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GESTIÓN DEL TIEMPO: REFLEXIÓN, FELICIDAD Y EL GUIÑO MUSICAL

¿QUÉ ES EL TIEMPO? EL TIEMPO COMO RECURSO

El tiempo, como concepto, es algo altamente complejo y su definición, experimentación y gestión personal del mismo,  por ende, lo son también. A pesar de que ni los propios expertos mundiales en física teórica se ponen de acuerdo ni sobre su propia existencia, y pasando por alto su abrumadora complejidad, todos asumimos una organización matemática del mismo basada en una división y subdivisión de los movimientos de rotación y traslación de la Tierra y en medio de gran entramado físico, metafísico y astrológico.

Sea como fuere, y gracias a la inestimable ayuda de la precisión brindada por la evolución tecnología, todos asumimos la materialización de dicho recurso resumiéndolo en entendibles, y matemáticamente relacionadas, porciones (años, minutos, segundos, semanas, días, horas, etcétera).

(DOCUMENTAL RECOMENDADO) REDES: “EL TIEMPO” (E. Punset)

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En este contexto, entendemos un día por el trascurso de 24 horas (casi exactas) o, dicho de otra forma, desde que el sol vuelve a estar en el mismo punto después de un movimiento terrestre completo. Día tras día (dicho como expresión y no como unidad de medida), organizamos y alineamos nuestras vidas respecto a este fenómeno que no podemos controlar. Por otro lado, lo que está claro es que nuestra concepción y entendimiento del tiempo es lineal, es decir, nunca volveremos a vivir (conscientemente, al menos) el día de ayer. Todo ello, convierte al tiempo, el escenario de nuestras vidas conscientes, en un recurso indomable, limitado e irrecuperable.

Sigamos en la línea de la concepción del tiempo como un recurso, y comparémoslo con el recurso por antonomasia de nuestros días; el dinero. Ve al cajero, saca 50 euros, contémplalos por unos segundos y disponte voluntariamente a rasgarlos, quemarlos, dejarlos tragar por una alcantarilla o cualquier otra creativa forma de desecharlos que se te ocurra. A priori, parece completamente absurdo, incluso se puede llegar a sufrir un poco de agobio sólo con imaginarse la situación, en cambio, hay noches que nos disponemos a conciliar el sueño y, lejos de poder compararlo con exactitud, hemos tirado por la borda una incomparable cantidad de valiosos recursos en clave de segundos, minutos y horas.

Generalmente, a la hora de gastar dinero o, económicamente hablando, realizar una inversión, solemos vigilar y meditar minuciosamente (dependiendo del contexto y la persona), la amortización de dicho gasto en forma de bienes o servicios. En cambio, cuando disponemos de un periodo de tiempo “libre” para disfrutar y manejar lejos de “nuestras obligaciones”, no solemos usar la misma vara de medir. ¿Por qué?

¿Por qué no le damos la misma o mayor importancia al tiempo que a otro recurso como es el dinero? El dinero lo vas a volver poder a ganar, es un recurso al que se puede acceder “ilimitadamente” y que se puede suministrar y generar, pero, en cambio, el tiempo no, pues una vez que éste expire, una vez que lo inviertas o dejes pasar de forma inerte, no podrás volver a ese momento; sólo pasa una vez y no me refiero precisamente al “carpe diem”.

TIEMPO Y DINERO

Con todo esto no pretendo situar jerárquicamente a la alza el tiempo respecto al dinero, pues del dinero comemos; en el tiempo comemos, del dinero “vivimos”; en el tiempo vivimos y, curiosamente, solemos necesitar tiempo para ganar dinero. Simplemente, es una reflexión personal sobre cuánto, cómo y por qué, valoramos tanto un gasto de dinero y, a veces, tan poco un “gasto” de tiempo.

Ahora bien, ¿cómo calculo una inversión de tiempo? ¿Qué es un tiempo “bien invertido”? Aquí ya nos adentramos en lo que filosóficamente hablando se denomina una “cuestión teleológica”, es decir, el propio estudio de los fines perseguidos por un objeto o ser. En nuestro caso, el de los humanos, se podría relacionar el uso de nuestro “tiempo libre” (dejemos al margen el que ocupamos en nuestras obligaciones como miembros de una sociedad) con el intento de cosechar situaciones de éxito que procuren nuestro acercamiento a la felicidad (mencionamos y cerramos fugazmente la “caja de pandora” de la felicidad).

