentimientos, y para el que es totalmente imprescindible conocer y dominar el entorno cultural en que estemos relacionándonos.

Este tipo de aprendizaje se desarrolla desde edades tempranas, parte de él es explícito, es decir, nos dicen directamente como mostrarnos en ciertas situaciones, y parte se adquiere mediante un proceso de moldeado indirecto  que, desde niños, vamos absorbiendo a través de observar las relaciones de los demás. Es vital, puesto que el éxito social y personal está estrechamente ligado con la capacidad de sociabilización.

Según Gardner, y vinculándolo directamente con la subcategoría de la inteligencia interpersonal que  presenta en su Teoría de las Inteligencias Múltiples, existen cuatro principales habilidades sociales. Éstas, determinan los elementos que componen la inteligencia emocional de una persona y, a su vez, vincula la posesión de los siguientes talentos con el estimado éxito que se puede cosechar al desempeñar ciertas funciones o profesiones.

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+Organización de grupos: Es la habilidad esencial para ejercer el liderazgo. Consiste en poseer las capacidades y herramientas necesarias para movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas.

+Negociación de soluciones: Talento social consistente en impedir la aparición de conflictos y/o en solucionar aquéllos que puedan surgir.

+Conexiones personales: Sus bases radican en la empatía de las personas y en el “arte de trabajar en equipo”. Ésta, favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por los sentimientos e intereses ajenos.

+Análisis social: Habilidad fundamentada en saber detectar, definir y expresar los sentimientos, intereses y motivaciones de los distintos colectivos o de la sociedad en general. En otras palabras; la capacidad de profundizar en los problemas y emociones de los demás con facilidad.

Aquellos que disfrutan de estas habilidades interpersonales son más propensos a desarrollar los otros elementos que componen la inteligencia emocional. Además, suelen ser ese tipo de personas con las que la gente desea pasar su tiempo los demás por las sensaciones que transmiten.

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LAS BANDAS DE MÚSICA Y EL DESARROLLO DE LAS HABILIDADES SOCIALES

La música es una disciplina artística que, generalmente, destaca por ser extraordinariamente social. Realmente, en los entornos no profesionales, es donde más tangible se hace dicho poder de sociabilización, estimulado, como principal factor, por la gran diversidad que suele darse entre los miembros que componen una banda de música, orquesta, coro o cualquier tipo de agrupación amateur.

Este tipo de formaciones se denominan “comunidades artísticas”, entendiéndose como aquél grupo de personas que se reúnen regularmente, y bajo una denominación común, para realizar actividades interpretativas, como puede ser, más allá de colectivos únicamente musicales, un grupo de teatro o un club de danza.

Dese la perspectiva de mi propia experiencia cosechada, estudio y percepción, afirmo que las bandas de música populares son comunidades donde se genera y potencia, profundamente, el desarrollo de las habilidades sociales, capacidad propia de la inteligencia emocional y donde radica el gran porcentaje de posibilidades de éxito.

Las bandas de música componen uno de los más valiosos elementos y tesoros de la actividad cultural y musical de España, ya que, gracias a ellas y desde que se empezaron a estabilizar por toda la geografía nacional hace más de un siglo, cientos de miles de personas han tenido acceso a la práctica artística e interpretativa.

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Las  características y naturaleza de sus componentes suele ser extremadamente variada. Mágicamente, aúna la voluntad e inteligencia, sobre un mismo escenario, de personas de muy distintos perfiles sociales, económicos, edades, géneros, ideologías, culturas y razas con un solo fin; hacer música y disfrutar de ello.

Pertenecer y participar en las actividades llevadas a cabo por una banda de música nos permite, desde muy pequeños y hasta muy entrados de edad (mientras la salud lo permita), compartir tiempo, conversaciones, viajes, proyectos y experiencias con gente muy distinta a nosotros, y en todo tipo de espacios y contextos que podamos imaginar.

Inconscientemente, al pertenecer y participar activamente en la vida de una comunidad artística y, en la mayoría de los casos, desde muy jóvenes, estamos absorbiendo y desarrollando innumerables herramientas sociales, aprendiendo constantemente a desenvolvernos en múltiples contextos y con una amplia gama de tipos de personas.

cerebro-musicaEn este tipo de entornos se favorecen relaciones humanas muy diferentes y complejas, ya que en otros ambientes, difícilmente, un niño de doce años, estudiante de sexto de primaria,  puede compartir responsabilidades en un mismo atril con un exitoso empresario y padre de dos hijos, o un joven adolescente puede ejercer tempranamente lo que conlleva el liderazgo, siendo el encargado de instruir y guiar a toda una cuerda de “cincuentones” licenciados de la vida.

Estos ejemplos, son sólo una muestra de las tan infinitas como provechosas situaciones que se pueden dar en el día a día de nuestras bandas de música. Obviamente, con el paso del tiempo, se normalizará y puede que no le demos la importancia y trascendencia real que posee, pero, tanto para los jóvenes como para los más veteranos, es una auténtica escuela de habilidades sociales que, sin ninguna duda, constituye un denominador común en la personalidad, trayectoria e inteligencia emocional de gran parte de los expuestos a ello.

La música transforma a las personas, desarrolla íntegramente su potencial, te da alas y te hace libre, las experiencias a las que te expone te harán desenvolverte eficientemente en el mundo, pero lo que no hay que olvidar es que la música es buena en sí misma y no hay que permitir que se esté continuamente empleando y ejemplarizando como puente para conseguir otros objetivos.

