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SIN ÁNIMO DE LUCRO: UN GRAN MOTOR DE DIFUSIÓN MUSICAL EN ESPAÑA.

Décadas atrás, mucho antes de que conservatorios profesionales y escuelas de música municipales integraran la excelente oferta educativa que en muchas ciudades españolas se disfruta en la actualidad, ya venía existiendo un gran tesoro cultural que difundía y democratizaba el acceso a la práctica música: las sociedades musicales.

Éstas, común y fiscalmente enmarcadas como asociaciones sin ánimo de lucro, han permitido que incontables personas de todo tipo condición económica y social hayan podido experimentar los beneficios de la práctica musical, asimismo, han organizado eventos y han puesto banda sonora a lugares y momentos que hubiesen sido insulsos sin la valiosa actividad y existencia de las mismas.

Detrás de esta gran labor, siempre se encuentran y recuerdan a innumerables músicos profesionales: instrumentistas, compositores y directores (o más bien “maestros”, tal y como tradicionalmente se suelen referir a éstos dentro del sector), pero existe una realidad paralela que, lejos de quitar el merecido mérito a aquellos que dedicaron (y dedican) su vida laboral a ello, no se suele sacar a la luz, no siendo otra que la de todo ese gran número de personas que, de forma altruista, invirtieron (e invierten) su tiempo, esfuerzo y, a veces, también sus propios recursos en el mantenimiento y buen funcionamiento de estas organizaciones socio-culturales.

 

HISTORIA DE UNA GRAN Y GRATUITA LABOR EN FAVOR DE LA MÚSICA.

Historia de un sacrificio. Esfuerzo, desde el punto de vista monetario, ya que los recursos empleados ni buscan, ni suelen encuentran, beneficios, e inversión, desde el punto de vista social, donde el desarrollo cultural y artístico del entorno, y el de todo aquel que interactúa con él, es el principal objetivo.

Una historia de auténticos héroes; héroes que luchan y se quiebran la cabeza constantemente para conseguir flexibilizar el acceso a la cultura musical en aquellos lugares donde la inversión pública está, a veces, imposibilitada o, simplemente, ciega o mal asesorada en cuanto al sector musical se refiere. Y todo ello capitaneado, en muchas ocasiones y confiriéndole un mayor mérito, por personas que desconocen el significado de la palabra “bemol” o el valor de las figuras musicales.

Asociaciones que, mediante fuentes de financiación puramente populares, tales como sorteos y rifas, comisiones de loterías, humildes patrocinios locales, actuaciones “remuneradas”, cuotas de socios y, con suerte, inversión y aportaciones públicas regulares, soportan los innumerables gastos que el correcto funcionamiento de una sociedad musical supone: adquisición y mantenimiento de instrumental, uniformidades, infraestructuras y amueblamiento, material didáctico, material de oficina, nóminas y seguros sociales del personal laboral, gastos de gestión y administración, gestión de patrimonio, gastos de transporte, además de otra larga lista de derramas necesarias para el buen funcionamiento de las mismas.

No dispongo de datos específicos (ni tampoco me he preocupado de buscarlos porque creo ciegamente en ello), pero en base a la experiencia, propia y ajena, y también a la mera contextualización intuitiva de los hechos, afirmaría que centenas de miles de personas, desde que este tipo de comunidades empezarán a proliferar por toda la geografía española allá hacia finales del siglo XIX, han disfrutado de una oportunidad e iniciación en el mundo de las bandas y su música. Dicho “mundillo” ha sido, a su vez,  uno de los grandes pilares y becarios de que España se haya convertido en uno de los países referentes en cuanto a calidad y cantidad de músicos exportados a todo el planeta.

[LECTURA RECOMENDADA]

¿ES UN PÁJARO, UN AVIÓN? ¡NO, ES UNA BANDA DE MÚSICA!

Auténticos héroes, y no precisamente profesionales de la música, sino del entusiasmo hacia ella y del ver cómo ésta hace crecer y unir a las personas. Juntas directivas, socios, padres, concejales, músicos aficionados y otros colaboradores que velan por obtener y administrar recursos, materiales y humanos, con el único fin de mantener y hacer crecer este tipo de organizaciones culturales. Compran y prestan desinteresadamente instrumentos, crean centros de formación económicamente deficitarios pero de un alto valor formativo, ofreciendo las tasas más asequibles posibles con tal de que el mayor número de personas pueda disfrutar de sus servicios y beneficios.

VOLUNTARIADO CON LETRA PEQUEÑA: RESPONSABILIDADES.

Pertenecer a la junta directiva de una asociación sin ánimo de lucro o ser representante voluntario de una entidad cultural no es, precisamente, un “camino de rosas” (a no ser que el correcto funcionamiento de la misma no sea tu preocupación u objetivo).

Estas organizaciones no lucrativas que buscan algún tipo de bien común, también conocidas como “ONG’s”, son, por encima de todo, empresas; empresas con responsabilidades administrativas y fiscales que gustosamente, aunque también algunas veces sin conocimiento real de causa, asumen los propios y voluntarios miembros directivos de las mismas.

Además de las responsabilidades fiscales y legales, existen otras que ni te llevan a la cárcel ni te multan por incumplirlas, y son las de velar por que todo el esfuerzo y sacrificio empleado por los anteriores al cargo no sea diezmado o caído en el olvido. El compromiso por defender lo que tantos años y sinergias ha costado crear y el cometido de seguir haciendo crecer y madurar aquello que desinteresadamente se ha asumido liderar.

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GESTIÓN: SE DEBEN Y SE PUEDEN HACER LAS COSAS BIEN (O MEJOR).

En los últimos años, se ha empezado a gestar una cultura de la buena gestión que, ni hace mucho ni en todos los sitios, no existía y disfrutaba el sector, es más, tradicionalmente parecía que estaba enemistado con la misma. Esto, en gran parte, ha sido impulsado por el surgimiento de gestores culturales y otros profesionales expertos, además de verse alentado por el miedo e inseguridad que se ha infundido mediante las inspecciones públicas en las que se han visto involucradas este tipo de asociaciones recientemente.

Sí, efectivamente, es muy difícil, pero no imposible. “Hacer las cosas bien”, abarcando el significado más pleno de la expresión, requiere técnica, trabajo, ilusión, creatividad, muchos correos electrónicos, “telefonazos” y, muy importante y ausente en muchas ocasiones: servicios de consultoría a profesionales de la cultura, el arte, la educación y su gestión.

El sector no lucrativo ya supone, y no es nada comparado con la realidad y cifras de las que podemos llegar a ser testigos en próximos años, una muy valiosa fuente de trabajo de calidad a tener en cuenta para el sector, suponiendo un gran motor económico y fuente de empleo para los miles de graduados en música que produce el amplio sistema de conservatorios, profesionales y superiores, de España.

[LECTURAS RECOMENDADAS]

LA DÉCADA ESPAÑOLA DE LOS SUPERHÉROES MUSICALES

MÚSICOS PROFESIONALES VS PROFESIONALIZARSE CON LA MÚSICA

Grandes músicos y docentes que, en la mayoría de los casos, están altamente preparados y repletos de ganas por transmitir  sus conocimientos y habilidades, así como los propios beneficios de la práctica de la música.

Ante la calidad que éstos pueden ofrecer y que, por otro lado, se está empezando a exigir indiscriminadamente por “exceso de oferta”, hay que corresponder, empezando por una remuneración adecuada y por unas dignas y legales condiciones para el empleo. Hay que exigir y ofrecer a partes iguales, si no, la balanza se desequilibra y alguien sale perdiendo, y este no es un juego de ganar o perder, sino el de construir un contexto y entorno donde se pretende que todos aquellos que se vean involucrados en él ganen y crezcan.

MUSICOS OSOS

INFINITAS GRACIAS.

A todas estas organizaciones se les debe exigir, sí, pues poseen la tarea de gestionar un patrimonio cultural, social y artístico de gran valor, pero, ante todo y por partida doble, se les debe agradecer, regularmente y más de lo que se suele acostumbrar, dicha desinteresada labor.

Directores laureados, reconocidos profesores y grandes artistas que surgen en estos nichos obtienen, merecidamente, su puesta en valor, pero no olivemos a cada miembro de esa junta directiva u otros voluntarios que trabajan gratis y, a menudo, con mucha más dedicación e ilusión que muchos profesionales, compaginando dicha labor y cargos con sus propias vidas personales y profesionales.

Gracias, tanto en mi nombre como en el de todo aquel que no supo cómo ni cuándo expresarlo, por permitir y luchar por la existencia de millares de bandas y escuelas de música, además de otras asociaciones promotoras de cualquier tipo de artes escénicas, que se esfuerzan por organizar eventos, espectáculos, conciertos y otras actividades que acercan la música y la cultura a la sociedad.

SIN ROSTRO

La música y músicos de España os deben mucho. Ahora toca aprender de los fallos y reforzar los aciertos, pues hay mucho que construir, mucho patrimonio que preservar y mucho trabajo que reconocer en esta historia de héroes sin capa ni antifaz; buenas personas que han ayudado (y ayudan) a que la música y la cultura hayan llegado (y lleguen) a rincones donde sólo en este formato, desinteresado y altruista, hubiese sido posible.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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“NO PUEDO, TENGO QUE ESTUDIAR”. EPIDEMIA EN LAS AULAS DE MÚSICA

(Un día cualquiera, en un aula de instrumento cualquiera y un profesor de música cualquiera con un alumno que acaba de entrar por la puerta. Supongamos que éste tiene entre diez y catorce años, por ejemplo)

Profesor: (Alegre y entregado) ¡Hola! ¿Qué tal todo? ¿Cómo fue la semana?

Alumno: (Tímido y cabizbajo) Bien…

Profesor: (Asiente decepcionadamente con la cabeza,  ya sabe lo que pasa, no es el primer ni último caso similar) ¿Seguro? ¿Qué tal te ha ido con el material que tenías que trabajar esta semana? (Pregunta intencionadamente)

Alumno: Es que… esta semana no he podido dedicarle tiempo porque TENÍA MUCHOS EXÁMENES Y MUCHO QUE ESTUDIAR.

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Está hipotética situación refleja el día a día de las escuelas de música y, posiblemente, en algo de menor medida, de los conservatorios elementales y profesionales. Con esto no quiero decir que todos los alumnos, todos los días, no estudien y/o practiquen los contenidos a trabajar en las clases, ni mucho menos, pero sí se puede decir que es algo bastante habitual y depende, en su práctica totalidad, de los rasgos actitudinales de los jóvenes, el (a veces) excesivo volumen de actividades, exigencias y responsabilidades a las que éstos son sometidos y, en su conjunto, cómo todo ello es  gestionado por los que pueden y deben velar por su educación y valores: padres, madres y profesores.

Partiré de un análisis previo del contexto, entorno y factores que intervienen e interactúan actualmente, y según mi perspectiva, en  la educación musical de los más jóvenes.

