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DECÁLOGO DEL LIDERAZGO EFICAZ PARA DIRECTORES DE BANDA DE MÚSICA

Como ya vimos en “BATUTAS 2.0: LOS 15 SUBPERFILES DE UN DIRECTOR MUSICAL”, dirigir una agrupación va mucho más allá de lo meramente musical.

En esta ocasión, vengo a acercaros la interesante temática del liderazgo y su influencia en el sector de las agrupaciones musicales, tanto desde la perspectiva teórica, observación y reflexión como desde la propia experiencia (pasiva y activa).

 

DIRIGIR VS LIDERAR

En este sector, el concepto de dirección puede que no sólo esté ligado a lo estrictamente artístico y musical, sino también a otras tareas no musicales más propias de la gestión o administración de equipos u organizaciones. De forma paralela a la labor como director musical, puede que se trabaje con juntas directivas de asociaciones sin ánimo de lucro, administraciones públicas o, con suerte, se estará asesorado por personal profesional de la gestión; siempre dispuesto y preparado para satisfacer las necesidades que surjan.

Por otro lado, el concepto de director también ha sido tradicionalmente relacionado con una figura de autoridad; alguien que ostenta un cargo en una organización con un reconocimiento oficial y basa su influencia interpersonal en directrices a terceros de los que espera obediencia. Dicha concepción, a menudo, ha sido ejercida por gran cantidad de músicos directores que, bien reproducen un modelo que aprendieron y utilizan como ejemplo, o bien se han ido transformando en lo profesional y lo personal hasta llegar a la comodidad que, si los de su entorno lo permiten, confiere la autoridad y la posición en la parte alta de la jerarquía.

Contrastando con las características que puede presentar el perfil de un director, encontramos las que definen a la figura del líder, alguien que, principalmente, se basa en guiar a otras personas, mostrarles el camino, aquél capaz de influir en su entorno sin necesidad del “ordeno y mando”.

Más allá de lo musical, las principales diferencias entre un director y un líder son:

                        DIRECTOR

LÍDER

Es competente y se centra en cumplir sus funciones correctamente.

No se conforma con cumplir; inspira e ilumina a los de su entorno.

Su autoridad dentro de una organización se basa en aspectos formales y oficiales.

Su autoridad en un entorno u organización no se basa en aspectos formales ni es obligatoriamente oficial.

Toma decisiones de forma estrictamente racional.

Toma decisiones de forma racional y emocional.

Es técnico y resuelve problemas siguiendo pautas tradicionales y estereotipadas.

Es original y resuelve problemas de forma creativa.

Verticalidad: actúa centrado en el ahora.

Horizontalidad: actúa y prevé pensando en el futuro.

En el trabajo son estrictamente profesionales.

En el trabajo son profesionales pero se abren y dejan conocer como personas.

Dirige y organiza.

Coordina y guía.

 

Aunque un director musical es, obviamente, mucho más que algunas de las características expuestas en la tabla anterior, se pueden captar factores esenciales que nos ayuden a determinar las diferencias entre uno basado en el modelo directivo y otro basado en el modelo de liderazgo. También, es cierto que se puede ser director y no tener liderazgo o, por lo contrario, poseer liderazgo en un entorno concreto en el que no se ostente ningún cargo directivo, aunque lo ideal es que en una misma persona recaigan y desarrolle ambos roles, pudiendo así ejercer con el mayor grado de satisfacción la función o cargo directivo encomendados; un auténtico líder.

 

Liderazgo y dirección no siempre recaen en la misma persona.

 

EL LIDERAZGO Y LA DIRECCIÓN MUSICAL

Llegados a este punto, y puestos a hablar del papel del liderazgo y su influencia dentro de la dirección musical, es muy importante discernir entre dos grandes grupos: los directores que ejercen en agrupaciones profesionales (compuestas por músicos que obtienen una remuneración que, a su vez, es su principal medio de vida) y los que dirigen agrupaciones no profesionales e independientemente del nivel musical que sus integrantes presenten.