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LA MÚSICA Y EL BAMBÚ JAPONÉS: NO APTOS PARA IMPACIENTES

Como bien es sabido por todos, si observamos con detenimiento la naturaleza podemos cosechar grandes lecciones de vida. No todo lo que tiene valor en nuestro entorno es tangible para nuestros sentidos ni comida rápida para nuestra insaciable impaciencia, de ahí emana la estrecha relación que une al bambú japonés y a la música.

¿POR QUÉ EL BAMBÚ?

No hay que ser un experto en botánica para saber que de casi todas las semillas, tras unas pocas semanas de plantación y ciertos cuidados específicos, empezará a brotar un tallo.

El caso del bambú japonés es muy especial, pues permanecerá aproximadamente unos 7 años sin que asome por la superficie nuestro futuro árbol. No hay señales de vida. Nuestro esfuerzo por cuidar el bambú puede quedar frustrado si desistimos en su cuidado, necesitándose altas dotes de paciencia y perseverancia durante años.

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Repentinamente, después de toda la larga espera, de la semilla brotará un tallo que, en tan sólo 6 semanas desde este momento, podrá llegar a alcanzar más de 20 metros de altura. Además de este precoz desarrollo en pocos días, este árbol se convertirá en uno altamente resistente y flexible, doblándose con facilidad, pero siendo tremendamente difícil de partir y tirar abajo.

Entonces, ¿el bambú tarda sólo 6 semanas en crecer? No, para nada, tarda 7 años más 6 semanas. Mientras, durante todo este largo periodo de tiempo, estará creándose de forma no visible un complejo y férreo sistema de raíces que le permitirá, en un futuro, convertirse en esa planta con tan excelentes propiedades de adaptación.

LA MÚSICA Y EL BAMBÚ

La música es una disciplina que, como todo el que lo ha experimentado activa o pasivamente sabe, requiere, al igual que el cultivo del bambú, un profundo desarrollo de virtudes como la perseverancia, la constancia y el sacrificio, lo que les convierte a ambos en “no aptos para impacientes”.

PAZ CHINAEs imprescindible no desistir porque, aunque no se puede acelerar como nos gustase, en el momento que dejemos de cuidar y mimar nuestro cultivo, todo el esfuerzo depositado caerá en saco roto. Será difícil, ya que al igual que no veremos nuestra semilla germinar en años, no sentiremos dominar un instrumento, no entenderemos la música como otros la perciben y nos sentiremos torpes y perdidos en las interpretaciones grupales en las que participemos.

Un buen día, el tallo empezará a emerger con entereza por la superficie, dando sentido al esfuerzo y dedicación de años. Al igual que el bambú se ha pasado tanto tiempo diseñando su sistema de raíces, la música nos ha hecho de crecer internamente: conocimientos, habilidades físicas y cognitivas, espíritu artístico, inteligencia emocional, etcétera.

De la misma manera que este paciente proceso convertirá a este árbol en uno de tales características naturales, cada minuto que hayamos dedicado a cultivar nuestras “semillas musicales” se transformará en frutos de calidad, pudiendo nosotros y nuestro entorno disfrutar de ellos y manifestándose a través de elementos de índole musical y personal.

RAICES

INTERIORIZAR Y TRANSMITIR

Como lo aprende y asume el agricultor mediante el bambú japonés, la música nos hace adquirir y experimentar nuevos valores y aptitudes, siempre y cuando no desistamos y creamos en “aquello que aún no se ve, pero sí está”.

Este proceso de creencia e interiorización es algo para lo que podamos necesitar ayuda. Posiblemente, necesitemos recordar el caso del bambú en aquellos momentos en los que parece que el túnel no tiene salida, todo está muy oscuro y no hay señales de luz, pero no podemos rendirnos porque llegará lo esperado y disfrutaremos ampliamente de ello cuando empiece brotar.

Dicha enseñanza, es muy importante de tener presente en cualquier proceso de formación, madurez u objetivo propuesto, pero más aún (desde mi propia experiencia) en las carreras artísticas y, concretamente, en la música, donde las cosas parece que no crecen, no se desarrollan, no brotan, no se avanza, pero, en verdad y de forma invisible, se está creando un complejo entramado en y sobre nosotros que pronto empezará a dar sus frutos, dibujando una línea de ascenso casi exponencial.

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El papel del docente es muy relevante, ya que éste tiene la obligación de monitorizar que los aprendices están diseñando y forjando sus raíces; sin desesperar, sin querer volar, sin hacer trampas ni tomar atajos que nos empujen al fracaso, entendiendo la filosofía del proceso y ayudando a hacer pedagogía continua del mismo, tanto con los propios alumnos como con, si procede, con los padres de los mismos, poniendo sobre la mesa las características e importancia del mismo.

Asimismo, es también una obligación animar a extrapolar todo lo aprendido e interiorizado en nuestras clases y experiencias con la música (o cultivando bambús), con los demás aspectos de la vida en general; la importancia de la humildad, la virtud de la constancia y perseverancia, el dulce sabor del sacrificio tras alcanzar una meta propuesta, ayudar a entender el entorno a través de nuestras experiencias musicales, etcétera.

Para finalizar y como broche, me gustaría acercarles un texto que escribí hace unos meses en un momento de reflexión, inspiración y escape:

 ¿SACRIFICIO?

Al igual que la energía, que ni se crea ni se destruye, se transforma, ningún sacrificio se desvanece. Cuando creemos que hemos esperado el suficiente tiempo como para obtener resultados, y estos no llegan, necesitaremos otro nuevo sacrificio; la paciencia.