1) Infinidad de distracciones tecnológicas y digitales para los que empiezan a tener un acceso independiente a las mismas (más o menos, la edad planteada anteriormente), es decir, móviles, tabletas, portátiles y demás dispositivos habidos y por haber con sus respectivas aplicaciones, juegos y redes sociales. Los alumnos, a veces argumentan su continuo y excesivo uso como herramientas que necesitan para estudiar y formarse pero, en realidad, en muchas ocasiones, no le dan ese uso, sino única, exclusiva e íntegramente para el ocio (ocio que, a su vez, es muy susceptible de convertirse en adicción)

2) Cada caso es un mundo y depende mucho del entorno, pero, en muchas ocasiones, cuesta bastante que los jóvenes adquieran la necesidad y responsabilidad de esforzarse en conseguir buenos resultados, más allá de la ley del mínimo esfuerzo y por su propio bien.

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3) En contraste, y agravando la brecha respecto al punto anterior, también se suele dar la figura paternal de la exigencia máxima en cuanto a la excelencia académica se refiere. Los dieces a cualquier precio, dando igual cuánto pagar respecto a sacrificios, preferencias, gustos, pasiones y, por supuesto, “invitar” (por no utilizar otra palabra menos permisiva) a dejar a un lado todo lo que te aleje de ello, provocando la absorción de la plena “cultura de la funcionalidad”.

4) Los niños consumen y están expuestos a una cantidad de información abismalmente mayor respecto a las que generaciones anteriores disfrutaron, provocando que empiecen antes, y de una forma más variada y profunda, a configurar su sistema de valores y su forma de relacionarse estratégicamente con el entorno (las habilidades sociales). La tecnología y los medios digitales les proporcionan una ventana al mundo que debe de gestionarse y atender debidamente por aquellos sobre los que recae dicha responsabilidad.

5) Los jóvenes realizan multitud de clases y actividades extraescolares, ocupando todos sus ratos libres y, a veces, hasta los fines de semana. Éstas, a pesar de que pueden significar (y significan) una parte muy importante, prácticamente esencial, en las vidas y formación de los escolares, pueden llegar a ser muy intensas, agotadoras, ocuparles mucho tiempo o, incluso, traer consigo más responsabilidades de estudio y quehaceres semanales, como puede ser el caso de la música, necesitando una buena planificación y organización de las mismas si se quieren aprovechar como algo beneficioso y no como un lastre.

6) Las clases de música, fuera de la escolaridad,  pueden significar, tanto para alumnos como para padres y madres (aunque, a veces y tristemente,  hasta para los mismos profesores), desde una actividad primordial y esencial para la formación integral del individuo, hasta la última prioridad; aquel sitio donde van a entretenerse y a pasar el rato mientras “yo hago la compra y pago las multas”.

7) Supremacía absoluta y omnipotente de los estudios obligatorios frente a cualquier otra cosa en este mundo, olvidando que los títulos y la formación reglada no es exclusivamente lo necesario para desarrollarse con éxito personal y socialmente. Obviamente, es extremadamente importante, imprescindible, pero no debemos enfocarlo y abordarlo como algo exclusivo y excluyente, más bien, yo diría que preferente y compaginable.

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8) Un sistema escolar que exprime, agota y consume a los alumnos a deberes y tareas extras, que, muy frecuentemente, confunde la cantidad con la calidad de las actividades y les ocupa gran parte de su “tiempo libre” desde, en muchos casos, muy temprana edad. A todo ello, evidentemente, hay que sumarle las entre 5 y 7 horas que ya pasan dentro del recinto educativo a diario.

Teniendo en cuenta todos los factores anteriormente expuestos, pueden darse tres principales razones que lleven a un alumno a vivir el ejemplo expuesto en la cabeza del texto, a pronunciar las palabras mágicas: “no puedo/pude, tengo/he tenido que estudiar”.

 

1- ¿MIENTE Y MANIPULA? ¿SE ENGAÑA A SÍ MISMO?

Análisis:

El alumno no ha estudiado, y no porque no haya podido, sino porque no ha querido. Él, ya empieza a saber qué argumentos le pueden hacer eludirse de sus responsabilidades y, decir “tengo mucho que estudiar”, cree (y sabe) que le permitirá cosechar una justificación comúnmente aceptada y generalizada, tanto de cara a los profesores de música como para sus propios padres.

En otras ocasiones, los alumnos llegan hasta no asistir a las clases de música basándose en esta misma justificación, convirtiéndose en una práctica bastante habitual. Ellos saben que si emiten la fórmula secreta, los padres aprobarán muy gustosamente la falta aunque, incoscientemente, no les estén haciendo ningún favor.

Puede que a veces sientan la verdadera necesidad de sacrificar las clases extraescolares para sacar adelante sus tareas o exámenes, pero ese comodín no puede ser usado de una forma tan gratuita como se emplea en algunas ocasiones, y el papel de los educadores y padres es saber detectar y gestionar adecuadamente este tipo de situaciones.

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¿Qué hacer?

Es muy importante aprender a profundizar en cada caso, es decir, saber si realmente no ha dedicado nada de tiempo a las clases de música porque no ha querido o porque no ha podido, lo cual me parece, a priori, tan extraño como preocupante, porque no es para nada recomendable (ni común) que un niño con, por ejemplo, doce años, tenga que llegar a esa situación (de ello hablo en puntos posteriores)

En estos casos, no hay que recriminar al alumno sin más, hay que dialogar, tanto con él como con sus padres.

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Hay que permanecer cercano al alumno y hacerle entender la rotunda importancia que tiene la constancia, la perseverancia y la regularidad en el proceso de aprendizaje de los instrumentos y habilidades musicales. Hacerle ver que no existe otra manera de conseguir lo que, supuestamente, ha ido a aprender a las clases de música.

Algunas veces, el problema es que al joven no le gusta nada lo que hace en las clases de música; no está motivado, no le encuentra sentido, se aburre y distrae constantemente, etcétera. De esta forma, obviamente no va a esforzarse. Le puedes obligar, castigar, suspender y amenazar, pero lo único que conseguirás es, en un periodo muy corto de tiempo, tener un alumno menos y, probablemente, que acabe odiando la música.

[INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)]

Es difícil, nadie dijo jamás que fuera de otra forma, pero hay muchas formas de hacer vivir la música como algo positivo y que merezca la pena a un alumno de estas edades. Hay que esforzarse, conocerle más, buscar alternativas y experimentar con todo tipo de actividades y herramientas, no siendo necesario renunciar a los contenidos y materiales que se quieran trabajar (programación), simplemente, hay que encontrar otros caminos de llegar hasta ese punto en el que el alumno está motivado, le guste lo que hace, lo entienda, lo vea accesible y esté dispuesto a organizarse mejor y sacrificarse para seguir adelante.

El contacto con los padres, en general, es importante, pero en estos casos es imprescindible. Ellos son los cómplices directos del proceso de aprendizaje, pues si un alumno te argumenta con frecuencia que no ha podido estudiar, lo deben saber y se debe de investigar si eso ha sido cierto o no (muy importante), guiarles en cómo ayudar a sus hijos en lo que a la educación musical respecta, hacerles ver y sentir el valor real que tiene para los jóvenes el verse involucrados en introducir la música en sus vidas, etcétera.

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Lo más importante, desde mi punto de vista, es el demostrarles que puede que los niños utilicen estratégicamente el “no puedo, tengo que estudiar”, para evitar sacrificios y evadir responsabilidades. Ese es un comodín que hay que gastar cuando sea estrictamente necesario y no de una forma tan gratuita como muchos de los alumnos de hoy en día hay aprendido a usar, pues saben que “haciéndose los responsables” (en el plano académico) conseguirán todo lo propuesto y el favor y admiración de sus progenitores y profesores.

 

2- SOBRECARGA DE ACTIVIDADES

Análisis:

Colegio/instituto, catequesis, música, baile, inglés, patinaje, clases de apoyo, fútbol, pintura, artes marciales, comparsas, campamentos… Éstas, y además de otro sinfín de actividades, suelen ser frecuentadas semanalmente los escolares. De toda esta muy resumida lista, los jóvenes suelen combinar tres o más actividades, ocupándoles algunas de ellas varias horas en días distintos.

Son niños, es decir, ciertamente envidiosos e impulsivos; si un amigo se apunta a “lo que sea”, ellos se quieren apuntar, y si ofertan una actividad nueva en las extraescolares a su alcance, ellos quieren ser los primeros en experimentar.

Son terremotos, pueden con todo, rebosan energía, pero tienen un límite y, si lo sobrepasan, ya puede ser tarde. Hay que ser conscientes y tomar las medidas y decisiones oportunas.

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A todo ello, y como ya he indicado en el análisis previo, hay que sumarle la abismal carga lectiva de deberes y tareas para casa que, día a día, acumulan y linchan a los alumnos de cualquier nivel. Este problema es un tema que está en plena vanguardia de debate, recibiendo y sumando opiniones, enfrentamientos y críticas por parte de todo el colectivo de docentes, instituciones educativas y asociaciones de padres y madres de alumnos del país.

¿Qué hacer?

Los padres deben de saber y ser conscientes de las inquietudes y capacidades de sus propios hijos, guiándoles respecto a ello.  Ellos siempre van a querer lo mejor para ellos, pero también deben de pedir consejo y asesoramiento a los profesionales de la educación, y el profesor, en consecuencia, responder.

POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.

El hecho de realizar muchas actividades extraescolares puede que les consuma poco a poco, o que no lleguen a beneficiarse de alguna de ellas todo lo que podrían, como es en el caso de la música.

La música, el colegio/instituto y otras tres o cuatro actividades extraescolares más, no siempre son compaginables y hay que tomar decisiones: hay que priorizar y optimizar. Se puede dar el caso de que haya “niños superhéroes” que saquen satisfactoriamente adelante cualquier actividad en la que se vean involucrados, por muchas y distintas que se les echen encima, pero eso tiene un límite, y algún día se pueden llegar a estresar o derrumbar moralmente ante esa presión. El vaso se va llenando hasta que no entra ni una sola gota más.

Yo que les voy a decir, y si no lean cualquiera de los contenidos existentes en este blog, pero, en caso de tomar decisiones y prioridades, yo les animo a que sea la música una de esas actividades elegidas y prioritarias.

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Al contrario que otras actividades extraescolares, la música requiere un tiempo de estudio y dedicación fuera del tiempo de clase. Si ni los alumnos ni los padres están dispuestos a ser constantes y perseverantes, es mejor que lo dejen, porque lo único que van a conseguir es frustración: primero ante la evolución de otros alumnos y la correspondiente e inevitable comparación que entre ellos se suele dar y, segundo, con el propio no desarrollo de sus habilidades y conocimientos musicales, pues éstos necesitan sentir ciertos avances para sentirse continuamente motivados.

LA MÚSICA Y EL BAMBÚ JAPONÉS: NO APTOS PARA IMPACIENTES

 

3- MALA GESTIÓN DEL TIEMPO.

Análisis:

En el tercer caso, los alumnos presentan las capacidades necesarias y abarcan un número de actividades bastante asumibles y compaginables, pero lo que les falta es saber (y querer hacerlo) el cómo gestionar las clases, el estudio, el ocio y las propias inquietudes y aficiones que vayan adquiriendo por el camino.

