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LA DÉCADA ESPAÑOLA DE LOS SUPERHÉROES MUSICALES

Jóvenes instrumentistas ocupando muchas de las vacantes orquestales más cotizadas de todo el mundo, habituales maestros de escuela e institutos con la experiencia y formación musical que, décadas atrás, las instituciones educativas sólo hubiere soñado, profesores de conservatorio y escuelas de música no regladas que cubren las paredes de sus habitaciones con diversos títulos superiores y de máster, acumulando centenares de horas perfeccionamiento en múltiples disciplinas musicales, algunos, incluso, se doctoran.

Hábiles músicos que, tras su paso por algunas de las mejores orquestas jóvenes, conservatorios y academias del mundo, pasan a ocupar  vacantes en bandas militares o a practicar la docencia en organizaciones no lucrativas donde, a veces, no disfrutan ni de un contrato de trabajo.

Décadas atrás, profesionales del mismo nivel, o incluso menor, conseguían puestos de trabajo casi utópicos para los que luchan por hacerse un hueco en el actual mundo laboral y tales como, por ejemplo, aprobar unas oposiciones de profesor de enseñanzas profesionales o de intérprete de bandas municipales u orquestas sinfónicas con poco más de 20 años, algo que, años atrás, si fue más común.

Promociones enteras de titulados superiores que se ven obligados, por la propia naturaleza y exigencia de la actualidad del sector, a seguir invirtiendo sus recursos, y los de sus familias, en formación, desplazándose a otros países, tanto dentro como fuera de Europa, en busca de la oferta universitaria, de grado y posgrado, que España, nuestro propio país, aún no ha sido  capaz de satisfacer por completo en lo que al sector de las artes escénicas y música concierne.

Sea como fuere, la gran descompensación que se ha producido en nuestro sector entre oferta y demanda, provocando un embudo en el acceso a determinados y muy solicitados puestos de trabajo, el gran apoyo económico y familiar que han disfrutado muchos de los estudiantes de música de esta generación, permitiéndoles invertir tiempo y recursos en viajes y formación, y alentado por la propia mentalidad y personalidad, abierta y flexible ante los cambios que caracteriza al grueso de los jóvenes de nuestros días, ha provocado que nos veamos inmersos en una crisis académica y profesional, donde el precio a pagar para alcanzar las metas propuestas está siendo muy caro.

CRISIS: ¿TRAGEDIA U OPORTUNIDAD?

A priori, la palabra “crisis” no suena nada bien, pues hace referencia a una situación difícil e incómoda. No obstante, las crisis vienen marcadas por cambios, cambios que, según la capacidad y plasticidad de las personas (o las cosas) para adaptarse a lo nuevo, pueden provocar que se salga reforzado (o totalmente hundido) de esta época coyuntural que a muchos nos ha tocado vivir.

Este periodo, que no ha dibujado unas cifras y contexto muy diferente al de otros sectores ni al de la propia economía global, nos está dejando cambios tangibles que ya han calado en los currículums, mentalidad, personalidad y en el proceso estratégico de toma de decisiones de músicos de todas las disciplinas.

La amplísima oferta de formación académica que posee actualmente nuestro sistema educativo en España, integrada por centenares de conservatorios profesionales y más de 20 de enseñanza superior, ha lanzado al mercado laboral, y sobre todo en la última década, a miles de alumnos egresados. De todos ellos, sólo un pequeño porcentaje está consiguiendo (y conseguirá) alcanzar aquellas tan ambiciosas metas con las que muchos soñaban al inicio de sus andaduras.

La “crisis” que hemos o estamos atravesando ha provocado que se haya alcanzado un altísimo grado de especialización y diversificación profesional. La ambición ha calado, a veces por iniciativa propia y en otros casos por pura necesidad,  en las perspectivas profesionales de todos los que intentan desenvolverse en este “mundillo”.

“Claros y oscuros” puede que sea la expresión que más nos ayude a entender el fenómeno de “la década de los superhéroes musicales” aunque, de todas formas, cada involucrado, respecto a sus experiencias, percepciones y el análisis más conveniente que a cada uno le interese realizar, construirá una propia opinión al respecto, tal y como yo mismo he hecho y así transmito.