La paciencia es el sacrificio de esperar luchando, de esforzarse por alcanzar un objetivo sin saber cuándo llegará. Si no desistimos, llegará lo esperado, aunque nos daremos cuenta de que lo que deseábamos en un principio, se habrá transformado. Como consecuencia, descubriremos que, aun teniendo lo anhelado, el mayor logro es haber desarrollado la valiosa capacidad de conseguir lo propuesto.

Por encima de todo, entenderemos que el mayor tesoro es olvidar, o dejar de comprender, el significado de la palabra “sacrificio”, ya que realmente es lo que nos ha ayudado a conseguir todo aquello que hoy disfrutamos.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA EMPATÍA Y LA DIRECCIÓN MUSICAL (PARTE 5/6)

auto4Siguiendo la estela de la serie de seis artículos “INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA”, esta semana me dispongo a acercaros de una forma un poco más detallada y, por supuesto, relacionada con la música, el elemento de la “EMPATÍA”.

Para una lectura más completa y comprensiva, le recomiendo la lectura de las anteriores entradas de esta serie (si es que no lo ha hecho ya).

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: QUÉ ES Y DE QUÉ SE COMPONE. (PARTE 1/6)
INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: VÍA DIRECTA AL AUTOCONOCIMIENTO  (PARTE 2/6)
INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: EL AUTOCONTROL Y LA PEDAGOGÍA DE “EL DIRECTO”
(PARTE 3/6)
INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)

¿QUÉ ES LA EMPATÍA?

Esta habilidad proviene del término griego “empatheia” que significa, literalmente,  “sentir dentro” y era considerado por éstos como la capacidad que una persona posee para percibir las experiencias subjetivas de otros. Actualmente, la definimos  como la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Ésta muestra total independencia frente a la inteligencia académica tradicional y está directamente ligada, a su vez, con la capacidad de la inteligencia interpersonal propuesta por Gardner en su “Teoría de las Inteligencias Múltiples”, permitiéndonos comprender los sentimientos de los demás, sus motivos y preocupaciones sin necesidad de que sea transmitido verbalmente.

Podemos saber cómo se siente una persona si logramos interpretar los mensajes que emanan desde el cuerpo y sin necesidad de formular ni una sola palabra. En verdad, y a diferencia de la mente racional, que necesita de las palabras para comunicarse, las emociones lo hacen, de forma casi exclusiva, de modo no verbal.

EMOCIONES

En concreto, y según demuestran investigaciones específicas sobre comunicación, respecto al 90% de la información emocional que mandamos y captamos es de naturaleza no verbal (los estudios específicos se muestran en el libro de D. Goleman). Es más, no es frecuente que las personas expresen verbalmente sus emociones, por lo que tienen que manifestarse y reconocerse a través del lenguaje no verbal; tono de voz, gestos y expresiones corporales y faciales, etcétera.

De hecho, incluso antes de mostrar capacidades para el lenguaje verbal, ya somos auténticas esponjas y sintonizadores de empatía, pues los bebés reaccionan y desarrollan ésta desde los primeros meses de vida. La habilidad que desde la más temprana infancia despliegan para controlar sus expresiones faciales les convierte, desde temprana edad, en seres sociales y cognitivos.

PROFUNDIZANDO UN POCO MÁS…

Existen grandes conexiones entre la empatía y el afecto. Muchos investigadores sostienen que en la empatía reside, y de ella depende, nuestra personalidad ética y las raíces de la moral. La faceta primaria que presentamos los humanos nos muestra como seres solidarios, siendo la empatía la principal razón que nos impulsa a ayudar a los demás, pues conecta nuestras emociones con las ajenas y nos permite experimentar sensaciones de peligro  o sufrimiento.

equilibrioLa conexión empática  nos puede llevar a tomar decisiones en las que entren en juego acciones necesitadas de un juicio ético-moral previo, es decir, si presentamos con un alto grado de empatía cómo una persona que requiere ayuda, habrá muchas más posibilidades de hacer algo al respecto que si no percibimos cómo lo puede estar pasando.

(Relacionado con los dos anteriores párrafos, les puede interesar: ÉTICA Y MORAL. ¿QUÉ ENTENDEMOS? ESTRUCTURA, CONTENIDOS Y ACTITUDES.)

Normalmente, las personas que cometen los delitos más execrables (maltratadores, violadores, pederastas, asesinos, etc…), son incapaces de experimentar la empatía y con ella, de forma intrínseca, la incapacidad para percibir el sufrimiento de los demás a los que les afectan sus acciones delictivas. Es más, es en el desarrollo de la empatía donde se centran y fundamentan muchos de los nuevos tratamientos diseñados para la rehabilitación de los delincuentes.

EMPATÍA, MÚSICA Y LA DIRECCIÓN MUSICAL

La gran totalidad de la información emocional que promueve el desarrollo de la empatía se realiza, como en la música, mediante un lenguaje no verbalizado, convirtiendo a esta disciplina artística y necesariamente social en un inmejorable espacio del desarrollo de la misma. En la música, podemos encontrar distintos formatos de mensaje que pueden provocar múltiples procesos de desarrollo de la empatía, puesto que no es lo mismo una interpretación “a solo”, que en la música de cámara (pequeños grupos) o, de forma muy distinta, mediante una gran agrupación sinfónica y precisando de la figura de un director musical.