Van sacando todo adelante, con altos y bajo en su motivación y rendimiento, pero se van salvando de todo con resultados no superiores al notable (con algún desliz) y no ciertamente irregulares.

Algunos de éstos se esfuerzan, pero no gestionan bien su tiempo y sus quehaceres. Empiezan a tener una cierta libertad en cuanto al estudio y al ocio, pero no siempre responden bien ante la responsabilidad que esto supone.

A ciertas edades ya poseen acceso ilimitado a tecnologías y medios digitales como móviles, tabletas, ordenadores, videoconsolas o redes sociales. Como bien sabemos todos, pueden suponer un vertedero de tiempo desorbitado para los que aún no hayan desarrollado las competencias de cómo gestionar el tiempo que dedicamos a cada cosa respecto a lo que ésta nos aporte. Si incluso para los más adultos, y, supuestamente, más maduros y responsables, ya es un gran reto al que nos enfrentamos cada día, imagínense para un joven de entre once y catorce años. (No hay nada más que ver la tremenda adicción que los chicos y chicas de esta franja de edad empiezan a tener con los teléfonos móviles).

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Todo ello, puede provocar que, a lo largo de una semana, no hayan tenido (o querido sacar) tiempo para dedicárselo a algo más allá que a lo estrictamente necesario, como puede ser sacar un suficiente en lo que sea, pues lo importante para muchos de éstos es aprobar y no repetir: ley del mínimo esfuerzo y la vida sigue.

En estos casos, cuando atraviesan la puerta del aula de música y dicen el famoso “no he podido, tenía mucho que estudiar”, en realidad se refieran a “no he estudiado nada porque el poco tiempo que he invertido en esforzarme en algo, lo he dedicado a estudiar para aprobar algún examen en el que espero sacar un cinco (y lo celebraré) para no suspender, no tener que repetir, que no me castiguen y poder seguir haciendo lo mismo que, por otro lado, me está yendo más o menos bien”.

Éste es un claro ejemplo de falta de ambiciones, sueños, afán por hacer las cosas bien, respeto por aprender y, a menudo, estaríamos hablando de jóvenes que pasan horas incontables al frente de televisiones, ordenadores, móviles y consolas o, por otro lado, el otro perfil de alumnos, aquéllos que empiezan a pasar horas y horas (muchas) en la calle, y a saber haciendo el qué.

En otras ocasiones no es cuestión de pérdida de tiempo, o de mala gestión vista desde el pasotismo, sino del mal uso, o uso descompensado, de lo más preciado que tenemos: las horas y los minutos, algo que debemos de aprender desde muy pequeños.

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No siempre el esfuerzo realizado y el resultado obtenido son recíprocos. A lo mejor, se esfuerzan pero no cosechan lo que deberían o les gustaría; ineficiencia de estudio, invierten tiempo de más en cosas que no lo requieren, sufren inseguridades que les hacen pensar que no rinden lo suficiente, o miedos en general entre otras causas.

¿Qué hacer?

Para el primer caso expuesto, para los pasotas, en primer lugar es muy importante hablar con ellos seriamente: hacerles ver la importancia que tiene la perseverancia en la práctica de la música, invitarles a que hagan una autocrítica del uso que hacen de las tecnologías, sentirles ver si desean y quieren seguir aprendiendo música, así como todos los beneficios que ésta les puede aportar en sus vidas (aquí es muy importante el papel motivador del docente como guía), además, se puede aprovechar para realizar una importante enseñanza y ejemplificación de valores personales.

LA HUMILDAD COMO VALOR TRANSVERSAL EN LA MÚSICA

En el segundo, el de los quiero y no puedo (supuestamente, y aunque eso dicen muchos, pero mienten) hay que ayudarles a saber cómo gestionar el estudio de las tareas musicales en épocas o momentos más complicados y de estrés y agobio. Para ello, se pueden realizar cuadrantes de estudio semanal, aprender a organizarse las tardes haciendo listas de actividades y responsabilidades y, sobre todo, enseñarles a cómo usar la música como momento de distensión, relajación y evasión de otras tareas más estresantes como por ejemplo, dedicarle unos minutos a tocar en el descanso del estudio preparatorio de un examen con un duro temario.

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Evidentemente, hay que aliarse con los padres: hablar con ellos de los posibles problemas que pueda presentar su hijo, ofrecerles asesoramiento y consejo desde la experiencia, informales de cómo y por qué deben ayudar a su hijo a que siga su camino en el aprendizaje de la música , guiarles a cómo no desvincular las actividades de música de sus responsabilidades académicas y, por encima de todo, llegar a conseguir que confíen en ti, el profesor de música, como una pieza clave e indispensable en la educación integral de sus hijos.

 

CONCLUSIÓN

Probablemente, piensen que dicho análisis es demasiado profundo y tremendista para un hecho tan insignificante como a algunos le puede parecer la situación supuesta, pero, en realidad, es una inmejorable situación para hacer pedagogía de la experiencia, pudiendo hacer crecer y aflorar excelentes valores de los cuales, por supuesto, se verá beneficiado más allá de la música y a lo largo de toda su vida.

Por otro lado, puede que en un principio, y sobre todo para los menos experimentados, de respeto el meterse en cómo una familia debe gestionar la formación y educación de sus hijos, pero yo opino que hay que dejarse aconsejar por aquellos que se dedican a trabajar con ellos, con los que tratan día a día a cientos, ya que para algo son profesionales de la educación.

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No son nuestros hijos, pero también queremos lo mejor para ellos, y hablo en plural, porque mi incluyo plenamente. Trabajan con múltiples de casos, perfiles e individuos distintos y similares a la vez, teniendo una perspectiva global del sector y de las materias primas, lo cual ayuda a detectar los posibles problemas con efectividad y a plantear diversas y ya experimentadas formas de cómo solucionarlo.

En cambio, si se ignora, comprende y/o cede, no estamos haciendo, para nada, un favor al alumno, ni a su familia, ni a la educación musical.

Todo sea por una mejora de la calidad y valor de la enseñanza musical en escuelas de música y conservatorios elementales y profesionales, concienciación de profesores, padres, madres, instituciones y alumnos, y de que nuestra labor pueda alcanzar la magnitud que puede, debe y merece.

 

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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(Si va a leer este artículo, aconsejo que lo haga de forma íntegra o, de lo contrario, podrá dar pie a una comprensión incompleta de lo que se intenta expresar y dar a entender)

Seguramente, todos nosotros y no en menos de una ocasión, hemos participado o presenciado  algún tipo de manifestación cultural, artística o religiosa que, visto desde una perspectiva cultural ajena, pueda ser considerado como algo peyorativo, irrespetuoso, ilógico, inmoral o, simplemente, no compartamos bajo ningún concepto por su falta de valor pero, aun así, lo toleramos (o no) en base a una contextualización simbólica y cultural.

etnomusicaEn las disciplinas artísticas, tanto practicadas de forma amateur, como en su ejercicio profesional (sobre todo) y por su propia naturaleza, existe una inclinación propensa a vivir experiencias que nos obliguen a emitir juicios de valoración personal, así como a poner en marcha la maquinaria de la toma de decisiones respecto a esos dictámenes.

Desde el punto de vista de la colectividad, es muy común que desde temprana edad aquellas personas pertenecientes, por ejemplo, a una compañía de teatro, banda de música, charanga o grupo de arte folklórico, viajen cerca, lejos o muy lejos, para compartir o regalar su trabajo a otras tierras distintas a la de origen. Asimismo y desde una perspectiva individual, el grado de intensidad de la inmersión cultural puede llegar a ser abismalmente mayor, ya que bien por las características técnicas y/o como por los conocimientos de un artista, éste puede ser requerido e invitado para colaborar “codo con codo” en un proyecto artístico muy “peculiar” (desde tu juicio cultural personal)  o en el que no tengas absolutamente nada en común con los demás participantes ni el público.

Por todo esto y explicado con “brocha gorda” debido a su tamaña complejidad, aquellas personas que dedican altruista o profesionalmente su tiempo a proyectos artísticos están más expuestas a desarrollar un mayor grado de consciencia respecto a lo que la filosofía y la antropología denominan “relativismo cultural”.

¿QUÉ ES EL RELATIVISMO CULTURAL?

El relativismo cultural es una perspectiva de análisis o punto de vista sobre unos hechos concretos o globales que tienen lugar en el mundo respecto a un sistema cultural determinado. Existen múltiples teorías, subdisciplinas y acepciones al respecto, pero todas ellas tienen un mínimo común divisor; el rechazo de las teorías etnocentristas y de todas aquellas tendentes a la universalización, es decir, pensar que nuestro sistema cultural es el idóneo, existiendo motivos y razones para realizar comparaciones y análisis en base a elementos comunes y semejantes entre sí.

Por otro lado, nos orienta a desviar los pensamientos respecto a la referencia de que nuestra cultura es mejor por sus ideas, costumbres, valores, mecanismos sociales, etcétera. chinos-tocandoTambién nos alerta de que, a pesar de sentirnos especiales y únicos, simplemente hemos sido productos de un proceso de enculturización, a través del cual hemos sido socialmente instruidos para sobrevivir, adaptarnos de la mejor manera posible y ayudar a hacer prevalecer dicho sistema en el que nos ha tocado vivir.  Además, sostiene que, a pesar de que los seres humanos presentamos predisposiciones genéticas y psicológicas comunes en lo que concierne a la consciencia y a la estructura ética, la última palabra la tiene el sistema o código moral prevaleciente en un lugar y momento concreto, siendo y funcionando de manera muy distinta en la práctica totalidad de las diferentes culturas que cohabitan en este planeta.

Realmente, profundizar de forma teórica en la corriente del relativismo cultural es una ardua y áspera tarea, pues al final, todas las propuestas y discusiones acaban en complejísimos temáticas que ahora no abordaremos como pueden ser la globalización, la Declaración Universal de los Derechos Humanos o las distintas teorías evolucionistas, ya que el tema que ahora me preocupa y quiero resaltar no pasa por intentar resolver en unas líneas una de los más complejas temáticas, trayendo verdaderos quebraderos de cabeza a los más brillantes humanistas académicos de las últimas décadas.

Por encima del marco teórico y en base a esta breve introducción, la esencia que, desde mi punto de vista, tiene más valor sobre esta perspectiva es el aprender a valorar y a apreciar que lo distinto no es ni superior ni inferior, sólo es distinto y, “a priori” y contextualizando continuamente, deberíamos tomarlo como tal y hacer acopio del famoso “beneficio de la causalidad”. Con esto que acabo de decir, no estoy excluyendo la posibilidad de que algo culturalmente propio no pueda ser más o menos bueno/malo, debido/indebido o valioso, casos en los que la responsabilidad de juzgar recae sobre cada individuo en última instancia, sino que dicha valoración no debe de ser emitida por el simple hecho de que algo sea producto de nuestra cultura mater,  o eso es lo que sustentan las distintas teorías relativistas como enraizado factor.

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¿QUÉ INFLUENCIA TIENE LA PARTICIPACIÓN EN ACTIVIDADES ARTÍSTICAS SOBRE EL DESARROLLO DEL REALATIVISMO CULTURAL? ¿CÓMO AFECTA A LOS ARTISTAS?