Coetáneamente, en la industrializada Europa occidental, dando por superada la relación de éxito con la mera supervivencia física, y fuera de esto, sin obviar la Pirámide Motivacional de Maslow, una versión individualizada de un tiempo “bien invertido” puede ser aquella que nos acerque de la forma más eficiente a la consecución de nuestros objetivos, pudiendo, a su vez, ser de naturaleza social, profesional, familiar, ideológica, naturalista, religiosa o puramente hedonista (búsqueda del placer sensorial).

Desde hace décadas, y debido a los imparables e impresionantes adelantos en áreas como la industria, informática, telecomunicaciones, transportes y ese “arte de conquistar mercados” llamado marketing, estamos sobreestimulados hacia el consumo de productos y servicios, haciéndonos llegar innumerables, tentadoras y atractivas ofertas sobre en qué gastar nuestro tiempo y traduciéndose en dificultades para tomar decisiones al respecto. Lamentablemente, en muchas ocasiones optamos por la opción que menos nos acerca a la consecución de nuestros fines (a menos que sean puramente hedonistas), de nuestro rumbo marcado y caso de éxito personal, ya que el que se nos pone por delante es más asequible desde el punto de vista del esfuerzo o sacrificio.

El caso es que, 24 horas más tarde cuando el sol se ha vuelto a posicionar de nuevo en el mismo lugar, quizás hayamos dejado pasar otro día sin reflexionar ni valorar cómo y en qué hemos gastado nuestro recurso más complejo y, para muchos, valioso; el tiempo.

Es muy sano y recomendable, además de estar comúnmente ligado a las costumbres y hábitos de aquellas personas consideradas como “más exitosas” y eficientes, el concretar y evaluar nuestra política de inversión de esta moneda que todos llevamos repartida equitativamente, equipada “de serie” desde el nacimiento por el mero hecho de existir y hasta que se apague el reloj de nuestras vidas.

Bajo mi opinión y experiencia personal, sólo con dedicar unos minutos al comienzo o final del día a pensar sobre ello, sobre cómo y en qué gastamos nuestro tiempo y si verdaderamente estamos de acuerdo al respecto, cambia tu visión y trascendencia respecto al proceso de toma de decisiones concernientes al mismo.

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¿EN QUÉ USAMOS EL TIEMPO? ¿ES LO QUE REALMENTE QUEREMOS?

Sí, estamos hartos de consumir información respecto a cuánto tiempo “invertimos” en ver televisión, deslizar el dedo por distintas redes sociales, videojuegos, series online, etcétera. Aun así, volvemos a la cama, jornada tras jornada, y no reflexionamos, sobre cómo y por qué hemos distribuido nuestro “tiempo libre”, si el uso del “gastado” a lo largo del día nos ha acercado a  cumplir nuestras metas propuestas, en el caso y suerte de que se tengan e independientemente de su naturaleza (algo muy personal como ya se comentó anteriormente), o si sólo lo hemos dedicado a entretenernos, sin más.

INFOGRAFÍAS SOBRE EL USO COTIDIANO DE LAS REDES SOCIALES (Uno de tantas fuentes que nos informan sobre el uso e inversión de tiempo que dedicamos a las redes sociales).

Hace tiempo que pienso con cierta firmeza que se ha “viralizado” y asumido socialmente el derecho a divertirnos de la forma menos sacrificada posible, infundido y potenciado por las fuerzas del consumo. Sí, llevas todo el día aguantando a tu jefe, sonriendo falsamente a clientes a los que tienes que vender algo, realizando un trabajo que requiere un gran esfuerzo físico o sometido a un mucho estrés laboral y, en muchas ocasiones y sólo por eso, hacemos nuestro el derecho a no esforzarnos en el resto de día o semana.

Sí, estamos en nuestro derecho a hacer lo que nos de la real gana, pero debemos de tener muy presente que la base fisiológica y humanística del crecimiento, de la mejora, está en el esfuerzo, en el sacrificio; tus músculos sólo crecerán sin han trabajado duro previamente, tu cerebro sólo creará más y más fuertes conexiones si ha habido una concentración y esfuerzo intelectual previo, tu disciplina personal estará presente si llevas a cabo una actividad cuando ésta se requiere para su mejora y no sólo cuando se tengan ganas, y tus valores éticos y morales sólo te harán más humano cuando los lleves a la práctica a pesar de tus intereses en un momento concreto.