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Aprovechando mi humilde experiencia personal, voy a centrarme en el ejemplo de cómo la empatía está presente en la música desde el punto de vista de la dirección musical, puesto que ésta es, ante todo, un gran sistema de expresión y reconocimiento de gestos entre aquél que porta la batuta (aunque no necesariamente con ella) y aquellos que la siguen, permitiendo unir las inteligencias y voluntades de un colectivo de músicos en una única; la del director.

El papel del director, de uno bueno o, al menos, de alguien que intente hacer las cosas bien, requiere de una gran cantidad de habilidades de conexión empática, pues él es en encargado de generar un mismo sentimiento o predisposición emocional a toda una agrupación durante el trascurso de una interpretación.

Mediante un complejo sistema de gestos conscientes y estratégicos (técnica de dirección musical), y sumados a toda aquella información no técnica ni verbal que inconscientemente se transmite, el líder portador de la idea musical esboza y hace llegar a los que están detrás del atril aquello que siente, es decir, su forma de entender musical y emocionalmente la obra que capitanea.  De esta forma, la fenomenología musical que se esconde detrás de una idea artística se convierte en un complejo y mágico mecanismo generador de empatía, manifestándose física y gestualmente en la figura del director.

LA EMPATÍA NO ACABA EN EL DIRECTOR…

Más allá de las obviadas capacidades emocionales que debe de presentar un director musical, también es imprescindible que los instrumentistas que integran la agrupación tengan desarrolladas las habilidades de interpretación de las emociones, ya que, aunque el guía sea una auténtica “máquina de transmitir”, éstos deben de impregnar con la intencionalidad expresada por el director cada una de sus intervenciones musicales, algo realmente complejo y que se tarda mucho tiempo en conseguir.

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Cuando la sintonía deseada se consigue, el  “efecto dominó” no cesa, pues cuanto mayor es la sincronización emocional entre director y músicos, mayor será, y de más calidad, el fenómeno de la interpretación musical que, a su vez, calará en el público, haciéndoles sentir desde tristeza, miedo, energía, afecto, hasta, como último ejemplo, angustia.

Asimismo, aunque el ejemplo de la dirección musical ha sido el que más atractivo y potente me ha resultado para ejemplificar la presencia de la empatía en la música, existen otros muchos elementos y disciplinas de la misma que también serían válidos como, por ejemplo, las interpretaciones “a solo”, donde el músico tiene que conectar con los oyentes sin más herramientas que su propia interpretación, la música de cámara, en la que los integrantes deben de auto-sintonizarse emocionalmente sin la ayuda de terceras personas (un director) o, por supuesto, en la pedagogía de la música, donde cada lección debería de rebosar de contenidos, lenguaje y experiencias emocionales.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)

La automotivación es aquella habilidad de la inteligencia emocional que regula nuestras emociones, siendo su principal objetivo el afrontar con éxito las diferentes situaciones a las que somos expuestos en nuestra vida cotidiana. Para ello, ésta articula todas las herramientas necesarias (emocionales y racionales) para cumplir las expectativas y metas que nos marquemos.

En primer lugar, entendamos el importante papel que desempeña la motivación positiva sobre el rendimiento.auto4 Según los testimonios recogidos por D. Goleman, todas aquellas personas que cosechan largas y exitosas carreras tienen un denominador común: una elevada motivación positiva y una rigurosa rutina de entrenamiento y/o estudio. La principal diferencia entre aquellas personas que llegan lejos en sus carreras profesionales/artísticas y las que no es, básicamente, la ardua y perseverante práctica y esfuerzo ejercidos durante años y años. Dicha perseverancia depende fundamentalmente de factores emocionales, como el entusiasmo, una actitud positiva y la tenacidad (perseverancia) frente a todo tipo de contratiempos.

La automotivación es una maquinaria que se pone en funcionamiento ante una situación concreta en la que aparece un motivo que nos impulsa a actuar. En ese momento, surgen emociones primarias, tanto positivas como negativas, que inhiben o favorecen dicha acción. Es justo ese momento en el que interviene la inteligencia emocional, determinando mediante sus habilidades la forma (adecuada o no) en las que las personas son capaces de utilizar sus capacidades mentales.

automotivacionLa preocupación es una respuesta útil para nosotros; nos protege y advierte de peligros advirtiéndonos por nuestra seguridad y bienestar, pero a veces esa preocupación puede mutar en miedos y estados de ansiedad innecesarios. Muchas veces un simple compromiso o posible situación que requiera una respuesta responsable de nosotros nos puede amedrentar, en esos contextos la inteligencia emocional actúa convirtiendo un compromiso o reto en una gran estrategia capitaneada interiormente por un estado de automotivación. Aquellos que reconocen y controlan sus emociones pueden convertir esa ansiedad anticipatoria en una situación común de estrés para motivarse a sí mismos, digamos que nos confiere la virtud de convertir un lastre en un cálido aliento.

Uno de los pilares de la automotivación es la expectativa y esperanza de superarse a sí mismo, es decir, ser capaces de imaginarnos consiguiendo lo que queremos, desearlo y poner en marcha toda la maquinaría emocional y racional a nuestra disposición para vernos dentro de la viñeta que hemos visualizado previamente. Lamentablemente, en contextos donde imperan los estados de ánimo negativos podemos dejarnos llevar por la aprensión, la temeridad y el miedo al fracaso, haciéndonos imposible el soñar y, por lo tanto, limitándonos vivir experiencias de automotivación.