Como ya se ha comentado anteriormente en este artículo, la participación en actividades artísticas, o más aún, si conviertes alguna de las distintas existentes en tu profesión y forma de vida, te hace de exponerte a una serie de experiencias de contacto o inmersión cultural que, en el caso de no practicarlas, nunca llegaríamos a vivenciar.

Para poder entenderlo mejor y realizar una más correcta acotación, voy a dividir mi propuesta sobre el relativismo cultural en dos grandes subniveles:

                -Perspectiva cultural intranacional: Ésta es seguramente a la que antes tenemos o hemos tenido acceso debido a su mayor accesibilidad. Empieza a desarrollarse en el momento que empezamos a tomar contacto con otros practicantes de la cultura, procedentes de distintos pueblos, ciudades o comunidades autónomas, cercanas o muy lejanas, pero todos ellos portadores y representantes de un código de barras muy personalizado llamado “cultura”. Un ejemplo muy claro es el que se produce cuando ingresas (normalmente a temprana edad) en algún centro artístico provincial o nacional y comienzas a tener contacto con estudiantes de distintos rincones o, por otro lado y desde la experiencia personal, cuando te vas a tocar en procesiones una Semana Santa completa en Andalucía con una banda andaluza (y siendo de Toledo), aunque estoy seguro que a cada uno de los lectores se le ocurre un ejemplo distinto en primera persona.

                -Perspectiva cultural internacional: Por suerte y aunque es menos fácil acceder a este subnivel que al anteriormente propuesto, cada vez una mayor número de personas disfrutan de sus beneficios. mundomusicaÉste se desarrolla bien cuando accedemos a alguna experiencia de inmersión cultural en un país extranjero, o bien cuando participamos/trabajamos en proyectos o actividades con personas de una nacionalidad distinta a la nuestra, aunque sea “en casa”. En este apartado es importante hacer hincapié en que, dentro de la pluralidad cultural internacional, es muy distinto el tener contacto con otras culturas occidentales (u occidentalizadas) que el tenerlo con otras que no lo son, pues la ruptura y choque de pensamiento son mucho más contrastantes, ayudándonos a sacar conclusiones mucho más profundas y contribuyendo a un mayor afloramiento del relativismo cultural, tanto sobre temas directamente relacionados con el arte como otros transversales y paralelos.

A pesar de que las disciplinas artísticas puedan premiarnos (por su propia naturaleza social e intercultural), con estar expuestos a este tipo de experiencias (entre otras muchas cosas), no es algo exclusivo ni excluyente, teniendo todos también acceso a otras actividades no artísticas que nos pueden hacer desarrollar dichos beneficios, como puede ser cualquier tipo de actividad deportiva o la participación en proyectos de desarrollo, cooperación o voluntariado.

Desde mi punto de vista, el relativismo cultural en el desarrollo de los trabajos relacionados con las artes escénicas es necesario e inherente, es decir, es una característica indispensable para poder desenvolverte hábilmente en los distintos acometidos, proyectos, entornos o destinos donde te haga llegar tu actividad creativa o interpretativa, y sobre todo en el s. XXI. Asimismo, es inevitable que dicha exposición a otras perspectivas o formas de pensar no erosionen nuestro concepto de realidad y verdad, ya que la plasticidad cultural es una propiedad intrínsecamente humana, sirviéndonos como mecanismo de adaptación y supervivencia, así que, aunque nos resistamos marcará (en mayor o menor medida y dependiendo del individuo) nuestra capacidad de contextualización.

Hablar sobre el relativismo cultural siempre suscita múltiples controversias y opiniones muy contrastadas pero, por encima de todo y del estar a favor o en contra, es muy importante hablar de ello porque nos hace de tomar consciencia al respecto y fomenta el pensamiento crítico y analítico. Hoy en día y en el lugar en el que nos ha tocado vivir, causal o casualmente globalizado, es muy importante hablar, abordar y tomar consciencia respecto a estos parámetros que, aunque no se ven, está.

paz-chinaEstrechamente relacionado con el mundo de las artes y con todo lo anteriormente expuesto, se me viene a la cabeza una expresión que escuche hace años y viene muy al caso: “¿Tú quieres ser músico o quieres vivir en tu casa (o cerca)?” Si extrapolamos la palabra “músico” y la sustituimos por cualesquiera de las profesiones que le puedan ser semejantes, esta pregunta nos recuerda que si decidimos seguir por ese camino profesional, estamos condenados (o premiados) a una vida total o parcialmente nómada, con los correspondientes beneficios o inconvenientes y, por lo tanto a tener que hacer constante uso del relativismo cultural en todas y cada una de nuestros constantes juicios y decisiones.

EL RELATIVISMO NOS AYUDA A ENTENDER SIN NECESIDAD DE COMPARTIR Y DESPIERTA AL HUMANISTA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO. Y SIN NINGUNA DUDA, LA PRÁCTICA E INMERSIÓN EN PROYECTOS ARTÍSTICOS FOMENTAN SU DESARROLLO E INTERIORIZACIÓN.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: EL AUTOCONTROL Y LA PEDAGOGÍA DE “EL DIRECTO” (PARTE 3/6)

Teóricamente y considerado uno de los cinco elementos principales de la inteligencia emocional, el autocontrol es la capacidad que nos permite controlar los estados de ánimo que nos alteran, siendo necesario para ello y en primer lugar, ser conscientes de nuestras emociones, es decir, todo lo relacionado con la habilidad (ya abordada) del autoconocimiento. auto4Sentimientos como la ira, la rabia, el enfado, la preocupación y la tristeza provocan en nosotros alteraciones en nuestra conducta y nuestro estado de ánimo. Controlar todas estas emociones negativas constituye una ardua y constante tarea, de hecho y según los estudios de varios psicoanalistas*, todo lo que hacemos en nuestro tiempo libre, desde descansar hasta entretenernos de cualquier forma, son intentos de llegar a sentirnos mejor y alejarnos de aquello que nos perturba y nos aleja del bienestar emocional.

Enfadarse es normal, natural y normalmente viene dado por la interpretación o juicio que nosotros mismos hemos emitido sobre el hecho o acontecimiento que lo ha provocado. El enfado es considerado como la emoción negativa más seductora, ya que proporciona argumentos convincentes de “ajuste de cuentas”, nos hace sentir que dicha descarga está justificada y tiene un porqué racional.

Los estados de ira y de rabia se caracterizan por ser emociones de tristeza muy fuertes e intensos, tan intensos que la persona que lo experimenta se siente incapaz de perdonar y está cerrada a todo razonamiento. En estos casos se actúa sin considerar las posibles consecuencias de sus actos y pone en primer plano nuestro lado más primitivo, brutal y rudimentario en cuanto a lo conductual se refiere.

La catarsis, es decir, el hecho de dar rienda suelta a nuestro enfado, esta popularmente aceptado como un modo adecuado de despojarnos y controlar nuestra irritación, pero estudios específicos* demostraron que esto no es así, porque lejos de mitigar esa sensación de descontrol, la aumentan aunque, por otro lado, si es verdad que puede llegar a provocar sensaciones de placer. Realmente, la única forma de provocar un estado de enfriamiento del enfado es, alejarse del foco que está provocando dicha emoción acompañándolo, además, con pensamientos y realización de tareas que nos lo hagan pasar bien, distraernos, ya que es difícil estar enojado si otra cosa nos está haciendo sentir placer y bienestar en general.

 

 

Otra emoción, es la ansiedad, producida, a su vez, por un ciclo de preocupación que consiste, básicamente, en una anticipación ante los peligros que la vida pueda presentarnos y la búsqueda de soluciones positivas para evitarlos y combatirlos. La falta de autocontrol sobre el ciclo de la preocupación puede producir que miedos, fobias u obsesiones protagonicen un secuestro emocional que, si se intensifica mucho, puede desembocar en auténticos ataques y desequilibrios nerviosos. Las preocupaciones suelen estar presentes en nosotros a través de los pensamientos, por ello, la solución más eficaz es alejar la mente de dichas preocupaciones, sustituirla por otros quehaceres y realizar ejercicios físicos que nos ayuden a relajarnos y a mantenernos lejos de aquello que nos perturba.

La tristeza es, posiblemente, el estado de ánimo más común y del que más gente quiere despojarse, lo que muchos no saben es que no deberíamos de evitar toda la tristeza, pues tiene sus facetas positivas. La tristeza es una emoción que va en nuestro código genético y nos ha ayudado siempre a evolucionar y a sobrevivir, ya que cuando, por ejemplo, sufrimos una experiencia muy negativa (como una gran pérdida) nos permite crear un refugio reflexivo pudiendo así ralentizar nuestro ritmo de vida y llevar a cabo los ajustes psicológicos pertinentes para adaptarnos a la nueva situación. En cambio, no debemos confundir la tristeza con la depresión, un estado de tristeza profunda permanente que, a grosso modo, nos quita las ganas de vivir y nos despoja de, prácticamente, todas las habilidades emocionales que poseemos.

 

INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (1996) DE D. GOLEMAN

 

En verdad, existen muchas actividades y técnicas para despojarnos de las malas sensaciones. Algunos de estos elevadores de ánimo pueden ser: el llanto, ya que ayuda a desahogarnos y a reducir la angustia, divagar e imaginarnos cosas agradables o soñadas, ejercicios físicos y técnicas de relajación en general, y, sobre todo, exponernos a alguna experiencia de entretenimiento que nos guste mucho como ver una película, escuchar música, leer, participar en eventos, etc… Nosotros no podemos decidir racionalmente no enfadarnos, lo que sí podemos hacer es tener herramientas para controlar estos estados y, sobre todo y lo más importante, desarrollar habilidades personales que eviten o mermen su aparición y/o intensidad.

 

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MÚSICA Y AUTOCONTROL

La interpretación musical en directo y los escenarios en general, por su propia naturaleza, nos hacen exponernos a situaciones de estrés y ansiedad, por ello, cada vez que realizamos una audición o concierto que vaya a requerir el cien por cien de nuestro nivel interpretativo y concentración, es una magnífica oportunidad para hablar de qué y cómo podemos hacer para que nuestro subconsciente emocional no nos arruine el trabajo previo, arrojándonos a vivir una experiencia, como mínimo, agria.

Para que resulte realmente eficaz y provechoso, es necesario realizar pedagogía de la experiencia que vivimos durante una audición. Para ello es necesario dividirlo en tres fases: la preparación, el directo y las conclusiones.

          +La preparación: En la fase previa, es importante imaginarse el futuro instante como algo, en general, bueno, agradable y provechoso. Es necesario interiorizarlo como una oportunidad para materializar el esfuerzo realizado; te has preparado para hacer música y lo vas a demostrar. Es muy aconsejable investigar distintas técnicas de controlar los nervios y la ansiedad como, por ejemplo, mantener la concentración racional en puntos concretos y estratégicos (el ritmo, la afinación, la musicalidad, etc…), evitando así que la mente empiece a generar pensamientos de miedo o preocupación. También es muy importante tener conocimiento y control sobre el ciclo del aire-respiración como técnica de relajación, pudiéndose realizar ejercicios previos específicos. No olvidemos que siempre podremos experimentar todo esto haciendo pre-audiciones privadas ante amigos y familiares, pues nos servirá de gran ayuda.