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SUPERHÉROES A CUALQUIER PRECIO

Exceptuando casos aislados, el precio final ha subido, es decir, la cantidad de recursos y esfuerzos empleados para conseguir un fin concreto se ha visto incrementada respecto a generaciones anteriores y, como ya he mencionado antes, no es algo exclusivo que esté ocurriendo en la música, sino en cualquier sector académico y laboral.

Después de la carrera, otra carrera, máster, doctorado, idiomas, jóvenes orquestas,  y otro largo sinfín de formación y experiencias personales y profesionales que, según esperas, te podrán acercar algún día a alcanzar esos sueños que muchos persiguen. Mientras, lo único que está claro es que, en todas las ramas profesionales de la música, podemos encontrar auténticos superhéroes, es decir, gente muy formada, especializada y experimentada que está dispuesta a hacer y moverse donde sea necesario para llevar a cabo la labor que tanto esfuerzo y recursos le ha costado materializar.

Consecuentemente, los que ofertan endurecen y amplían los filtros de acceso y, quitando esas ocasiones en las que se practica el “enchufismo” y la “dedocracia” no merecida a base de trabajo y méritos, el nivel de todos los subcampos profesionales de la música se ha visto incrementado.  Con esto, no quiero decir que “los de antes” fuesen peores y “los de ahora” mejores, ni mucho menos, pero lo que no se puede negar es que ahora hay muchos más entre los que elegir para un puesto, habiendo dejando en las manos de la propia competitividad entre aspirantes el natural aumento de nivel y requisitos previos.

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RENACIMIENTO PROFESIONAL: LA DIVERSIFICACIÓN

En los últimos años, unas de las necesidades por las que nos hemos visto fuertemente influidos ha sido la de diversificación profesional. Bien por inquietud propia o bien por aumentar y ampliar estratégicamente las competencias que te lleven a conseguir ese empleo dentro del mundo de la música que siempre soñaste, muchos han explorado y coqueteado con otras disciplinas de las cuales antes sólo conocían el nombre.

Un simple libro, asignatura optativa, conferencia, vídeo, curso o inquietud tras la visualización de una oferta de trabajo ha hecho que algunos redescubran sus pasiones, aquellas disciplinas donde no te importaría profundizar e invertir. Pedagogía, gestión y producción, sonología, musicoterapia, luthería, dirección, composición, investigación, redes sociales, emprendimiento empresarial u otros formatos de interpretación menos tradicionales son algunas de las áreas, entre otras, donde algunos han visto renacer y bifurcar sus pasiones y perspectivas profesionales.

Un gran número, tras haber diversificado y ampliado sus conocimientos y habilidades más allá de lo estrictamente interpretativo, han reconfigurado su visión y entendimiento de la música como empleo y disciplina artística y social, no habiendo dejado necesariamente de lado por ello sus carreras como instrumentistas.

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ALTA ESPECIALIZACIÓN

Actualmente, a parte de los que se decantan por la diversificación como estrategia competitiva, inquietud de desarrollo personal u otros motivos, existe otro colectivo de superhéroes musicales; los altamente especializados.

En contraste de los que optan por aumentar sus competencias y crean sinergias con uno mismo, están aquellos que apuestan por adentrarse en sus pasiones hasta lo más profundo. Instrumentistas, directores,  compositores y otro largo etcétera de trabajos artísticos que, prácticamente, funden su vida personal con la profesional, convirtiéndose en auténticos expertos y referentes de su materia.

Viajan, hablan diferentes idiomas, se forman (y forman) durante todo el año concurriendo a cursos, festivales, conferencias y concursos por todo el mundo, invierten todos los recursos que poseen (tiempo y dinero) en perseguir sus sueños, además de sacrificar, en la práctica totalidad de los casos, la cercanía a sus familias y posibles parejas.

El precio de la especialización de élite es alto, tanto en lo concerniente al coste económico como al personal y emocional, pero cada vez hay más gente dispuesta a pagarlo, y no sólo en la música, ya que es algo extrapolable a otros campos profesionales, sobre todo en aquellos más susceptibles de cultivar y cosechar la famosa “marca personal” (algo para lo que muchos dedican sus vidas y ni siquiera conocen su existencia).