Obviamente, y además de ser totalmente recomendable, necesario y otra forma de decidir cómo invertir este recurso, tiene (o puede) que haber hueco para el descanso, para la desconexión total, para el ocio y la sociabilización, para el “no hacer nada” tumbado en el sofá, la cuestión es, ¿qué porcentaje de tiempo del que disponemos usamos para esta labor? ¿Hemos dedicado esa necesaria parte del día a perseguir nuestros sueños y ambiciones? Y mañana, ¿qué? Esto, es algo cuya reflexión y análisis corresponde únicamente a uno mismo.

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EL GUIÑO DE LA MÚSICA Y EL DEPORTE SOBRE LA GESTIÓN DEL TIEMPO

Tanto la práctica seria y regular de cualquier disciplina deportiva, como la de otras artísticas y, en concreción, de la música o la danza, suele hacer reflexionar y experimentar, directa e indirectamente, sobre la inversión longitudinal y estructural del tiempo a aquellos que se ven inmersos en alguna de éstas. De esta forma, cualquier músico y/o deportista sabe, y tiene perfectamente interiorizado tras una mínima estancia en estos mundos, que no es lo mismo dedicarle 7 horas 1 día a la semana al perfeccionamiento o entrenamiento de una habilidad, frente al hacerlo 1 hora durante 7 días a la semana, es decir, mismo tiempo total pero distinta distribución.

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LA MÚSICA Y EL BAMBÚ JAPONÉS: NO APTOS PARA IMPACIENTES

POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.

Cuando nos involucramos voluntaria y pasionalmente en el estudio de la música, y la indispensable práctica de un instrumento, asumimos la carga de más responsabilidades, responsabilidades que se traducen en inversiones de tiempo que, si deseas alcanzar las metas propuestas (dominar un instrumento y entender la música como disciplina técnica y artística), tendrás que redistribuirlo, ya que, por mucho que lo estires, es el mismo para todos, y, si no lo haces correctamente, nunca llegarás a conseguir la continuidad necesaria para saborear la meta propuesta.

“NO PUEDO, TENGO QUE ESTUDIAR”. EPIDEMIA EN LAS AULAS DE MÚSICA

Al incluir voluntariamente más tareas u objetivos en nuestra lista diaria, como puede ser, insisto y por ser muy buenos ejemplos comparativos, practicar un instrumento o entrenar algún deporte, asumimos que debemos volver a planificar la gestión del tiempo del que disponemos, incluso, a lo mejor, nunca nos hemos llegado a plantear que éste necesite ser estructurado y calculado como si de “llegar a fin de mes” se tratase (económicamente hablando). Colateralmente, por el mero hecho de intentarlo y exponernos a dicho dilema, nos convertimos en personas más responsables, sólo si necesitamos, tanto desde el punto de vista emocional como del racional, reflexionar sobre el uso de nuestro tiempo, propiciaremos un aumento de las capacidades de gestión del mismo.

MUSICA Y DEPORTE

Introducir el estudio de la música en la etapa escolar (o también en adultos) y/o la práctica seria de algún deporte, puede propiciar, debidamente gestionado, vigilado y planificado por las familias y profesionales, la interiorización de valores y aptitudes que modifiquen y repercutan en la propia personalidad del alumno o persona y, por supuesto, en su propia capacidad y visión respecto a la gestión del tiempo y la consecución de las metas propuestas.

Una de las mayores lecciones y valores que podemos transmitir a través de la práctica instrumental, es que el tiempo no se puede tocar, no es tangible, pero, en cambio, se puede y necesita administrar sí deseamos cosechar buenos frutos en nuestro trabajo e inversión tiempo/esfuerzo.

CONCLUSIÓN PERSONAL

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Por lo que habréis podido comprobar, esto no es un texto científico sino meramente reflexivo, en realidad, está es sólo una versión más sobre un tema muy complejo y personal. He llegado hasta aquí por necesidad; muchas metas por alcanzar, muchas dudas que aclarar, muchos campos e intereses que cultivar, muchas responsabilidades que cubrir y muchas ganas por sentirme vivo y rodeado de gente de la que aprender y con la que disfrutar.

Con toda probabilidad, no hayamos aprendido nada nuevo al leer estas líneas, nada que no supiésemos ya, por lo que mi principal objetivo, como casi siempre, no es enseñar ni mostrar verdades, sino propiciar una reflexión e introspección sobre algo tan transparente como trascendental como es la gestión de nuestro propio tiempo, tiempo que se traduce en horas, días y semanas y del que se componen nuestras vidas.