          +El directo: Ha llegado la hora de poner en práctica todo lo trabajado. Es muy importante tener una actitud proactiva, es decir, pensar que todo va a salir bien, está controlado y, ante todo, se va a disfrutar de la experiencia. ¡Suerte!

           +Conclusiones: Es hora de comparar y sacar conclusiones. ¿Qué sensaciones has vivido? ¿Sentías el control de tus movimientos y pensamientos? ¿Has logrado poner en práctica las técnicas trabajadas? ¿Esperabas este resultado? Y un largo etcétera de preguntas que nos tendremos que formular y responder si queremos que todo esto tenga repercusiones positivas en futuras ocasiones y, sobre todo, para nuestra inteligencia musical. Además, es muy recomendable extrapolar este tipo de procesos y experiencias con otras situaciones emocionalmente similares a las que nos podemos vernos expuestos en la vida, como puede ser una entrevista de trabajo o una fuerte discusión con alguien.

 

escenario

 

Tanto para docentes como para intérpretes profesionales o amateur, es muy aconsejable ser conscientes y activos divulgadores de estas prácticas, pues pueden mejorar la experiencia y así ayudar a usar todo aquello que las música nos brinda para el desarrollo íntegro del individuo. Espero que hayáis disfrutado y aprendido con este artículo que vincula y resalta el valor que surge al interrelacionar disciplinas como la inteligencia emocional, la pedagogía y la música.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa

*Los estudios científicos y sus protagonistas a los que se hace alusión en el presente texto están nombrados y detallados en el libro Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman.

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Como ya os avancé en la primera entrega de esta colección de entradas, sigo invitando a adentrarse en el mundo de la inteligencia emocional y el tremendo vínculo que guarda con la música (es imprescindible leer la primera entrada si no se poseen conocimientos específicos en la materia).

Una vez expuesto un marco y contextualizado teóricamente, vamos a abordar el tema desde una perspectiva más pragmática, la cual se puede experimentar y practicar activamente en el aula, tanto de forma directa como indirecta y de refuerzo para nuestras actividades cotidianas.

Como podremos recordar, los principales elementos de los que se compone la inteligencia emocional son: el autoconocimiento, el autocontrol, la automotivación, la empatía y las habilidades sociales.

 

EMOCIONES

 

SOBRE EL AUTOCONOCIMIENTO

La expresión que ya advertían las enseñanzas socráticas “conócete a ti mismo”, es decir darse cuenta de los propios sentimientos en el momento que éstos tengan lugar, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.  Reconocer nuestras emociones y el modo en el que afectan a nuestro comportamiento es muy valioso, pues nos permitirá manejar y expresar nuestros sentimientos de forma adecuada, siendo esto imprescindible para valor cuáles son nuestros principales puntos débiles y fuertes.

auto4Para que se dé este tipo de conciencia de uno mismo, lo emocional y lo cognitivo tienen que interactuar. A causa del propio funcionamiento natural del cerebro humano, en primer lugar se perciben y sienten las emociones y, en segundo lugar, se interpretan y comprenden. Cada ser humano es único en lo que a la autoconciencia emocional se refiere y ésta es imprescindible para establecer una relación sana con uno mismo y con el entorno que le rodea. Según el psicólogo John Mayer, todos somos conscientes de sentir y percibir emociones pero, después, diferencia entre tres estilos de personas en cuanto a la forma de atender y tratar con sus emociones:

     +Personas conscientes de sí mismas: éstos son conscientes,  reconocen y controlan sus estados de ánimo mientras los experimentan. En general gozan de una vida emocional más desarrollada; son autónomas, conscientes de sus propias fronteras, tienen una visión positiva de la vida en general y cuando caen en un estado de ánimo negativo no se obsesionan y, en consecuencia, no tardan en salir de él.

     +Personas atrapadas en sus emociones: a este grupo corresponden aquellos que son esclavos de sus emociones, sintiéndose desbordados por éstas y sin ser capaces de escapar de ellas. Generalmente, son menos conscientes de su vida emocional y, por ello, controlan menos su vida emocional, cayendo con más facilidad en estados de ánimo negativos.

     +Personas que aceptan resignadamente sus emociones: los pertenecientes a este grupo se caracterizan por ser plenamente conscientes de lo que sienten pero, en cambio, aceptan pasivamente sus estados de ánimo, ya que no se encuentran con capacidad para cambiarlos o modificarlos si éstos son malos. Son proclives a los estados de ánimo negativos y se suelen encontrar poco motivados.

 

INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (1996) DE D. GOLEMAN -IMPRESCINDIBLE-

 

MÚSICA: VÍA DIRECTA AL AUTOCONOCIMIENTO

Si de algo se tiene que hablar en las clases de música es, tristemente y a pesar de que no sea lo cotidiano, de emociones y sentimientos; cómo generarlos, transmitirlos, la importancia que tienen en las personas y, por supuesto, cómo gestionarlos a través de los sonidos.auto1 Cómo ya he advertido antes, la raíz del autoconocimiento es el ser conscientes de nuestras propias emociones, siendo esto, a su vez, un requisito imprescindible para realizar una interpretación musical de calidad, pues sin introspección emocional no es posible la expresión y, como de sobra está demostrado por la ciencia, es una de las actividades que más potencian cerebralmente la interacción entre nuestras habilidades emocionales y cognitivas.

Como ejemplo para practicar o desarrollar esta habilidad propongo la siguiente actividad:

         +Reunimos a dos o más alumnos en clase y les proponemos, como mínimo, tres sentimientos básicos o emociones como, por ejemplo, la alegría, la tristeza y el enfado/rabia. Seguidamente, cada alumno tendrá que elegir libremente un conjunto de sonidos (escalas, melodías inventadas, notas largas, improvisaciones, etc…) mediante el cual tendrá que transmitir a los demás a alumnos y al profesor cada una de las emociones propuestas para el ejercicio. Los alumnos irán saliendo de uno en uno al frente de los demás y, sin avisar previamente la emoción que interpretará, tocará cada una de las propuestas expresivas que ha pensado. A continuación, tanto el propio intérprete como los oyentes tendrán que adivinar (por escrito) cuál de los sentimientos propuestos ha ejecutado y, además, calificará del 1 a 5 el grado de intensidad con el que percibido el mensaje musical. El intérprete, que únicamente podrá disponer de un solo intento y también se autocalificará, podrá comparar al finalizar lo que ha intentado trasmitir y lo que a los demás realmente les llegó, lo que viene a ser un proceso de “feedback emocional”. En esta actividad pueden participar alumnos de cualquier nivel, incluido el profesor como intérprete activo, siendo aconsejable adaptar la dificultad de los contenidos emocionales al nivel de los participantes.

Si has leído el artículo y te atreves a dar rienda suelta a tu creatividad pedagógica y musical, te animo a que comentes este artículo y propongas una actividad musical a través de la cual podamos ejercitar el autoconocimiento, tanto personalmente como en el aula. ¡Anímense! Juntos podemos crear una gran cartera de recursos.

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Desde un estricto punto de vista etimológico, la palabra inteligencia proviene del latín intellegere, término compuesto de inter ‘entre’ y legere ‘leer, escoger’, y hace referencia a la mejor elección para resolver una cuestión o problema. Desde el punto de vista puramente semántico, el concepto de “inteligencia” posee un gran abanico de acepciones y perspectivas dependientes de los entornos culturales, abordando “cultura” desde su significado más antropológico y no desde el artístico-humanista.

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Dentro del pensamiento occidental y siguiendo la línea de las disciplinas e investigaciones que han surgido respecto al estudio de inteligencia, podemos asegurar que, desde principios de siglo XX, casi todos los estudios y definiciones sobre la inteligencia han estado ligados al cálculo y desarrollo del cociente intelectual (CI).

Según nos íbamos acercando hacia finales de siglo, diversos investigadores ya empezaron a advertir respecto a la importancia del uso y control de las emociones como mecanismo imprescindible para obtener éxito; conectar con la gente, saber desenvolverse socialmente, conocerse a sí mismo, etcétera.

“Inteligencia Emocional” (1996), el best-seller mundial del periodista científico Daniel Goleman, recopiló y definió exitosamente diversos contenidos, anécdotas y teorías al respecto, aunque, a pesar del protagonismo que acapara, no fue él el primero en usar el término que puso título a su exitoso libro. Resumidamente, Goleman quiso insinuar y demostrar que el cociente intelectual no era más importante que aquello que conocemos como “carácter”, es decir, el control y conocimiento de nuestros sentimientos, emociones e impulsos morales.

 

INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (1996) DE D. GOLEMAN

 

Según Goleman, tenemos dos mentes o inteligencias; una que piensa y otra que siente, una es reflexiva y analítica y la otra química e impulsiva, por ello definen la inteligencia emocional como aquella capacidad que tiene el ser humano para armonizar lo emocional y lo cognitivo, con el objetivo de comprender, controlar, expresar y analizar las emociones dentro de sí y en los demás. Esto, nos permite resolver problemas de forma creativa e interactuar con en el entorno y las personas de forma útil y eficaz.

 

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Retomando la propuesta de D. Goleman, éste, tras su profundo y dilatado estudio, identifica y propone que son 5 los elementos o habilidades en los que se divide la inteligencia emocional:

+El autoconocimiento: el poder de la introspección; la conciencia de uno mismo y de qué sentimos en cada momento. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: VÍA DIRECTA AL AUTOCONOCIMIENTO  (PARTE 2/6)]

+El autocontrol: el control de las propias emociones, aquello que nos permite “no perder los papeles” [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: EL AUTOCONTROL Y LA PEDAGOGÍA DE “EL DIRECTO” (PARTE 3/6)]

+La automotivación: el estado que nos ayuda a desplegar de forma alineada todo nuestro potencial cognitivo y emocional hacia una perspectiva general o una meta determinada. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)]

+La empatía: la capacidad de percibir y sentir las emociones y experiencias subjetivas que otros atraviesan, permitiéndonos interactuar eficientemente con ellos. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA EMPATÍA Y LA DIRECCIÓN MUSICAL (PARTE 5/6)]

+Las habilidades sociales: las herramientas personales que desarrollamos para desenvolvernos en con éxito en contextos plurales. [INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LAS BANDAS DE MÚSICA Y LAS HABILIDADES SOCIALES (PARTE 6/6)]

 

Hablar de inteligencia emocional y hablar de música es, prácticamente, obligatorio. Dentro del estudio y, sobre todo, la práctica del bello arte de los sonidos, se encuentran infinidad de herramientas y manifestaciones del desarrollo de este tipo de inteligencia en las personas que lo practican.

