EN SANTA CECILIA… ¡ME VOY PA’ EL PUEBLO!

Actualmente, España es, en general, un referente internacional e indiscutible exportador de músicos y, especialmente, de aquellos que dominan un instrumento de viento. Todo esto no es casualidad, sino que es fruto de una extensa y profunda tradición musical bandística. Gracias a, en parte, esta dilatada y arraigada red de bandas de música populares (algunas de ellas prácticamente semi-profesionales), la gran mayoría de los músicos que hoy triunfan dentro y fuera de nuestras fronteras tuvieron acceso a una serie de aprendizajes y experiencias (tanto musicales como no musicales) que les ha aportado parte de los pilares personales y, obviamente, musicales que han impulsado su éxito.

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El vínculo que une a los integrantes de este tipo de agrupaciones va transformándose según los músicos van evolucionando.

La mayoría de los músicos que, en algún momento, decidieron convertir sus estudios artísticos en algo formal, se han visto obligados a trasladarse desde sus poblaciones natales hasta el conservatorio profesional de turno más cercano. Allí, te encuentras con músicos de otros lugares que, por norma general y salvo excepciones, cada uno de ellos pertenece a alguna banda de música o agrupación distinta. Es en ese preciso momento donde suele potenciarse el sentimiento de pertenencia social que tan presente está en los seres humanos. Otros tienen sus bandas, pero tú tienes la tuya, y te gusta con sus virtudes y defectos.

Según va pasando el tiempo, tu nivel musical va aumentando, y con él tu protagonismo e importancia en esta agrupación, incluso, empiezas a ser un referente para otros que puedan seguir tus pasos en esta andadura musical. Te sientes valorado y eso te une aún más.

 

Algunos, por unos motivos u otros, cesan su andadura académica en el mundo de la música antes de dar el paso hacia la profesionalización, otros, deciden convertirse en músicos profesionales asumiendo lo que ello conlleva; viajes, conciertos sin parar, cientos de “tengo que estudiar”, decenas de “mañana tengo audición” y, por supuesto, innumerables veces en las que una actuación o compromiso te coincida con alguna otra de tu banda. Es ahí, en el esfuerzo y sacrificio ejercido en los momentos difíciles, donde se pone verdaderamente a prueba el sentimiento de pertenencia a la banda que te ha visto crecer y gracias a la que, incluso, has podido a llegar a disfrutar de tus primeras oportunidades profesionales.

La vida avanza, y con ella tu andadura musical. Si todo te va bien, cada vez te sientes más obligado, muy a tu pesar, a desligarte de la actividad regular de tu banda de música, aquella de la que, cuando tenías 16 años, no te perdías ni un solo ensayo y/o actuación. Asimismo, realizas esfuerzos para, siempre que puedes, apoyar, musical y moralmente, a aquellos que llegas a considerar parte de tu familia.

Dentro de este contexto, una vez al año, llega una fecha muy señalada; Santa Cecilia. Cada 22 de noviembre, el calendario santoral católico marca la que es patrona de todos los músicos y, alrededor de estas fechas, tienen lugar innumerables conciertos, pasacalles, comidas, cenas y otro sinfín de tradiciones que cada banda va confeccionando a lo largo de su historia, fruto conglomerado de la imaginación de sus miembros.

El vínculo emocional que un músico profesional pueda tener con su banda, suele verse incrementado cuando se acerca esta época del año, ya que es inevitable pensar en todos esos “santa cecilias” del pasado, desde tu juventud hasta adultez, que te han ayudado a evaluar tanto tu evolución personal, como la de tu propia banda.

Cada año, músicos profesionales que ejercen a cientos o miles de kilómetros de sus localidades natales, sienten la necesidad de emprender largas tiradas de coche y/o viajes de avión para acompañar a los suyos en los actos y celebraciones programadas para estas semanas que atravesamos. En muchas ocasiones, dejando atrás otras oportunidades remuneradas o, como comúnmente llamamos los músicos, algún “bolo”, porque compartir cada año el concierto de Santa Cecilia con los tuyos, vale más que 50 o 100€ sentado al lado de otros, con suerte, conocidos. Asimismo, siempre se podrá dar el caso en el que, por razones de peso y muy a tu pesar, no se pueda estar ahí, dónde te gustaría. Ese es el típico día en el que tu cuerpo está en un sitio y tu cabeza en otro.