Planificar (o no) escrupulosamente nuestro tiempo es cuestión de experiencia, hábito o, en muchas ocasiones y como me ocurre a mí frecuentemente, pura necesidad. No somos ordenadores, no somos robots, el transcurso de la vida no es, cuanto menos, pronosticable, pero lo que está claro es que si existe la voluntad de intentarlo estaremos más cerca de conseguirlo que si desistimos desde un principio.

Quizás, nunca vayamos a acabar de entenderlo, pero cuestionarnos de vez en cuando, día tras día a ser posible, cómo usamos nuestro tiempo en relación a nuestros objetivos, nuestras metas, aquello que nos hará saborear el éxito o estar en el camino de ello, puede ser tan trascendental cómo que de ello dependo el ser cada vez un poco más felices o, al menos, intentarlo.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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Jóvenes instrumentistas ocupando muchas de las vacantes orquestales más cotizadas de todo el mundo, habituales maestros de escuela e institutos con la experiencia y formación musical que, décadas atrás, las instituciones educativas sólo hubiere soñado, profesores de conservatorio y escuelas de música no regladas que cubren las paredes de sus habitaciones con diversos títulos superiores y de máster, acumulando centenares de horas perfeccionamiento en múltiples disciplinas musicales, algunos, incluso, se doctoran.

Hábiles músicos que, tras su paso por algunas de las mejores orquestas jóvenes, conservatorios y academias del mundo, pasan a ocupar  vacantes en bandas militares o a practicar la docencia en organizaciones no lucrativas donde, a veces, no disfrutan ni de un contrato de trabajo.

Décadas atrás, profesionales del mismo nivel, o incluso menor, conseguían puestos de trabajo casi utópicos para los que luchan por hacerse un hueco en el actual mundo laboral y tales como, por ejemplo, aprobar unas oposiciones de profesor de enseñanzas profesionales o de intérprete de bandas municipales u orquestas sinfónicas con poco más de 20 años, algo que, años atrás, si fue más común.

Promociones enteras de titulados superiores que se ven obligados, por la propia naturaleza y exigencia de la actualidad del sector, a seguir invirtiendo sus recursos, y los de sus familias, en formación, desplazándose a otros países, tanto dentro como fuera de Europa, en busca de la oferta universitaria, de grado y posgrado, que España, nuestro propio país, aún no ha sido  capaz de satisfacer por completo en lo que al sector de las artes escénicas y música concierne.

Sea como fuere, la gran descompensación que se ha producido en nuestro sector entre oferta y demanda, provocando un embudo en el acceso a determinados y muy solicitados puestos de trabajo, el gran apoyo económico y familiar que han disfrutado muchos de los estudiantes de música de esta generación, permitiéndoles invertir tiempo y recursos en viajes y formación, y alentado por la propia mentalidad y personalidad, abierta y flexible ante los cambios que caracteriza al grueso de los jóvenes de nuestros días, ha provocado que nos veamos inmersos en una crisis académica y profesional, donde el precio a pagar para alcanzar las metas propuestas está siendo muy caro.

CRISIS: ¿TRAGEDIA U OPORTUNIDAD?

A priori, la palabra “crisis” no suena nada bien, pues hace referencia a una situación difícil e incómoda. No obstante, las crisis vienen marcadas por cambios, cambios que, según la capacidad y plasticidad de las personas (o las cosas) para adaptarse a lo nuevo, pueden provocar que se salga reforzado (o totalmente hundido) de esta época coyuntural que a muchos nos ha tocado vivir.

Este periodo, que no ha dibujado unas cifras y contexto muy diferente al de otros sectores ni al de la propia economía global, nos está dejando cambios tangibles que ya han calado en los currículums, mentalidad, personalidad y en el proceso estratégico de toma de decisiones de músicos de todas las disciplinas.

La amplísima oferta de formación académica que posee actualmente nuestro sistema educativo en España, integrada por centenares de conservatorios profesionales y más de 20 de enseñanza superior, ha lanzado al mercado laboral, y sobre todo en la última década, a miles de alumnos egresados. De todos ellos, sólo un pequeño porcentaje está consiguiendo (y conseguirá) alcanzar aquellas tan ambiciosas metas con las que muchos soñaban al inicio de sus andaduras.