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Por ejemplo, la música nos brinda la necesidad de ser conscientes de nuestras propias emociones para poder trasmitirlas o, incluso, de generarlas artificialmente (autoconocimiento). Por otro lado, me entenderán perfectamente cuando les hablo todos aquellos que se han visto invadidos por los nervios y la ansiedad ante una interpretación en público, y más aún si era en solitario o comprometida (autocontrol).
Otras veces, la música te hace sentir que eres capaz de conseguir todo lo que te propones y a saborear el dulce sabor del trabajo bien hecho tras un gran esfuerzo, tanto de forma individual como en colectiva (automotivación). El 90% de la información emocional que transmitimos y absorbemos no está verbalizada, es decir, no se necesitan las palabras para conectar emocionalmente a dos individuos, porque, a veces, la interpretación de una melodía es más que suficiente (empatía). Si algo caracteriza a la música como arte es su carácter social, ya que nos hace viajar, trabajar, conocer e interactuar con gente muy diversa y permitiéndonos desarrollar múltiples y valiosas herramientas para desenvolvernos con éxito este mundo que nos ha tocado vivir (habilidades sociales).

“INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA” es un conjunto de seis artículos que invita a adentrarse de forma teórica y práctica en el mundo de la inteligencia emocional y todo lo que la música tiene que decir sobre ésta, y viceversa.

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http://miaceduca.es/por-favor-escuchen-al-profesor-de-musica/

Muchas pueden ser las causas que lleven a una persona, adultos o de corta edad, a un aula de música. Sea como fuere, estamos tomando una inmejorable decisión.

Como bien es sabido y  está demostrado por multitud de estudios y expertos en diversas disciplinas, la práctica de un instrumento musical, en concreto, y el dedicarle tiempo y esfuerzo al entender la música, en general, ayuda a activar el desarrollo más pleno e íntegro que el ser humano pueda alcanzar. Desde los más antiguos testimonios de los grandes pensadores presocráticos, hasta las más actuales teorías como, por ejemplo, la propuesta de las  “inteligencias múltiples” de H. Gardner  o los famosos compendios sobre inteligencia emocional y social de D. Goleman, avalan esta disciplina como una completa herramienta para ampliar nuestras competencias y habilidades racionales, motrices, sociales y emocionales.

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El personaje del profesor en el proceso de enseñanza-aprendizaje es siempre de gran importancia, pero en las disciplinas artísticas, y en concreto en la música, es fundamental, prácticamente insustituible. Por la propia naturaleza de este tipo de enseñanza y la preestablecida estructura individualista de las clases (tema que está plenamente a la vanguardia de debate, pero en el que ahora no vamos a ahondar), la figura del docente es mucho más que eso. Debido a ese modelo tan personalizado de clases, los contenidos, competencias y habilidades que el profesor ayuda a desarrollar van mucho más allá de lo meramente musical, ya que son incontables las horas que profesor y alumno pueden llegar a pasar a solas.

Independientemente de si los alumnos son adultos, adolescentes o niños, el propio transcurso de los días puede y acabará convirtiendo al profesor en una especie de psicólogo o “coach”, un amigo muy especial, sobre todo porque, antes o después y dependiendo de cómo se gestione el aprendizaje, se empezará a hablar y trabajar el campo puramente emocional; reconocer, crear y expresar, es decir, nuestro lado más íntimo y humano. “Expresar emociones”, ese concepto que divierte a los más pequeños, sonroja a los “quinceañeros” y que resulta un completo tabú para muchos de los más maduros.

De esta forma, la música, en sí misma, deposita una gran responsabilidad sobre difusores y aprendices. Por ello, voy a dividir el texto en dos propuestas diferentes: una destinada hacia alumnos o padres/madres de los mismos y otra hacia los profesores.

Ustedes, alumnos y/o responsables de los mismos…

    …aprecien, valoren y sean capaces de sacrificarse por la clase de música, porque si apreciemos tener herramientas para automotivarnos, si nos gustaría ayudar a convertir nuestra autoestima en un fiel aliado, si queremos ser capaces de percibir los resultados de un sacrificio o si queremos ser personas emocionalmente inteligentes (entre muchas otras cosas), será muy necesario tratar este tema como se merece.

La música, o la educación artística de calidad en general,  no es más importante que otros campos de desarrollo como el deporte o la “educación” obligatoria, simplemente es muy importante. Cada vez que alguien menosprecia la educación musical o, peor aún, cada vez que un padre o madre realiza un comentario desvalorizador al respecto delante de sus hijos/as, se está cometiendo un grave atentado contra una de las herramientas que más eficientemente pueden llegar a producir el desarrollo íntegro del individuo en todas sus etapas, desde el nacimiento hasta la vejez.

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Nosotros, los profesores…

    …no podemos obviar esta responsabilidad, somos acreedores directos del enorme valor de aquello que intentamos transmitir. Tenemos que ser conscientes de ello, esmerarnos en cada clase como si de una virtuosa interpretación se tratase, elaborar estrategias de aprendizaje a corto y largo plazo, identificar aquellos problemas que van más allá de lo meramente musical y cómo podemos ayudar, ampliar nuestras habilidades y competencias a través de una formación amplia y continua y, sobre todo, hacer pedagogía de la experiencia; cada clase, cada alumno y cada curso nos han de hacer mejorar y de no caer en la inercia laboral, porque nuestros alumnos evolucionan, no son un producto estático, y nosotros debemos evolucionar paralelamente, es más, un paso por delante o, de lo contrario, nos quedaremos atrás.

No podemos exigir respeto ni imponer valor si no presentamos una actitud recíproca. Tampoco podemos olvidar lo mucho que podemos influir, conscientemente o no, en la vida de una persona, sobre todo y desde mi punto de vista, de los más pequeños, porque tras horas y horas de clases individuales o muy reducidas, transmitimos infinidad de valores, habilidades, opiniones, actitudes y aptitudes, es decir, educamos con mayúsculas.

EMOCIONES

Padres, madres, alumnos y profesores, concienciémonos, valoricemos, no cuestionemos, no obviemos, escuchemos, analicemos, seamos responsables,  exigentes y capaces de ver más allá, pues toda arma es válida para la guerra que la educación artística libra actualmente con las instituciones  y parte de la sociedad en general o, simplemente, con todos aquellos que no han tenido la suerte de acceder a una educación musical de calidad; con profesores responsables y cercanos a un contexto que les haya permitido sentir “el valor”.

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BATUTAS 2.0 – LOS 15 SUBPERFILES DE UN DIRECTOR MUSICAL

…imaginemos a un “director de orquesta”: está subido en una gran tarima que, a su vez, se encuentra presidiendo el escenario de un impresionante auditorio. Viste un elegante chaqué y frunce el ceño frente a una gran agrupación sinfónica, la cual presta atención a cada movimiento y detalle, éste parece estar a punto de marcar una enérgica anacrusa…

Sí, seguramente así se imaginarán muchos de ustedes a la figura del director de orquesta y, en el fondo, no se equivocan, pues coincide con la viñeta con la que se supone que, la gran mayoría de los que aspiran a dedicarse a esta profesión, sueña dibujar y protagonizar. En verdad, la realidad es otra. Muchos de estos profesionales  de la dirección musical, o aspirantes a ello, desarrollan su labor artística en el “sector no lucrativo”, es decir, como se conoce al sector jurídicos sin ánimo de lucro (asociaciones músico-culturales, ensembles y agrupaciones de todo tipo), bandas municipales no profesionales, dirección de grupos de todo tipo en centro de enseñanza, coros y un largo etcétera.

Este tipo de trabajos y quehaceres requiere, más allá de la batuta, diversos “subperfiles” que, para poder realizar con éxito las tareas deseadas y encomendadas, pueden ser necesarios de dominar o, al menos, valorar, prestar atención o tener unos conocimientos y habilidades básicas al respecto. Por ello, no estoy argumentando que el no tener competencias sobre absolutamente todos  sea excluyente, pero, lo que sí está claro, es que abordando muchas de las siguientes facetas propuestas podemos mejorar enormemente nuestro perfil profesional y ampliar las posibilidades de obtener una oportunidad y/o empleo en el mundo de la dirección artística y musical.

1-PEDAGOGO-DOCENTE: Es absolutamente necesario tener conocimientos y habilidades para transmitir ideas, conceptos, ayudar a interiorizar buenos hábitos musicales, tanto individualmente como en grupo. El control de las diversas teorías del aprendizaje, metodologías y poseer una amplia gama de recursos pedagógicos y materiales didácticos, facilita el desarrollo de las agrupaciones musicales que tengas a la disposición de tu batuta.

2-LUTHIER: Los instrumentos, como objetos complejos que son, poseen frágiles mecanismos que, con frecuencia, sufren daños y averías. Como la gran mayoría de los integrantes no suelen ser profesionales, normalmente no poseen recursos, herramientas ni conocimientos para aplicar los adecuados hábitos de mantenimiento que requieren los instrumentos. Por ello es necesario aconsejar y vigilar que se lleven a cabo estas buenas prácticas, además, en muchas ocasiones podemos ayudar a reparar alguna avería y ahorrar a nuestros músicos el gasto de la reparación, sumándole también el tiempo que no podrán acceder a tocar por falta la falta del instrumento.

3-ARCHIVERO-BIBLIOTECA MUSICAL: Partituras en papel, archivos digitales, grabaciones, otros documentos musicales, etc… Si se quiere tener un orden de todo ellos es necesario tener ciertos criterios de catalogación, herramientas de mantenimiento y los más importante, saber dónde buscar, encontrar y conseguir nuevos y adecuados materiales para seguir ampliando la biblioteca de tu archivo musical.

4-GESTOR CULTURAL: Este subperfil acoge una gran diversidad de funciones y tareas. En el ámbito de la dirección musical es muy necesario tener, al menos, conciencia de las labores y de la importancia de un gestor musical en un proyecto artístico, profesional o no. Interpretar, identificar y satisfacer las necesidades que puede abordar una comunidad artística en un contexto determinado es necesario aprovechar eficientemente los recursos disponibles. Proponer, producir y llevar a cabo ideas y proyectos artísticos de todo tipo, además de cooperar con otras entidades culturales, es una de las habilidades vitales que debe abordar un director musical. No olvidemos tampoco lo importante que puede llegar a ser hacer pedagogía de “la experiencia”.

5-COACHING Y LIDERAZGO: No olvidemos que detrás de una batuta hay, ante todo, alguien que coordina una idea común para un gran grupo, alguien que lleva las riendas, alguien que lidera. El liderazgo genera constantemente más responsabilidades que derechos, algo que continuamente hay recordarse y viene muy bien tener información, asesoramiento y leer contenidos especializados en la materia. Asimismo, es muy importante conocer y practicar técnicas y teorías de motivación grupal, ya que, ante todo, se está al frente de un equipo y no solo de músicos, sino también de profesores, voluntarios  y demás personal técnico que puede estar a nuestro cargo.

6-MUSICÓLOGO: Detrás de una programación musical o unas simples notas al programa, entre otras funciones, hay tareas explícitas de investigación y ligadas directamente con las competencias de la historia y ciencias de la música. Esta subdisciplina y los conocimientos que trae consigo te vendrán muy bien, sobre todo para dar calidad y valor a todos los conciertos y actividades que lleven a cabo en la agrupación.