Dentro de una agrupación profesional, llámalo orquesta, banda sinfónica, coro u otro tipo de conjunto, existe un denominador común y que no se puede obviar: el dinero, recompensa percibida por prestar servicios profesionales a dicha organización. En estos casos, se podría determinar que un director musical es aquél encargado de establecer un criterio artístico que aúne el trabajo y voluntad de todos los músicos que intervienen en una idea y/o producto musical, satisfaciendo, a su vez, las expectativas de las instituciones o empresas que lo gestionan y, cómo no, las exigencias del público.

Para desempeñar dicha labor, lo más importante es tener grandes dotes técnicas y teóricas en cuanto a la dirección musical, así como un gran criterio y experiencia artística. Tanto el factor social, como emocional, esenciales para ejercer un liderazgo efectivo y transformacional, son muy a tener en cuenta en un entorno laboral, pero en un ambiente estrictamente profesional, por su propia naturaleza, un director se puede permitir el lujo de imponer unas directrices más cercanas al modelo autoritario. En este caso, aunque los músicos intérpretes no vean en “el de la batuta” un líder al que seguir, creer y en el que confiar plenamente, bien como persona o como profesional, e independientemente de su grado de motivación, éstos salvarán muy dignamente sus papales por su propia reputación, amor propio y respeto a la música. Las partituras (digamos que) “sonarán” siempre que lo tengan que hacer y siempre estarán todos los músicos (empleados) detrás de su atril cuando se disponga de ellos. Sea como fuere, no es un tema en el que voy a profundizar porque nunca he dirigido una agrupación musical profesional.

En cambio, todo esto es muy, muy distinto cuando te subes a la tarima de una agrupación no profesional, en la que sus componentes lo son por mera pasión a practicar este arte, gobernando el desinterés económico (a veces hasta pagan). En estos casos, ejercer un liderazgo efectivo no es una opción para el director de la misma, sino una necesidad siempre y cuando se desee y quiera el más próspero futuro y buen funcionamiento, tanto para la agrupación como para sus propios integrantes.

En este contexto, aprovechando mi experiencia como director de banda, intérprete y colaborador bandas y orquestas profesionales, así como de otras muchas que no lo son, añadido a mi reciente interés e indagación en la temática del liderazgo, he redactado lo que he llamado: “Decálogo del liderazgo eficaz para directores de bandas de música”, haciendo referencia, de forma directa, a aquellas que no son profesionales.

 

DECÁLOGO DEL LIDERAZGO EFICAZ PARA DIRECTORES DE BANDA DE MÚSICA

 

1) Repite conmigo: “la banda no es del director”:

La banda es de lo músicos, un patrimonio social, cultural y educativo que, por lo contrario de los directores, no va y viene, perdura y se consolida en el tiempo gracias, principalmente, a sus músicos. Por ello, un director no puede permitir que el funcionamiento y supervivencia de las bandas recaiga exclusivamente sobre él y hay que trabajar para trasmitir el sentido de responsabilidad y pertenencia de los músicos a las mismas. No obstante, el director debe argumentar sus actos y decisiones; transmitir confianza, guiar a través de sus conocimientos y experiencia a los músicos, haciéndoles sentir que, el camino escogido en cada ocasión, es el correcto.

 

2) Exige y tolera a partes iguales:

Un director musical ha de ser una persona que exija la mejor versión, tanto de cada uno individualmente como del conjunto, intentando exprimir y sacar lo mejor de cada componente a base de motivación, espíritu de superación y compromiso colectivo. En contraste, también es imprescindible aprender a tolerar errores, tanto musicales como, por supuesto, personales.

 

3) Actualiza tus conocimientos y destrezas:

Para liderar hay que ser un referente ante aquellos que coordinas, por lo que es imprescindible ser ambicioso en cuanto a mantenerse actualizado y a la adquisición de nuevas destrezas y conocimientos, sobre todo musicales, pero es recomendable no cerrarse a otros campos. Si se espera y desea que los miembros evolucionen, es necesario que un líder evolucione con ellos de forma paralela y continuada.