La “crisis” que hemos o estamos atravesando ha provocado que se haya alcanzado un altísimo grado de especialización y diversificación profesional. La ambición ha calado, a veces por iniciativa propia y en otros casos por pura necesidad,  en las perspectivas profesionales de todos los que intentan desenvolverse en este “mundillo”.

“Claros y oscuros” puede que sea la expresión que más nos ayude a entender el fenómeno de “la década de los superhéroes musicales” aunque, de todas formas, cada involucrado, respecto a sus experiencias, percepciones y el análisis más conveniente que a cada uno le interese realizar, construirá una propia opinión al respecto, tal y como yo mismo he hecho y así transmito.

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SUPERHÉROES A CUALQUIER PRECIO

Exceptuando casos aislados, el precio final ha subido, es decir, la cantidad de recursos y esfuerzos empleados para conseguir un fin concreto se ha visto incrementada respecto a generaciones anteriores y, como ya he mencionado antes, no es algo exclusivo que esté ocurriendo en la música, sino en cualquier sector académico y laboral.

Después de la carrera, otra carrera, máster, doctorado, idiomas, jóvenes orquestas,  y otro largo sinfín de formación y experiencias personales y profesionales que, según esperas, te podrán acercar algún día a alcanzar esos sueños que muchos persiguen. Mientras, lo único que está claro es que, en todas las ramas profesionales de la música, podemos encontrar auténticos superhéroes, es decir, gente muy formada, especializada y experimentada que está dispuesta a hacer y moverse donde sea necesario para llevar a cabo la labor que tanto esfuerzo y recursos le ha costado materializar.

Consecuentemente, los que ofertan endurecen y amplían los filtros de acceso y, quitando esas ocasiones en las que se practica el “enchufismo” y la “dedocracia” no merecida a base de trabajo y méritos, el nivel de todos los subcampos profesionales de la música se ha visto incrementado.  Con esto, no quiero decir que “los de antes” fuesen peores y “los de ahora” mejores, ni mucho menos, pero lo que no se puede negar es que ahora hay muchos más entre los que elegir para un puesto, habiendo dejando en las manos de la propia competitividad entre aspirantes el natural aumento de nivel y requisitos previos.

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RENACIMIENTO PROFESIONAL: LA DIVERSIFICACIÓN

En los últimos años, unas de las necesidades por las que nos hemos visto fuertemente influidos ha sido la de diversificación profesional. Bien por inquietud propia o bien por aumentar y ampliar estratégicamente las competencias que te lleven a conseguir ese empleo dentro del mundo de la música que siempre soñaste, muchos han explorado y coqueteado con otras disciplinas de las cuales antes sólo conocían el nombre.

Un simple libro, asignatura optativa, conferencia, vídeo, curso o inquietud tras la visualización de una oferta de trabajo ha hecho que algunos redescubran sus pasiones, aquellas disciplinas donde no te importaría profundizar e invertir. Pedagogía, gestión y producción, sonología, musicoterapia, luthería, dirección, composición, investigación, redes sociales, emprendimiento empresarial u otros formatos de interpretación menos tradicionales son algunas de las áreas, entre otras, donde algunos han visto renacer y bifurcar sus pasiones y perspectivas profesionales.

Un gran número, tras haber diversificado y ampliado sus conocimientos y habilidades más allá de lo estrictamente interpretativo, han reconfigurado su visión y entendimiento de la música como empleo y disciplina artística y social, no habiendo dejado necesariamente de lado por ello sus carreras como instrumentistas.

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ALTA ESPECIALIZACIÓN

Actualmente, a parte de los que se decantan por la diversificación como estrategia competitiva, inquietud de desarrollo personal u otros motivos, existe otro colectivo de superhéroes musicales; los altamente especializados.

En contraste de los que optan por aumentar sus competencias y crean sinergias con uno mismo, están aquellos que apuestan por adentrarse en sus pasiones hasta lo más profundo. Instrumentistas, directores,  compositores y otro largo etcétera de trabajos artísticos que, prácticamente, funden su vida personal con la profesional, convirtiéndose en auténticos expertos y referentes de su materia.

Viajan, hablan diferentes idiomas, se forman (y forman) durante todo el año concurriendo a cursos, festivales, conferencias y concursos por todo el mundo, invierten todos los recursos que poseen (tiempo y dinero) en perseguir sus sueños, además de sacrificar, en la práctica totalidad de los casos, la cercanía a sus familias y posibles parejas.