Existen dos principales focos generadores de un estado de automotivación: extrínsecos e intrínsecos. Los extrínsecos utilizan refuerzos externos para estimular una conducta deseable, es decir, usan métodos de recompensa y castigo como medios incentivadores. En cambio, los intrínsecos no usa agentes externos para reforzar una acción determinada, es la propia satisfacción de conseguirlo lo que produce la motivación.

conscienciaGeneralmente, en los ámbitos de las enseñanzas artísticas no es difícil generar estados de motivación, sólo hay que saber gestionar adecuadamente algunos factores determinantes como: las preferencias y gustos de los alumnos, ayudarles a ser conscientes de su propio potencial, saber establecer (y enseñar a saber) correctamente la temporalidad en la obtención de nuestros objetivos (corto, medio o largo plazo), enseñarles a soñar, etc…

Entorno a la música y a lo que la automotivación concierne, podemos proponer actividades específicas que atienden al número de personas que atañen: automotivación individual o grupal. A continuación propongo alguna actividad o actitud concreta para trabajar en estos dos niveles.

          +Automotivación individual: En el ámbito de la docencia y, más aún en las actividades pedagógicas artísticas y no obligatorias, los profesores deben ser conscientes en todo momento del estado de motivación de sus alumnos (principalmente porque al ser una actividad “prescindible” podemos dejar de verles por nuestras aulas con cierta facilidad). Como principales responsables, los docentes tienen que ayudar a los educandos a marcarse objetivos y a que el camino hacia su consecución sea una experiencia positiva en todos sentidos, pudiéndolo extrapolar como una herramienta emocional más allá de lo meramente musical. Una buena técnica es ayudar al alumno a marcarse objetivos a corto plazo y proporcionarle todas las herramientas necesarias para que alcance lo propuesto. Éste, al ver materializado de forma positiva y tangible el esfuerzo realizado, cosechará un feedback emocional muy valioso frente a la proposición de futuros retos, pero, ante todo, ese agradable y excitante sentimiento de poder que nos invade cuando estamos motivados. Por ejemplo, podemos ayudar a proponerse la grabación audiovisual de una obra o estudio para posteriormente editarla y subirla a “Youtube” o, por otro lado, le podemos ayudar a preparar un concierto o espectáculo que posteriormente interpretará públicamente.

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          +Automotivación grupal: Funciona de forma muy parecida a la individual, pero quizás, sea un poco más compleja. Normalmente, cuando hablamos de automotivación grupal, hablamos también de liderazgo o de la figura de un líder (no jefe), es decir, el arte o capacidad (y la persona que lo posee) de aunar el trabajo y voluntades de un colectivo en una misma dirección, algo así como ayudar a un grupo de personas a automotivarse entre sí  respecto a un colectivo con personalidad y funciones propias. Para que se produzca una motivación general dentro de un grupo, alguien (una o varias personas) tiene que saber detectar que es lo que a cada uno le mueve o preocupa con el fin de saber establecer una dirección en la que todos caminen, favoreciendo el trabajo en equipo y creando sinergias. Por ejemplo, en la programación de un concierto por parte de una agrupación o aula, existen muchas más tareas a parte de la mera interpretación musical: marketing, preparación de papeles, puesta a punto de instrumentos, invitaciones para el concierto, elaboración y presentación del programa, encargados de instalaciones o material, y un largo etcétera. En este caso, ejercer un buen liderazgo está directamente relacionado con tener la capacidad de empatizar y detectar qué tarea o acometido es el idóneo para cada componente, ya que todo el mundo, al sentirse útil, realizado y parte constructiva de un todo, está motivado frente a esta actividad. Los que lo hemos experimentado sabemos que, aunque es algo que no se ve, se puede oír de forma casi mágica cuando todos los instrumentos empiezan a sonar.

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Teóricamente y considerado uno de los cinco elementos principales de la inteligencia emocional, el autocontrol es la capacidad que nos permite controlar los estados de ánimo que nos alteran, siendo necesario para ello y en primer lugar, ser conscientes de nuestras emociones, es decir, todo lo relacionado con la habilidad (ya abordada) del autoconocimiento. auto4Sentimientos como la ira, la rabia, el enfado, la preocupación y la tristeza provocan en nosotros alteraciones en nuestra conducta y nuestro estado de ánimo. Controlar todas estas emociones negativas constituye una ardua y constante tarea, de hecho y según los estudios de varios psicoanalistas*, todo lo que hacemos en nuestro tiempo libre, desde descansar hasta entretenernos de cualquier forma, son intentos de llegar a sentirnos mejor y alejarnos de aquello que nos perturba y nos aleja del bienestar emocional.

Enfadarse es normal, natural y normalmente viene dado por la interpretación o juicio que nosotros mismos hemos emitido sobre el hecho o acontecimiento que lo ha provocado. El enfado es considerado como la emoción negativa más seductora, ya que proporciona argumentos convincentes de “ajuste de cuentas”, nos hace sentir que dicha descarga está justificada y tiene un porqué racional.