 

4) Se creativo e innovador:

Proponer soluciones típicas para problemas tradicionales, a veces, no es una opción. Hay que intentar resolver los conflictos desde la creatividad, aunque sin obviar el peso de la experiencia. Además, no hay que dejarse llevar por la inercia cultural del sector, intentando realizar propuestas innovadoras y nuevos proyectos que den respuesta a necesidades surgidas en un entorno en constante cambio y evolución.

 

5) Se consciente de las prioridades a la hora de planificar y coordinar los ensayos y actuaciones:

Hay que tener en cuenta un principio muy necesario; por parte de los músicos, quiénes (recordemos) no reciben ninguna gratificación económica que les obligue a ello,  asistir a un ensayo o actuación es, principalmente, cuestión de prioridades: en el momento que los componentes tengan otra prioridad, llámalo familia, amigos, trabajo, ocio o descanso, puede que se desvinculen total o parcialmente de la agrupación. De tal forma, es muy importante intentar conseguir que, cada vez que la agrupación se reúna, los músicos no se arrepientan de haber invertido dicho tiempo en esa prioridad, de lo contrario, estarán más cerca de alejar la música de su lista de prioridades. Cada colectivo es distinto, compuesto, a su vez, por personas de perfiles muy heterogéneos, por lo que convertir cada ensayo o actuación en una prioridad es algo que sólo pueden conseguir aquellos que conozcan y sepan analizar cada entorno en concreto.

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6) Convierte la banda en una comunidad de aprendizaje:

Si por algo se caracterizan las bandas de música es por la diversidad de perfiles que en ella interactúan y la riqueza socio-cultural que ésta trae consigo. Ante todo, estas agrupaciones constituyen un gran patrimonio educativo en el que todos pueden tener algo que aprender y algo que enseñar, tanto en materias meramente musicales como en otras que no, y no se enseñan de forma explícita. Tanto absorber, como transmitir, son necesidades y ambiciones humanas que un buen líder musical tiene que intentar conectar entre los distintos miembros de un colectivo. Contemplar y participar en cómo se crea y consolida una comunidad artística de aprendizaje en el seno de la misma produce una inmensa satisfacción personal.

 

7) Los miembros, antes que músicos, son personas:

Un líder se preocupa en conocer quién hay detrás de cada instrumento, y no de forma fría y estratégica, sino porque realmente siente la necesidad de conectar con las personas con las que trabaja y coordina. La música no es algo meramente racional, las emociones y la conexión sensorial entre director y músicos es algo que hay que trabajar y conseguir. Tratando a los músicos como simples piezas técnicas e impersonales de un engranaje será muy difícil alcanzar de forma colectiva la parte más emocional y artística de la música, imprescindible para su disfrute y compresión real.

 

8) Delega, invita a participar y deja opinar:

Antes que un conjunto musical, una banda es una entidad social con su propia personalidad. Dicha personalidad, se construye desde la colectividad y no desde la unilateralidad (director), siendo necesario escuchar y tener en cuenta las opiniones de cada uno de los componentes, promoviendo la cultura de la participación y delegando responsabilidades en aquellos que deseen, voluntariamente, formar parte de una manera más activa.

 

9) Vigila la integridad personal y tus valores como medidores del liderazgo:

Un líder destaca por su empatía, sus capacidades para comunicar y transmitir, honestidad, tolerancia, gestión del estrés, es resolutivo en conflictos que puedan surgir, sabe identificar prioridades y toma decisiones de forma racional, emocional y desde el interés común. Ante todo, ha de destacar por su humildad, pero no desde el concepto generalizado de ésta, ya que puede dar a la confusión. Además, se deberá poner especial atención a un aspecto tan relevante como la inteligencia emocional.