El precio de la especialización de élite es alto, tanto en lo concerniente al coste económico como al personal y emocional, pero cada vez hay más gente dispuesta a pagarlo, y no sólo en la música, ya que es algo extrapolable a otros campos profesionales, sobre todo en aquellos más susceptibles de cultivar y cosechar la famosa “marca personal” (algo para lo que muchos dedican sus vidas y ni siquiera conocen su existencia).

“El que la sigue, la consigue”, un dicho popular que se convierte en el status quo de este perfil de superhéroes que, día tras día, se levantan con el principal propósito de transformar su sueño en su medio de vida. Muchos, por suerte y como aliciente para la esperanza de otros que vienen pisando fuerte de promociones posteriores, lo consiguen.

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LA INFLUENCIA DE LOS SUPERHÉROES EN EL SECTOR

Para sorpresa de gran parte de los ajenos a este mundo, los músicos debidamente formados no se mueren de hambre, es más y respeto a mi experiencia y entorno, la gran parte de ellos consigue tempranamente un puesto (o “puestillo”) de trabajo  o involucrarse en cualquier tipo de proyecto musical que les reporte una remuneración, pero la masiva competencia y la energía que surge para alcanzar las metas propuestas, además de la propia exigencia de continua evolución que cualquier disciplina musical presenta, provoca que los jóvenes músicos sintamos ambición y necesidad, a partes iguales, por seguir desarrollando nuestras carreras; la historia del no conformarse.

El impresionante incremento de un número de demandantes muy formados ha provocado que los empleadores puedan exigir más requisitos y nivel. Asimismo, también hemos sido testigos de cómo bases de oposiciones y de otros procesos de selección han endurecido los baremos y sus puntuaciones, aun así, siempre hay uno o varios individuos que revientan con su palmarés las esperanzas de los que intentan hacerse un hueco dentro del empleo público.

Más allá de lo obvio, es decir, que la accesibilidad a los empleos más demandados se ha visto mermada, existen, y en muchos contextos ya disfrutan, efectos muy positivos en todo este fenómeno que intento analizar, como, principalmente, que todos los puestos de trabajo se están cubriendo por gente altamente formada y competente en sus especialidades, además, la calidad y profesionalidad está calando en subsectores como el de las escuelas y bandas de música, fuente cultural de la música en España por antonomasia que, poco a poco, se está convirtiendo en un valioso motor de empleabilidad para los miles de graduados que el sistema de educación superior musical produce anualmente.

Instrumentistas que, tras sentarse en las sillas de las mejores y más prestigiosas jóvenes orquestas de Europa, pasan a ocupar vacantes en instituciones y agrupaciones de menor nivel que, generaciones anteriores con el mismo perfil, no tuvieron la necesidad de “rebajarse” profesionalmente y todo, básicamente, porque músicos de tal nivel eran fichados automáticamente por las orquestas sinfónicas y universidades con mayor autoridad.

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LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Por otro lado, están los que, ni con inversión, esfuerzo, ilusión ni suerte,  consiguen posicionarse en este tan gratificante como complejo sector.

Puede que estés haciéndolo todo lo bien que sepas; puede que te estés intentado dedicar al mundo de la especialización y no estés pagando todos los precios necesarios para ello (empezando por la propia movilidad, inversión y constancia), puede que apuestes por la diversificación, pero no estés enfocando debidamente tus nuevos perfiles acorde a tus capacidades y demandas, puede que, debido a una falta de auto-conocimiento, tus aspiraciones no estén equilibradas con aquello que puedes ofrecer, puede que no estés en el lugar correcto ni en el momento idóneo o, simplemente, puede que no estés teniendo suerte (algo subjetivo y para muchos no existente).

El camino que se ha de recorrer hasta llegar a vivir de la música está lleno de buenos e inolvidables momentos, eso es innegable, un camino que te brinda la oportunidad de conocer mundo, descubrir personas increíbles, experimentar los beneficios de la cultura, sensibilizarte y aprender e interiorizar un sinfín de valores que te harán de desarrollarte hasta límites que, lejos de la música, quizás no hubieras alcanzado jamás.

Sigue intentándolo, no te frustres, pero si decides tirar la toalla y dedicarte a otra cosa, no te lo tomes como un fracaso, pues no materializar los sueños es algo que ocurre en todas las ramas académicas y en todas las carreras profesionales, artísticas o no. Haber dedicado parte de la vida a la música, aunque no acabes viviendo de ella íntegramente (aunque siempre te va a permitir tener una mínima fuente de ingresos) siempre dejará un poso en ti, en tu forma de ser, en tus aficiones, en tu forma de expresarte y en tu alma.