Las bandas celebran muchos conciertos por muy variopintos motivos, pero el de Santa Cecilia es el único llevado a cabo por el mero hecho de ser músico y de compartirlo rodeado de aquellas personas que te hay ayudado tanto a convertirte en uno de ellos. En el caso de los que alcanzamos la profesionalización musical, tenemos bastante que agradecer, por lo que qué menos que aportar nuestra propia presencia.

 

Banda Municipal de Música de La Guardia. Teatro de Rojas (Toledo). Enero de 2018

 

Por el camino, algunos músicos abandonan sus agrupaciones de origen por tan ásperos motivos como discusiones personales con alguno o parte de los otros miembros, incluso (con o sin motivo) con los propios directores de éstas (somos personas y esto suele ocurrir). También, suele darse el caso del desapego emocional; cuando, bien por dejadez o por el mero hecho de resultarte incómodo, dejas mermar el vínculo con aquella agrupación de la que tantas veces has vestido el uniforme en tu adolescencia. Creo que merece la pena, pero… allá cada uno.

En las bandas de música populares tiene lugar una magia social de la que solo llegas a ser consciente cuando eres partícipe activo de una. En mi caso personal, que desde hace más de cuatro años tengo la oportunidad de ser director de una, estoy pudiendo experimentar desde una perspectiva diferente todo este fenómeno, un fenómeno que, si te pones a analizarlo desde un punto de vista más filosófico, pedagógico o de la propia psicología social, llegas pronto a la conclusión de que tiene un valor incalculable.

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En este ámbito, siempre he apostado por la ejemplaridad (para mí la mejor metodología de pedagogía moral), aquella que me ha impulsado a no renunciar a mis raíces y que me da la esperanza de poder esperar lo mismo de aquellos que me siguen. La misma que muestra respeto por el mero hecho de estar ahí aunque tengas que dejar algo por el camino. Ejemplaridad que hace que aquello en lo que estás involucrado, y tanto a influido en ti, cobre valor, dándote la oportunidad de devolver parte de lo que tú de ella has obtenido.

En mi caso personal, llevo dando guerra por Santa Cecilia desde el año 2012 y, desde entonces, solo me he perdido esta festividad en una ocasión, obviamente, por motivos de fuerza mayor. Otros años, he tenido que hacer auténticos malabares para poder estar sentado en el momento que el director de mi banda marcaba el primer compás del concierto, y por no hablar de todos aquellos “bolos” que he rechazado gustosamente en estos años por estas fechas.

Nota de mi madre en el programa de mi primer concierto. Noviembre de 2002

Dicho fenómeno, no solo se da en el mes de noviembre, sino que se extiende durante todo el año siempre que la ocasión lo merece. Volviendo a mi propia experiencia como ejemplo para mí más cercano, intento estar ahí durante todo el año e, incluso, colaboro gustosamente en actuaciones que, si me llamasen para tocar de forma remunerada por otras vías, no iría, como, por ejemplo, hacer pasacalles a las 10 de la mañana un fin de semana en pueblos de 300 habitantes.

Este año, el 24 de noviembre tengo concierto como tubista con la banda que me ha visto crecer, la Banda Municipal de Música de Ocaña (Toledo), y el próximo 6 de diciembre, con la Banda Municipal de Música de La Guardia (Toledo), banda que yo, muy orgulloso, estoy viendo crecer. Ambas perspectivas, en su conjunto, me hacen de poner en juicio todo esto y ser consciente de la puesta el valor que todo esto merece, es por ello que siento la necesidad de plasmar este pensamiento/sentimiento.

Es bonito sentirse parte de algo en lo que eres valorado y sabes que aportas, es un sentimiento distinto que, algún día, me gustaría que otros futuros músicos llegasen a sentir. Por eso, entre otros motivos, los que valoramos esa sensación sabemos que, simplemente, hay que estar ahí. Eso es suficiente.

Banda Municipal de Ocaña. Certamen de Catarroja. Octubre de 2018

Sin más, brindo y felicito a todos esos músicos que durante este mes planifican sus viajes y agenda profesional para poder estar cerca de los suyos. También, les doy las gracias, porque sin estas pequeñas historias, y, a la vez, tan grandes, el mundillo de las bandas de música en España no sería lo que es, ya que detrás de estas agrupaciones se esconden virtudes humanas que no siempre abundan, pero son muy necesarias para seguir creyendo y teniendo esperanza en todo lo que la música tiene que continuar aportando a las futuras generaciones.

EN SANTA CECILIA, ME VOY PA’ EL PUEBLO ¡Viva Santa Cecilia!

 

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

 

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