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10) Ama y respeta la música y la cultura:

Cómo no, un buen líder musical destaca por ser un incondicional apasionado de este arte. A pesar de que reciba una remuneración por ello, disfruta con su trabajo más allá de una simple obligación contractual, transmitiendo la música y sus valores de una forma inagotable y siempre gozando al ver a los demás crecer a través de la misma. Entiende la música y el papel que juega en cada persona, poseyendo herramientas de todo tipo para ayudar a los demás a adentrarse y profundizar en la misma. Sabe que es un imprescindible embajador y agente cultural para la sociedad, pues, la práctica totalidad de las personas con las que trabaja, no tendrá contacto ni practicará, posiblemente, ninguna disciplina artística.

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Dirigir una banda u otra agrupación de similares características, puede ser muy gratificante y, a su vez, muy sacrificado. Entender, analizar y reflexionar sobre los principios del liderazgo adaptado a este sector puede hacernos mejorar, disfrutar y hacer mejor nuestro trabajo pero, sobre todo, puede ayudar a los que la integran a convertir su pertenencia, o paso por las mismas, en una gran oportunidad de aprendizaje y desarrollo personal, y no sólo en lo musical.

En algunas ocasiones, liderar puede contemplarse e identificarse como un acto estratégico, manipulador y repleto de frialdad organizativa, pero es todo lo contrario, puesto que el principal requisito para liderar es creer en la gente, confiar en ellos, desear lo mejor a nuestro entorno y, sin obviar lo racional, dejarnos guiar y mostrar el camino desde lo más desnudo de nuestra personalidad; nuestras emociones.

 

Para finalizar, me gustaría añadir unos párrafos que redacté hace unas semanas y al que titulé: “El liderazgo también suena”

“Hace ya unos cuantos años, cuando estaba inmerso íntegramente en el estudio de mi instrumento, solía colaborar como tubista en bandas y otras agrupaciones en las que se realizaban cursos de dirección. Entonces, ya escuchaba aquello de “la batuta suena” (o no) y yo sabía que eso era verdad, pues lo había experimentado, aunque de forma pasiva y como intérprete, en innumerables ocasiones y en distintas graduaciones.

Años más adelante, el destino me puso una batuta en la mano y empecé a interesarme de forma activa y en mayor profundidad por la dirección musical. Aunque me quede muchísimo (mucho) por aprender como director, ya entiendo y he experimentado a la perfección aquello de la “batuta suena” y que, como cualquier instrumento musical, requiere técnica, disciplina, constancia, humildad y pasión en su ejecución.

Si aquello de que la batuta, un “palo” más o menos largo, más o menos pesado, más o menos caro, oscura o clara, es capaz de sonar por sí misma, mucho más abstracto resulta pensar que cualidades y valores personales, humanos e intangibles como el liderazgo, la confianza, la complicidad, la amistad o la simple sinceridad de una mirada entre dos personas es capaz de influir en el sonido tanto, o más, como cualquier otro recurso técnico imprescindible.

Desde luego, son perspectivas que, única y exclusivamente, pueden aprenderse desde la experiencia, además, son de aquellas cosas que sólo pueden verse si realmente lo quieres ver y crees en ello.

Partiendo de esto, nunca dejaré de ser ambicioso y constante en mi formación musical, porque me encanta, porque es mi vida y así lo decidí, manteniéndome en dicha postura. No obstante, tampoco dejaré de cosechar mi desarrollo personal, mis valores, de esforzarme por entender a las personas y todo aquello que me rodea, no pararé de preguntarme cuál es mi hueco en el mundo y cómo puedo ayudar a otras personas a ser más felices con las herramientas que dispongo mientras que cosecho mi propio jardín, pues todo ello… también suena.”

 

Como en todo lo que suelo escribir, me gustaría contar con vuestra participación, opinión y crítica (constructiva, a ser posible). Dicho tema puede suscitar un debate muy enriquecedor en el que todo tipo de perspectivas y experiencias puede ayudar a que, muchos de los que nos dedicamos a este bello sector, tengamos más herramientas personales y profesionales con tal de seguir incrementando el valor de este gran patrimonio cultural, social y educativo que poseemos en España: las bandas de música.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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