Hoy, tras años consumiendo y contemplando la extendida  y vírica cultura de los “ni-ni” y el “ninismo”, y aunque no seas consciente de ello, el mismísimo instante en el que decides compaginar el conservatorio con los estudios obligatorios, algo que sólo sabe aquél que lo ha experimentado o a tenido alguien involucrado desde muy cerca, ya te convierte en auténtico superhéroe de tu generación.

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MIRADA AL FUTURO: EL OTRO TIPO DE SUPERHÉROE

Hay que asumir que nos ha tocado vivir una época difícil o, cuanto menos, distinta a la que pudieron disfrutar generaciones anteriores, aunque por otro lado hemos tenido acceso a una mucho mayor oferta formativa y académica, y no sólo dentro de los propios conservatorios, sino también fuera de ellos.

Colateralmente, todo ello  también está haciendo que llegue la mayor profesionalidad y calidad a rincones que, años atrás, no se hubieran podido imaginar, calando en forma de una mayor democratización del acceso a la música y a la cultura.

Parte de esta crisis no es nuestra culpa, pero otra sí, y por dos motivos principales: el primero es que, si nuestro entorno cambia, e ignoramos dichos cambios, no podremos adaptarnos a ello y, consecuentemente, tendremos menos éxito en la consecución de nuestros objetivos, y segundo, si no estamos de acuerdo en cómo funcionan ciertas instituciones, mecanismos, metodologías o, llámalo “x”, y no tenemos capacidad de transformarlo de forma activa, con trabajo y resultados, sino sólo quejándonos sin, en muchos casos, una base argumental sólida, sí somos culpables.

El principal perfil del que, parcialmente, es culpable de su propia crisis suele ser aquél que está profundamente inmerso en la propia inercia de los estudios académicos de conservatorio; no sabe con exactitud lo que quiere, no paga los precios necesarios (antes mencionados) no alza la mirada para otear el horizonte profesional y lo que éste demanda, no explora sus inquietudes y se limita instruirse en lo que otros les marcan o, simplemente, está “de moda”.

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¿Sabremos canalizar la frustración de la no consecución de nuestros principales objetivos en energía que nos ayude a redescubrirnos como profesionales?

¿Aprenderemos a construir (y a enseñar) un nuevo contexto en el que aparezcan nuevos empleos y perfiles sin, necesariamente, caer en la fuerte estereotipación que ha sufrido nuestras salidas profesionales en décadas anteriores?

¿Saldremos todos los pertenecientes a “la década de los superhéroes musicales” hundidos o reforzados ante esta crisis? (Musical y global)

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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¿QUÉ ES EL ARTE? ¿MÚSICOS Y/O ARTISTAS?

Cualquiera que se haya parado mínimamente a observar, pensar y reflexionar al respecto, se habrá dado cuenta que existen pocos conceptos que puedan llegar a ser tan abstractos y ambiguos como puede ser aquello que denominamos “arte”. Realmente, al igual que otro gran abanico de palabras y sus correspondientes derivados lingüísticos (artista, artístico, artesanal, etc…) éste es un término que ponemos en nuestras bocas cotidianamente con gran facilidad. Usándolo para nombrar, describir o calificar, escuchar o escribir este fácil conjunto de cuatro letras es algo que no suele resultar desagradable, es más, suele aderezar con cierta sensibilidad y profundidad todo aquello que acompaña o describe.

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De tal manera, si por sí misma es una palabra asidua en nuestras conversaciones y pensamientos rutinarios, lo es más, por pura inercia, para aquellas personas que bien por necesidades profesionales o académicas, o bien por afición, están más relacionadas con la práctica o consumo de lo que podemos denominar “disciplinas artísticas”. En este gran y diverso grupo podemos englobar algunas como el teatro, la danza, las artes plásticas, el cine, la literatura, la arquitectura, la escultura, el dibujo, la fotografía, etc…  camaraEsta lista podría proseguir hasta límites desmesurados, sobro todo teniendo en cuenta las múltiples acepciones que puede tener esta palabra ya que, por ejemplo y entre otras muchas, la usamos para calificar a algo o alguien como habilidoso en un campo específico (ejemplo: “es un artista de la cocina”). También, por otro lado, se puede emplear con tal de hacer referencia a los conocimientos y prácticas englobados en una disciplina determinada u oficio (ejemplo: “el arte de la pesca”). Y todo ello teniendo sólo en cuenta que esos límites pueden ir mucho más allá si nos salimos de la línea de la cultura y del pensamiento occidental y moderno.