Los estados de ira y de rabia se caracterizan por ser emociones de tristeza muy fuertes e intensos, tan intensos que la persona que lo experimenta se siente incapaz de perdonar y está cerrada a todo razonamiento. En estos casos se actúa sin considerar las posibles consecuencias de sus actos y pone en primer plano nuestro lado más primitivo, brutal y rudimentario en cuanto a lo conductual se refiere. enfadoLa catarsis, es decir, el hecho de dar rienda suelta a nuestro enfado, esta popularmente aceptado como un modo adecuado de despojarnos y controlar nuestra irritación, pero estudios específicos* demostraron que esto no es así, porque lejos de mitigar esa sensación de descontrol, la aumentan aunque, por otro lado, si es verdad que puede llegar a provocar sensaciones de placer. Realmente, la única forma de provocar un estado de enfriamiento del enfado es, alejarse del foco que está provocando dicha emoción acompañándolo, además, con pensamientos y realización de tareas que nos lo hagan pasar bien, distraernos, ya que es difícil estar enojado si otra cosa nos está haciendo sentir placer y bienestar en general.

Otra emoción es la ansiedad, producida, a su vez, por un ciclo de preocupación que consiste, básicamente, en una anticipación ante los peligros que la vida pueda presentarnos y la búsqueda de soluciones positivas para evitarlos y combatirlos. La falta de autocontrol sobre el ciclo de la preocupación puede producir que miedos, fobias u obsesiones protagonicen un secuestro emocional que, si se intensifica mucho, puede desembocar en auténticos ataques y desequilibrios nerviosos. Las preocupaciones suelen estar presentes en nosotros a través de los pensamientos, por ello, la solución más eficaz es alejar la mente de dichas preocupaciones, sustituirla por otros quehaceres y realizar ejercicios físicos que nos ayuden a relajarnos y a mantenernos lejos de aquello que nos perturba.

La tristeza es, posiblemente, el estado de ánimo más común y del que más gente quiere despojarse, lo que muchos no saben es que no deberíamos de evitar toda la tristeza, pues tiene sus facetas positivas. La tristeza es una emoción que va en nuestro código genético y nos ha ayudado siempre a evolucionar y a sobrevivir, ya que cuando, por ejemplo, sufrimos una experiencia muy negativa (como una gran pérdida) nos permite crear un refugio reflexivo pudiendo así ralentizar nuestro ritmo de vida y llevar a cabo los ajustes psicológicos pertinentes para adaptarnos a la nueva situación. En cambio, no debemos confundir la tristeza con la depresión, un estado de tristeza profunda permanente que, a grosso modo, nos quita las ganas de vivir y nos despoja de, prácticamente, todas las habilidades emocionales que poseemos.

En verdad, existen muchas actividades y técnicas para despojarnos de las malas sensaciones. Algunos de estos elevadores de ánimo pueden ser: el llanto, ya que ayuda a desahogarnos y a reducir la angustia, divagar e imaginarnos cosas agradables o soñadas, ejercicios físicos y técnicas de relajación en general, y, sobre todo, exponernos a alguna experiencia de entretenimiento que nos guste mucho como ver una película, escuchar música, leer, participar en eventos, etc… Nosotros no podemos decidir racionalmente no enfadarnos, lo que sí podemos hacer es tener herramientas para controlar estos estados y, sobre todo y lo más importante, desarrollar habilidades personales que eviten o mermen su aparición y/o intensidad.

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La interpretación musical en directo y los escenarios en general, por su propia naturaleza, nos hacen exponernos a situaciones de estrés y ansiedad, por ello, cada vez que realizamos una audición o concierto que vaya a requerir el cien por cien de nuestro nivel interpretativo y concentración, es una magnífica oportunidad para hablar de qué y cómo podemos hacer para que nuestro subconsciente emocional no nos arruine el trabajo previo, arrojándonos a vivir una experiencia, como mínimo, agria.

Para que resulte realmente eficaz y provechoso, es necesario realizar pedagogía de la experiencia que vivimos durante una audición. Para ello es necesario dividirlo en tres fases: la preparación, el directo y las conclusiones.

          +La preparación: En la fase previa, es importante imaginarse el futuro instante como algo, en general, bueno, agradable y provechoso. Es necesario interiorizarlo como una oportunidad para materializar el esfuerzo realizado; te has preparado para hacer música y lo vas a demostrar. Es muy aconsejable investigar distintas técnicas de controlar los nervios y la ansiedad como, por ejemplo, mantener la concentración racional en puntos concretos y estratégicos (el ritmo, la afinación, la musicalidad, etc…), evitando así que la mente empiece a generar pensamientos de miedo o preocupación. También es muy importante tener conocimiento y control sobre el ciclo del aire-respiración como técnica de relajación, pudiéndose realizar ejercicios previos específicos. No olvidemos que siempre podremos experimentar todo esto haciendo pre-audiciones privadas ante amigos y familiares, pues nos servirá de gran ayuda.

          +El directo: Ha llegado la hora de poner en práctica todo lo trabajado. Es muy importante tener una actitud proactiva, es decir, pensar que todo va a salir bien, está controlado y, ante todo, se va a disfrutar de la experiencia. ¡Suerte!

           +Conclusiones: Es hora de comparar y sacar conclusiones. ¿Qué sensaciones has vivido? ¿Sentías el control de tus movimientos y pensamientos? ¿Has logrado poner en práctica las técnicas trabajadas? ¿Esperabas este resultado? Y un largo etcétera de preguntas que nos tendremos que formular y responder si queremos que todo esto tenga repercusiones positivas en futuras ocasiones y, sobre todo, para nuestra inteligencia musical. Además, es muy recomendable extrapolar este tipo de procesos y experiencias con otras situaciones emocionalmente similares a las que nos podemos vernos expuestos en la vida, como puede ser una entrevista de trabajo o una fuerte discusión con alguien.