7-ARREGLISTA Y COMPOSITOR: No siempre se dispone del material idóneo y completo que se requiere. Por ello, en muchas ocasiones, hay que estar reinstrumentando partituras, completando el material por diversos motivos y, como algo común, estar adaptando alguna composición musical o tema a la plantilla determinada de la que se disponga en cada momento. Por otro lado, estrenar arreglos o composiciones del propio director suele ser una actividad que dota de un gran valor artístico al proyecto en sí, además, resulta una fuente de motivación extraordinaria para los componentes.

8-RELACIONES PÚBLICAS Y LABORALES: Como representante de una agrupación dinámica que se pretende ser, hay que tener al día la agenda; contactos, eventos profesionales, colaboraciones, etc… Aquello que hoy en día viene a llamarse “networking”. Todo ello depende de las habilidades sociales y el posicionamiento profesional de aquél que se encargue  de ello, cayendo dicha responsabilidad, directa o indirectamente, sobre el director musical. De ello dependerá, en gran medida, el número y la calidad de las actuaciones, calendario y agenda de eventos de la agrupación a la que se representa.

9-COMMUNITY MANAGER: Las tecnologías y las redes sociales son ya una parte esencial de nuestro día a día. Todas las instituciones de cualquier tipo usan éstas para difundir sus actividades y crear una imagen corporativa en las redes. Poseer competencias en el campo del “community managment” ampliará abismalmente  la difusión de nuestro proyecto y permitirá crear, utilizando buenas herramientas y estrategias de contenido y comunicación, una imagen y marca personal adecuada a nuestras necesidades. El saber dar un uso profesional a Facebook, Twitter, Linkedln y Youtube, entre otras, es una de las necesidades más obvias, por su naturaleza y en los tiempos que corren, del sector musical en la actualidad.

10-DISEÑADOR Y CREATIVO GRÁFICO: Manejar ciertos programas o herramientas virtuales de diseño y maquetación gráfica pueden sernos de gran ayuda a la hora de crear contenidos, carteles, acreditaciones o cualquier tipo de documento o imagen digital que necesitemos crear y no se encuentre ya en las redes. No olvidemos que la calidad de las imágenes y logos se asocia directamente con la calidad de los contenidos.

11-PSICÓLOGO: Muchas veces y de forma totalmente inconsciente, es necesario intervenir en problemas y conflictos que surgen espontáneamente, debiéndose principalmente a la gran heterogeneidad de perfiles personales que integran normalmente cualquier agrupación musical. Por otro lado y aparte del demostrado poder de desarrollo personal, tanto de la inteligencia emocional como de la racional, que posee la música, podemos ayudar, siempre con la humildad como virtud por delante, a muchos de nuestros instrumentistas a resolver problemas motivacionales, de integración o, simplemente, a sentirse autorrealizados, considerado por muchos especialistas una de las máximas intrapersonales de los seres humanos contemporáneos.

12-ADMINISTRATIVO: Facturas, presupuestos, contratos, certificaciones y un sinfín de burocracias varias son las que te puedes encontrar en la obligación de asumir necesitando ayuda externa de asesores o gestores, servicios que, por otro lado, no siempre se pueden disfrutar o a los que tener acceso profesional. Conocimientos más allá de los básicos sobre ofimática, internet y demás herramientas usuales para los administrativos pueden hacerte la vida mucho más fácil en muchos momentos.

13-ANIMADOR SOCIOCULTURAL: Las funciones que asume este perfil profesional son las de investigar, proponer y realizar actividades colectivas y alternativas a la labor específica de la dirección musical. Motivar, dinamizar y poner sobre la mesa los valores de la colectividad a través de actividades, musicales o no, que refuercen los lazos comunitarios entre los miembros de un grupo. Generar y favorecer el bienestar social en las comunidades artísticas de aprendizaje es algo imprescindible para el bienestar social y comunitario que caracteriza a estos colectivos.

14-TÉCNICO AUDIOVISUAL: Poseer material audiovisual de calidad de nuestra agrupación es algo imprescindible para poder estudiar las actuaciones pasadas y difundir nuestros productos. Saber manejar la tecnología necesaria, tanto software como hardware, para la grabación y edición de nuestro material es una tarea esencial para una agrupación y no siempre se dispone de ayuda externa y, ni mucho menos, profesional.

15-DIRECTOR MUSICAL: ¡¡Ah, sí!! Se me olvidaba, (tono irónico) una de las funciones también es dirigir las agrupaciones que estén a su cargo. Planificar y realizar ensayos de todo tipo y, por supuesto, llevar a cabo las actuaciones musicales con todo el bagaje de conocimientos, técnicas y habilidades que hay detrás de “mover el palito”.

Mi intención no ha sido, en ningún momento, llevar a un segundo plano la función explícita que un director musical tiene que asumir, es decir, dirigir, sino hacer más visible todo aquello que está, tendría que estar o puede estar (eso sería otro debate distinto al propuesto) dentro de las competencias y funciones exigidas al director de alguna de las agrupaciones o instituciones nombradas al comienzo del artículo.

Personalmente y siendo imposible ser competente y profesional en cada una de ellas, aconsejo valorarlas, intentar diversificarse y ofrecer más de uno mismo  en la medida que podamos acorde a nuestras preferencias, habilidades y oportunidades. El sector puede exigir más de lo que somos conscientes o estamos dispuestos a dar y nosotros somos los principales responsables de no saber identificar esas necesidades y de no dar respuesta a las mismas.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa

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LA HUMILDAD COMO VALOR TRANSVERSAL EN LA MÚSICA

[PUBLICACIONES EXTERNAS DE ESTE ARTÍCULO]

REVISTA SEXTA SECCIÓN (ARGENTINA)

http://www.lasextaseccion.com.ar/educacion/ensenar-humildemente/

En nuestros días, la era de las telecomunicaciones y la información instantánea, y en consecuencia al desarrollo tecnológico e informático, estamos siendo testigos de la transformación y desuso de muchos valores o prácticas puramente humanas e inherentes a nuestra propia condición como seres sociales. Una de las características de las personas (o personalidad) que más ha captado mi atención y admiración en los últimos años ha sido la humildad y, sin ninguna duda, debido al cúmulo de experiencias que he vivido entorno al mundo de la música y la gente que ahí me encontré.

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SOBRE LA HUMILDAD…

Llegados a este punto, me gustaría ahondar en el valor anteriormente mencionado: la humildad. En primera instancia, se puede definir como la actitud de una persona que posee autoconocimiento de sus límites y debilidades, reconoce sus fallos y fracasos, no vanagloria sus logros y actúa consecuentemente a ello. Por encima de la perspectiva teórica, y desde mi punto de vista, está la práctica del mismo y los beneficios que trae consigo para el que intente interiorizarlo y para su entorno.

musician-623362_640La humildad genera empatía (y viceversa), ayudándonos a estar cerca de los demás sin más interés que crecer y sumar, elimina el miedo a quedarse atrás y nos ayuda a aprender y enseñar a admirar sin necesidad de hacer sentir pequeños a los demás, pues no entiende de tamaños y no genera frustraciones en consecuencia de agravios comparativos. Una persona humilde es valiente, ya que no tiene miedo a equivocarse, pues lo reconocerá y aprenderá de ello, además, sabe criticar constructivamente y recibir críticas, uno de los factores bisagra del relacionarse con éxito y del aprendizaje social. Alguien humilde es sensible con su entorno, le ayuda a entenderlo tal y como es y logra escribir el guión de su propio personaje.

Asimismo, interiorizar la humildad nos hace disfrutar de los éxitos como consecuencia del sacrificio y del esfuerzo y no como derecho intrínseco y adquirido (supuestamente) a través de los mismos. Contrariamente a lo que se pueda intuir, la humildad no trae consigo una falta de autoestima, todo lo contrario, porque al igual que nos enseña a no alardear de los premios, no permite que nos hundamos por nuestros defectos y miedos, es más, nos dota de herramientas para mejorarlos y superarlos.

¿QUÉ RELACIÓN TIENEN LA HUMILDAD Y LA MÚSICA?

equilibrioComo ya he preludiado antes, la música, como disciplina artística, social, teórica y práctica, nos ayuda a hacer pedagogía de la importancia que tiene esta aptitud y actitud humana. Dentro de la música, la cual abarca distintos tipos de colectivos en los que se interactúa con la humildad, he distinguido entre 4 grandes grupos que, entre su membresía, suelen guardar unas mismas experiencias, visiones y relaciones entre música y humildad.

EL PÚBLICO

Entre aquellos individuos que tengan un mínimo de sensibilidad y salvando excepciones, existe un denominador común entre aquellas personas que se exponen a una manifestación musical en cualesquiera de sus formatos; la capacidad de admirar y de valorar una actividad o habilidad ajena. Independientemente de que sean (o no) profesionales los ejecutantes, el público suele valorar, consciente o inconscientemente, el esfuerzo, sacrificio y templanza, entre otras virtudes, que hay detrás de una actuación.

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A veces, puede que encontremos individuos que sean reacios a pensar, y muchos más a exteriorizar, esa valorización de lo ajeno, argumentándose a sí mismos que no tiene tanto valor la actividad o comparando una habilidad o sapiencia propia con lo percibido con el fin de no sentirse “pequeños”, es decir, una mentalidad no humilde. Por otro lado, como norma general y haciendo acopio de la magia de la música, el público genera valor y practica la humildad al exponerse, como ya he comentado anteriormente, a cualquier tipo de  manifestación musical que guarde una mínima calidad e intencionalidad artística.

escenario

MÚSICOS NO PROFESIONALES

Muchos recurren a la música como entretenimiento, vía de expresión artística y creativa, etcétera. En general, las personas llegamos a la música para lo que se suele llamar “autorealizarse”. Desde una perspectiva intrapersonal, debido a las características naturales de la práctica musical y si pretendemos dominar mínimamente habilidades al respecto, es necesario desarrollar aptitudes como la perseverancia, asumir críticas de terceras personas y, por básico que parezca, el esforzarse por algo en general.

Desde un punto vista social e interpersonal, pertenecer e interpretar música en conjunto o en grupo refuerza en gran medida la práctica de actitudinal de la humildad. Esto es debido a que siempre vamos a tener a alguien en nuestro entorno del que aprender y al que enseñar. Por ejemplo, independientemente de ser un gran profesional de prestigio en cualquier campo, podemos tener la experiencia de crecer, directa o indirectamente, con la ayuda de otros socialmente mucho menos valorados, asimismo, los miembros más veteranos de un grupo o aquellos que poseen una dilatada experiencia en la práctica grupal, suelen ser embajadores de esto, ya que premian las conductas humildes y disfrutan, e invitan a disfrutar,  de los beneficios que llevan toda la vida experimentando.  (Más información en:  “CARTA ANÓNIMA DE UN PROFESOR DE ESCUELA DE MÚSICA” Y REFLEXIÓN. )

ESTUDIANTES Y ASPIRANTES A PROFESIONALES DE LA MÚSICA

Cuando se empieza a estudiar música todos somos humildes, todos tenemos uno o varios profesores/as de los que aprendemos y, normalmente, les solemos admirar. Según vamos adquiriendo profesionalidad en nuestras habilidades y si el entorno no lo impide, a veces nuestra humildad entre en crisis, ya que al sentirnos destacar respecto a un grupo determinado podemos no hacer buen uso de nuestra nueva posición. Ante esta situación, familiares, amigos y, sobre todo, los tutores musicales, debemos detectar e intentar hacer ver y sentir las limitaciones que se pueden obtener al alejarse de la humildad en la música y, como refuerzo positivo en los casos que sea necesario, hacer pedagogía de los beneficios que trae consigo a corto y largo plazo, profesional y personalmente, la práctica del valor matriz que estamos abordando.