Desde un punto de vista estrictamente teórico, el arte es cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética y comunicativa mediante el cual expresamos una idea o emoción. Según la antropología, la ciencia que estudia de forma holista al ser humano, el arte es uno de los pilares que convirtieron al “homo” en “sapiens”, atribuyendo a la aparición del aprendizaje simbólico, es decir, la capacidad de crear, interpretar y transmitir símbolos, como un ingrediente esencial para que este concepto tan abstracto cambiase el transcurso de nuestra evolución.

Asimismo, lo que ante todo y por encima de todas las cosas es un arte, pero a veces se nos olvida, es la música. Desde un punto de vista y experiencia personal, en nuestras distintas etapas como estudiantes no hablamos de arte desde un plano más allá de la música (y a veces ni desde el meramente musical), no abordamos la interiorización de este concepto y las infinitas posibilidades que brinda, es más, podemos llegar hasta a huir de ello no siendo conscientes de los beneficios que nos puede acarrear como profesionales y como personas. danzaEs más, si alguien se dispusiera a compartir ideas o reflexiones al respecto en cualquier cafetería de cualquier conservatorio profesional o superior al uso, es muy probable que coseche un gran porcentaje de “no me ralles” por parte de aquellos compañeros a los que invitara a tomar pié en dicha conversación. Con esto no quiero estereotipar el poco interés que los actuales alumnos de dichos centros pueden presentar al respecto, simplemente, he pasado recientemente muchos años en ellos y he sacado superficialmente esta conclusión. Ojalá me esté equivocando, es más, me equivoco, pues la verdad es que sí que he tenido la suerte de interactuar con múltiples personas que desbancan el presente párrafo, lo cual me motiva e ilusiona, por ello y creyendo en sus inconmensurables beneficios, critico su rechazo y animo a usar la música como vía para explorar y entender el arte más allá de los sonidos.

Posiblemente, el problema sea de raíz. Cuando nos iniciamos, sea en el contexto que fuere, quizás no se realizan actividades específicas, no se usa un lenguaje correcto o propicio o no se fomentan hábitos que nos ayuden a hablar y reflexionar sobre el arte como concepto puramente, y por qué no decirlo, filosófico, es decir, no se suelen facilitar herramientas que nos ayuden a ser “más artistas” o “tan artistas como músicos”. Por norma general, solemos introducirnos en la música, intencionadamente o no, como una disciplina más técnica que artística, produciéndose, como consecuencia, una inclinación de nuestra perspectiva hacia la misma como tal. teatroCon esto no quiero decir, ni mucho menos, que las prácticas y costumbres del sistema educativo musical de España falle, para nada y es más, no podría ser así si estamos siendo testigos de la mayor y mejor generación de músicos que posiblemente hayamos tenido en nuestra historia nacional, situando el nivel de éstos como una referencia internacional e imponiéndose su categoría profesional en rincones de todo el mundo, simplemente, todo esa fábrica de talento sólo podría encontrar beneficios si se potenciara la transgresión de la música desde una perspectiva artística transversal y multidisciplinar.

Más adelante, iré proponiendo, desarrollando y dando forma a alguna idea al respecto que me sobrevuela la sesera, aunque muchas veces es tan importante y trascendente invitar  a realizar un proceso de “feedback”, tanto emocional como pedagógicamente significativo, de una experiencia o proyecto, situándose al mismo nivel, o por encima, de la propia actividad realizada. Es importante y oportuno señalar que esta propuesta crítica o de posible mejora de la enseñanza musical es, al igual que otras como el desarrollo de la inteligencia emocional o los valores ético-morales, algo complementario, ya que a veces pueden resultar tan atractivas y seductoras por sus contenidos y metodologías innovadoras que podamos llegar a obviar el mero aprendizaje y práctica de la música. No sería la primera vez que el “kétchup” se convirtiera en el ingrediente principal del plato.

Gracias por su visita y tiempo. Poco a poco y entre todos, estamos sacando a la luz el valor de la música y logrando ubicar a la misma como una potente herramienta de desarrollo personal y social. Si has llegado hasta aquí abajo, significa que tienes interés por ello, así que enhorabuena y, de nuevo, gracias.

Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa

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