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Tanto para docentes como para intérpretes profesionales o amateur, es muy aconsejable ser conscientes y activos divulgadores de estas prácticas, pues pueden mejorar la experiencia y así ayudar a usar todo aquello que las música nos brinda para el desarrollo íntegro del individuo. Espero que hayan disfrutado y aprendido con este artículo que vincula y resalta el valor que surge al interrelacionar disciplinas como la inteligencia emocional, la pedagogía y la música.

Gracias por su visita.

Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa

*Los estudios científicos y sus protagonistas a los que se hace alusión en el presente texto están nombrados y detallados en el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman.

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Como ya os avancé en la primera entrega de esta colección de entradas, sigo invitando a adentrarse en el mundo de la inteligencia emocional y el tremendo vínculo que guarda con la música (es imprescindible leer la primera entrada si no se poseen conocimientos específicos en la materia).

Una vez expuesto un marco y contextualizado teóricamente, vamos a abordar el tema desde una perspectiva más pragmática, la cual se puede experimentar y practicar activamente en el aula, tanto de forma directa como indirecta y de refuerzo para nuestras actividades cotidianas.

Como podremos recordar, los principales elementos de los que se compone la inteligencia emocional son: el autoconocimiento, el autocontrol, la automotivación, la empatía y las habilidades sociales.

EMOCIONES

SOBRE EL AUTOCONOCIMIENTO

La expresión que ya advertían las enseñanzas socráticas “conócete a ti mismo”, es decir darse cuenta de los propios sentimientos en el momento que éstos tengan lugar, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.  Reconocer nuestras emociones y el modo en el que afectan a nuestro comportamiento es muy valioso, pues nos permitirá manejar y expresar nuestros sentimientos de forma adecuada, siendo esto imprescindible para valor cuáles son nuestros principales puntos débiles y fuertes.

auto4Para que se dé este tipo de conciencia de uno mismo, lo emocional y lo cognitivo tienen que interactuar. A causa del propio funcionamiento natural del cerebro humano, en primer lugar se perciben y sienten las emociones y, en segundo lugar, se interpretan y comprenden. Cada ser humano es único en lo que a la autoconciencia emocional se refiere y ésta es imprescindible para establecer una relación sana con uno mismo y con el entorno que le rodea. Según el psicólogo John Mayer, todos somos conscientes de sentir y percibir emociones pero, después, diferencia entre tres estilos de personas en cuanto a la forma de atender y tratar con sus emociones:

     +Personas conscientes de sí mismas: éstos son conscientes,  reconocen y controlan sus estados de ánimo mientras los experimentan. En general gozan de una vida emocional más desarrollada; son autónomas, conscientes de sus propias fronteras, tienen una visión positiva de la vida en general y cuando caen en un estado de ánimo negativo no se obsesionan y, en consecuencia, no tardan en salir de él.

     +Personas atrapadas en sus emociones: a este grupo corresponden aquellos que son esclavos de sus emociones, sintiéndose desbordados por éstas y sin ser capaces de escapar de ellas. Generalmente, son menos conscientes de su vida emocional y, por ello, controlan menos su vida emocional, cayendo con más facilidad en estados de ánimo negativos.

     +Personas que aceptan resignadamente sus emociones: los pertenecientes a este grupo se caracterizan por ser plenamente conscientes de lo que sienten pero, en cambio, aceptan pasivamente sus estados de ánimo, ya que no se encuentran con capacidad para cambiarlos o modificarlos si éstos son malos. Son proclives a los estados de ánimo negativos y se suelen encontrar poco motivados.

LA MÚSICA: VÍA DIRECTA AL AUTOCONOCIMIENTO

Si de algo se tiene que hablar en las clases de música es, tristemente y a pesar de que no sea lo cotidiano, de emociones y sentimientos; cómo generarlos, transmitirlos, la importancia que tienen en las personas y, por supuesto, cómo gestionarlos a través de los sonidos.auto1 Cómo ya he advertido antes, la raíz del autoconocimiento es el ser conscientes de nuestras propias emociones, siendo esto, a su vez, un requisito imprescindible para realizar una interpretación musical de calidad, pues sin introspección emocional no es posible la expresión y, como de sobra está demostrado por la ciencia, es una de las actividades que más potencian cerebralmente la interacción entre nuestras habilidades emocionales y cognitivas.

Como ejemplo para practicar o desarrollar esta habilidad propongo la siguiente actividad:

         +Reunimos a dos o más alumnos en clase y les proponemos, como mínimo, tres sentimientos básicos o emociones como, por ejemplo, la alegría, la tristeza y el enfado/rabia. Seguidamente, cada alumno tendrá que elegir libremente un conjunto de sonidos (escalas, melodías inventadas, notas largas, improvisaciones, etc…) mediante el cual tendrá que transmitir a los demás a alumnos y al profesor cada una de las emociones propuestas para el ejercicio. Los alumnos irán saliendo de uno en uno al frente de los demás y, sin avisar previamente la emoción que interpretará, tocará cada una de las propuestas expresivas que ha pensado. A continuación, tanto el propio intérprete como los oyentes tendrán que adivinar (por escrito) cuál de los sentimientos propuestos ha ejecutado y, además, calificará del 1 a 5 el grado de intensidad con el que percibido el mensaje musical. El intérprete, que únicamente podrá disponer de un solo intento y también se autocalificará, podrá comparar al finalizar lo que ha intentado trasmitir y lo que a los demás realmente les llegó, lo que viene a ser un proceso de “feedback emocional”. En esta actividad pueden participar alumnos de cualquier nivel, incluido el profesor como intérprete activo, siendo aconsejable adaptar la dificultad de los contenidos emocionales al nivel de los participantes.