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Hay que instruir en la humildad, porque un estudiante humilde no se frustra por sus esfuerzos sin recompensa, no tiene miedo a mostrar sus debilidades en público y será aceptado y bien recibido allá donde vaya; aprenderá más, mejor, y más rápido, así la humildad le ayudará a conseguir sus objetivos y a disfrutar y compartir sus presentes y futuros éxitos.

MÚSICOS PROFESIONALES

Dedicarse a la música profesionalmente es una carrera de continuo autoconocimiento y constante autorregulación del propio ego. Para empezar y en el intento de describir a un músico (con mayúsculas) humilde, hay que retomar y subrayar la totalidad del contenido aportado al principio durante la propia definición del valor. A parte, como todos saben, la humildad se premia y el divismo y egocentrismo se castigan, ¿por qué?, porque desde la humildad hacemos crecer a los demás y desde el divismo mostramos grandilocuencia, pero haciendo sentir pequeños, de forma casi intencionada, a los que nos rodean. Todo ello podríamos tacharlo casi de intolerante, ya que es incomprensible e inasumible que sea común en el sector de la música profesional las prácticas prepotentes y arrogantes, en una disciplina tan social, integradora y educativa como es el arte de la música.

Por suerte, grandes músicos del pasado y del presente, provenientes de todas las subdisciplinas, son y serán recordados por ser o haber sido grandes representantes de la humildad y, por lo tanto, de humanismo, siendo este valor uno de los verdaderos y más puros ingredientes de éxito y liderazgo conocidos.

ESCENARIO

No hay cambio de conducta ni actitud sin un pensamiento previo que así lo provoque. En base a ello, espero haberles ayudado a reflexionar y revalorizar todo lo que envuelve y entrelaza a la música, en todas sus facetas, y la humildad, dos elementos con mucho valor y con una cosa muy clara en común: hacer crecer.

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REFLEXIÓN SOBRE “CARTA ANÓNIMA DE UN PROFESOR DE MÚSICA”

 

Actualmente, uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos los profesores de las escuelas de música es la falta de valorización de nuestra actividad por parte de alumnos, padres, comunidad educativa y la sociedad en general. En parte, esto es debido a que, en  muchos casos, los propios docentes musicales no valoran su propia labor como ésta merece o lo hacen de una forma muy impersonal y pasiva.

[ARTÍCULO RECOMENDADO*] POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.

Como bien es sabido por todos los que trabajamos en este sector, el hecho de ejercer la docencia, sobre todo instrumental, es una actividad que asumimos fruto de la necesidad personal de desempeñar un trabajo y de la propia naturaleza que caracteriza a este sector laboral, cuya inercia nos impulsa, en la gran mayoría de los casos, a que nuestro primer empleo estable  dentro del mundo de la música sea el de profesor en una escuela de enseñanza, generalmente, no reglada.

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Realmente, y como muchos hemos experimentado en nuestros comienzos artísticos, la gran ilusión y motivación necesaria para estudiar la carrera (de fondo) musical no es, en un alto porcentaje, llegar a dedicarse a la docencia de la misma, sino ocupar alguno de los codiciados atriles de cualquier orquesta sinfónica, con sede en cualquier lugar y, a veces, a cualquier precio.

La actual y gran falta equilibrio entre la oferta y la demanda de músicos sinfónicos convierte al “plan B” (como mínimo) en la principal e inminente salida profesional para muchos artistas. Al haber comenzado en la docencia, en la mayoría de los casos, por la propia inercia del sector, hay que sumarle la escasa o nula preparación que se ofrece en los actuales planes de estudios de los conservatorio profesionales en materia de pedagogía y didáctica (ni general ni específica) sobre música.

*MÚSICOS PROFESIONALES VS PROFESIONALIZARSE CON LA MÚSICA

Por todo ello, es muy común encontrarse con la siguiente situación: un profesor que, simplemente, no le disgusta lo que hace, un alumno que va viendo menguada su intención por aprender como consecuencia de la escasa pasión que su profesor le transmite, y una sociedad obsesionada con la funcionalidad, que etiqueta a las escuelas de música como simples centros de entretenimiento y las ubica en el último plano de importancia dentro de la formación y educación de una persona (o proyecto de ello, como es en el caso de los más jóvenes).

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Sabiendo algo sobre música y nada sobre cómo enseñarla, empezamos a dar clases creyendo que no tiene ningún misterio. Entonces, elaboramos una improvisada red de herramientas didácticas y pedagógicas procedentes de las clases que nosotros mismos hemos recibido y… “ya soy profesor”.

Con tener ciertos conocimientos sobre música y un entrenado dominio del instrumento, nos convertimos y nos convencemos de ser  expertos docentes. Todo ello, lo confieso, redactado desde la crítica y perspectiva personal, siendo la propia experiencia de un servidor la principal fuente de inspiración de estas palabras.

Si tienes la suerte de rodearte de la gente adecuada, consumir la información correcta, y sumas todo ello al análisis introspectivo de tu propia experiencia, es inevitable empezar a admirar y amar lo que haces.

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Progresivamente, esta labor empieza a adquirir sentido y cada minuto que le dedicas a ello comienza a generar valor. Valor es lo que necesita la música como herramienta para educar y humanizar, comenzando en los depositarios naturales de esa responsabilidad; los profesores, los centros educativos y las instituciones correspondientes que deben de velar por ello.

El siguiente eslabón de esta “cadena de valor” que propongo es hacerlo aflorar o reforzarlo en los afortunados consumidores del producto, es decir, alumnos y/o familiares. He aquí por qué me decidí a redactar “carta anónima de un profesor de escuela de música”, además, tanto el equipo de profesores con el que comparto labor, como el resultado de nuestro trabajo, me hacen sentir el poder educativo de este tipo de  proyectos, haciéndome sentir orgulloso y afortunado a partes iguales.

Después de decidir elaborar una carta “valorizadora” y justo antes de ponerme a redactarla, pensé en lo egoísta que sería por mi parte el no compartirla con la comunidad educativa musical, por lo que he decidido ponerla a disposición de cualquiera que quiera hacer uso de ella.

Para ello les facilito libremente el documento sin nombres, referencias a instituciones ni firma personal, así todo aquél que quiera usar este escrito para su escuela de música lo podrá hacer con total libertad (COPIA EL TEXTO, LO ENCONTRARÁS MÁS ABAJO). El único requisito que solicito como autor del mismo es que se respete la integridad del texto y que se me comunique, por privado a través de WordPress, Facebook, Twitter o LinkedIn, dónde se hará uso de estas palabras.

CONTACTO Y RRSS de EDUARDO SÁNCHEZ-ESCRIBANO

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Como bien os habréis fijado si habéis leído atentamente el documento al que alude esta reflexión, se hace referencia a los proyectos denominados “comunidades artísticas de aprendizaje”, es decir, algo más que solo una escuela y algo más que solo una agrupación musical; un proyecto integrador que se retroalimenta. Asimismo, la funcionalidad del texto pierde el sentido si no se cumple este requisito principal de estructura y composición, que a su vez, suele ser el modelo más característico, extendido y eficiente dentro del panorama de formación musical y oferta cultural en España.

*INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LAS BANDAS DE MÚSICA Y LAS HABILIDADES SOCIALES (PARTE 6/6)

*¿ES UN PÁJARO, UN AVIÓN? ¡NO, ES UNA BANDA DE MÚSICA!

 

LES INVITO A REFLEXIONAR, A DAR VALOR  Y A INVITAR A DÁRSELO A ALGO QUE, COMO BIEN SABE TODO AQUÉL QUE LO HA EXPERIMENTADO, LO TIENE.

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PLANTILLA PORTABLE DE “CARTA ANÓNIMA DE UN PROFESOR DE ESCUELA DE MÚSICA”

“Querido alumnado y/o padres y madres del mismo,

Una vez iniciado y tomado rumbo el curso en (AÑADIR AQUÍ NOMBRE DE LA ESCUELA DE MÚSICA O CENTRO EDUCATIVO), me gustaría transmitirles unas palabras y hacerles llegar una invitación especial:

En primer lugar me gustaría hacerles llegar mi más sincera enhorabuena, enhorabuena por formar parte de un proyecto en el que todos ganan. En su conjunto, la escuela y la banda de música integran lo que se denomina una “comunidad artística de aprendizaje”. Participar activamente en este tipo de comunidades brinda grandes beneficios, independientemente de nuestra edad, género y posición social o económica.

Dichas comunidades integran un espacio donde se experimenta activamente la educación y práctica de los valores éticos; valores esenciales como la solidaridad, la convivencia, la tolerancia y el trabajo en equipo, ya que es imprescindible cooperar entre todos, la perseverancia y el esfuerzo, donde son premiados al ser absolutamente necesarios para poder progresar en la práctica musical, aprender a pertenecer a un grupo y tomar responsabilidades dentro de él, sentir la necesidad de ser humilde y de ayudar al que lo necesita… etcétera. Además, es un lugar donde se aprende a crear, a opinar, a analizar, a expresarse sin miedos ni tabúes  y a apreciar el arte y la cultura en sí misma.

Detrás de cada sonido interpretado colectivamente existe un complejo entramado de acciones humanas que lo han hecho posible. Conscientes o no, aquí aprendemos el valor que tiene esa red llamada “capital social”; un patrimonio creado por todos y que todos disfrutan, muy difícil de construir y muy fácil de obviar y dejar de deteriorar. Una institución con personalidad propia en la que todas las personas que se identifican como miembros de la misma desarrollan unos mismos valores que, a su vez, son absorbidos por los nuevos aspirantes mediante aprendizaje dialógico y social.

Automotivación, autoestima y capacidad para resolver problemas son elementos que se ven fuertemente reforzados mediante la práctica instrumental y al pertenecer a una comunidad artística de aprendizaje. Éstos, en conjunto con el desarrollo de la empatía,  impulsado frente a la necesidad de relacionarse e interactuar con personas de distintas edades y no necesariamente cercanas a uno mismo, son elementos integrantes de la “inteligencia emocional”, propiedad psicológica humana que, según la comunidad científica, es vital para el éxito personal y social, encontrándose en continua evolución a lo largo de toda nuestra vida.

Por todo lo anteriormente expuesto, les quiero invitar a que den valor a las actividades que llevamos a cabo y al proyecto socio-artístico en sí mismo. Dar valor es creer en ello, tomárselo en serio y respetarlo. Solo así ustedes y/o sus hijos podrán beneficiarse al máximo de todo lo que aquí podemos ofrecer, que como ya se ha expuesto resumidamente, es mucho y de gran riqueza.

Enhorabuena de nuevo y gracias por su confianza”.

(FIRMA)