Si has leído el artículo y te atreves a dar rienda suelta a tu creatividad pedagógica y musical, te animo a que comentes este artículo y propongas una actividad musical a través de la cual podamos ejercitar el autoconocimiento, tanto personalmente como en el aula. ¡Anímense! Juntos podemos crear una gran cartera de recursos.

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Desde un estricto punto de vista etimológico, la palabra inteligencia proviene del latín intellegere, término compuesto de inter ‘entre’ y legere ‘leer, escoger’, y hace referencia a la mejor elección para resolver una cuestión o problema. Desde el punto de vista puramente semántico, el concepto de “inteligencia” posee un gran abanico de acepciones y perspectivas dependientes de los entornos culturales, abordando “cultura” desde su significado más antropológico y no desde el artístico-humanista.

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Dentro del pensamiento occidental y siguiendo la línea de las disciplinas e investigaciones que han surgido respecto al estudio de inteligencia, podemos asegurar que, desde principios de siglo XX, casi todos los estudios y definiciones sobre la inteligencia han estado ligados al cálculo y desarrollo del cociente intelectual (CI).

Según nos íbamos acercando hacia finales de siglo, diversos investigadores ya empezaron a advertir respecto a la importancia del uso y control de las emociones como mecanismo imprescindible para obtener éxito; conectar con la gente, saber desenvolverse socialmente, conocerse a sí mismo, etcétera.

Inteligencia Emocional” (1996), el best-seller mundial del periodista científico Daniel Goleman, recopiló y definió exitosamente diversos contenidos, anécdotas y teorías al respecto, aunque, a pesar del protagonismo que acapara, no fue él el primero en usar el término que puso título a su exitoso libro. Resumidamente, Goleman quiso insinuar y demostrar que el cociente intelectual no era más importante que aquello que conocemos como “carácter”, es decir, el control y conocimiento de nuestros sentimientos, emociones e impulsos morales.

Según Goleman, tenemos dos mentes o inteligencias; una que piensa y otra que siente, una es reflexiva y analítica y la otra química e impulsiva, por ello definen la inteligencia emocional como aquella capacidad que tiene el ser humano para armonizar lo emocional y lo cognitivo, con el objetivo de comprender, controlar, expresar y analizar las emociones dentro de sí y en los demás. Esto, nos permite resolver problemas de forma creativa e interactuar con en el entorno y las personas de forma útil y eficaz.

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Retomando la propuesta de D. Goleman, éste, tras su profundo y dilatado estudio, identifica y propone que son 5 los elementos o habilidades en los que se divide la inteligencia emocional:

+El autoconocimiento: el poder de la introspección; la conciencia de uno mismo y de qué sentimos en cada momento. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: VÍA DIRECTA AL AUTOCONOCIMIENTO  (PARTE 2/6)]

+El autocontrol: el control de las propias emociones, aquello que nos permite “no perder los papeles” [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: EL AUTOCONTROL Y LA PEDAGOGÍA DE “EL DIRECTO” (PARTE 3/6)]

+La automotivación: el estado que nos ayuda a desplegar de forma alineada todo nuestro potencial cognitivo y emocional hacia una perspectiva general o una meta determinada. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)]

+La empatía: la capacidad de percibir y sentir las emociones y experiencias subjetivas que otros atraviesan, permitiéndonos interactuar eficientemente con ellos. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA EMPATÍA Y LA DIRECCIÓN MUSICAL (PARTE 5/6)]

+Las habilidades sociales: las herramientas personales que desarrollamos para desenvolvernos en con éxito en contextos plurales. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LAS BANDAS DE MÚSICA Y LAS HABILIDADES SOCIALES (PARTE 6/6)]

Hablar de inteligencia emocional y hablar de música es, prácticamente, obligatorio. Dentro del estudio y, sobre todo, la práctica del bello arte de los sonidos, se encuentran infinidad de herramientas y manifestaciones del desarrollo de este tipo de inteligencia en las personas que lo practican.

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Por ejemplo, la música nos brinda la necesidad de ser conscientes de nuestras propias emociones para poder trasmitirlas o, incluso, de generarlas artificialmente (autoconocimiento). Por otro lado, me entenderán perfectamente cuando les hablo todos aquellos que se han visto invadidos por los nervios y la ansiedad ante una interpretación en público, y más aún si era en solitario o comprometida (autocontrol).
Otras veces, la música te hace sentir que eres capaz de conseguir todo lo que te propones y a saborear el dulce sabor del trabajo bien hecho tras un gran esfuerzo, tanto de forma individual como en colectiva (automotivación). El 90% de la información emocional que transmitimos y absorbemos no está verbalizada, es decir, no se necesitan las palabras para conectar emocionalmente a dos individuos, porque, a veces, la interpretación de una melodía es más que suficiente (empatía). Si algo caracteriza a la música como arte es su carácter social, ya que nos hace viajar, trabajar, conocer e interactuar con gente muy diversa y permitiéndonos desarrollar múltiples y valiosas herramientas para desenvolvernos con éxito este mundo que nos ha tocado vivir (habilidades sociales).

“INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA” es un conjunto de seis artículos que invita a adentrarse de forma teórica y práctica en el mundo de la inteligencia emocional y todo lo que la música tiene que decir sobre ésta, y viceversa.

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