“El que la sigue, la consigue”, un dicho popular que se convierte en el status quo de este perfil de superhéroes que, día tras día, se levantan con el principal propósito de transformar su sueño en su medio de vida. Muchos, por suerte y como aliciente para la esperanza de otros que vienen pisando fuerte de promociones posteriores, lo consiguen.

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LA INFLUENCIA DE LOS SUPERHÉROES EN EL SECTOR

Para sorpresa de gran parte de los ajenos a este mundo, los músicos debidamente formados no se mueren de hambre, es más y respeto a mi experiencia y entorno, la gran parte de ellos consigue tempranamente un puesto (o “puestillo”) de trabajo  o involucrarse en cualquier tipo de proyecto musical que les reporte una remuneración, pero la masiva competencia y la energía que surge para alcanzar las metas propuestas, además de la propia exigencia de continua evolución que cualquier disciplina musical presenta, provoca que los jóvenes músicos sintamos ambición y necesidad, a partes iguales, por seguir desarrollando nuestras carreras; la historia del no conformarse.

El impresionante incremento de un número de demandantes muy formados ha provocado que los empleadores puedan exigir más requisitos y nivel. Asimismo, también hemos sido testigos de cómo bases de oposiciones y de otros procesos de selección han endurecido los baremos y sus puntuaciones, aun así, siempre hay uno o varios individuos que revientan con su palmarés las esperanzas de los que intentan hacerse un hueco dentro del empleo público.

Más allá de lo obvio, es decir, que la accesibilidad a los empleos más demandados se ha visto mermada, existen, y en muchos contextos ya disfrutan, efectos muy positivos en todo este fenómeno que intento analizar, como, principalmente, que todos los puestos de trabajo se están cubriendo por gente altamente formada y competente en sus especialidades, además, la calidad y profesionalidad está calando en subsectores como el de las escuelas y bandas de música, fuente cultural de la música en España por antonomasia que, poco a poco, se está convirtiendo en un valioso motor de empleabilidad para los miles de graduados que el sistema de educación superior musical produce anualmente.

Instrumentistas que, tras sentarse en las sillas de las mejores y más prestigiosas jóvenes orquestas de Europa, pasan a ocupar vacantes en instituciones y agrupaciones de menor nivel que, generaciones anteriores con el mismo perfil, no tuvieron la necesidad de “rebajarse” profesionalmente y todo, básicamente, porque músicos de tal nivel eran fichados automáticamente por las orquestas sinfónicas y universidades con mayor autoridad.

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LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Por otro lado, están los que, ni con inversión, esfuerzo, ilusión ni suerte,  consiguen posicionarse en este tan gratificante como complejo sector.

Puede que estés haciéndolo todo lo bien que sepas; puede que te estés intentado dedicar al mundo de la especialización y no estés pagando todos los precios necesarios para ello (empezando por la propia movilidad, inversión y constancia), puede que apuestes por la diversificación, pero no estés enfocando debidamente tus nuevos perfiles acorde a tus capacidades y demandas, puede que, debido a una falta de auto-conocimiento, tus aspiraciones no estén equilibradas con aquello que puedes ofrecer, puede que no estés en el lugar correcto ni en el momento idóneo o, simplemente, puede que no estés teniendo suerte (algo subjetivo y para muchos no existente).

El camino que se ha de recorrer hasta llegar a vivir de la música está lleno de buenos e inolvidables momentos, eso es innegable, un camino que te brinda la oportunidad de conocer mundo, descubrir personas increíbles, experimentar los beneficios de la cultura, sensibilizarte y aprender e interiorizar un sinfín de valores que te harán de desarrollarte hasta límites que, lejos de la música, quizás no hubieras alcanzado jamás.

Sigue intentándolo, no te frustres, pero si decides tirar la toalla y dedicarte a otra cosa, no te lo tomes como un fracaso, pues no materializar los sueños es algo que ocurre en todas las ramas académicas y en todas las carreras profesionales, artísticas o no. Haber dedicado parte de la vida a la música, aunque no acabes viviendo de ella íntegramente (aunque siempre te va a permitir tener una mínima fuente de ingresos) siempre dejará un poso en ti, en tu forma de ser, en tus aficiones, en tu forma de expresarte y en tu alma.

Hoy, tras años consumiendo y contemplando la extendida  y vírica cultura de los “ni-ni” y el “ninismo”, y aunque no seas consciente de ello, el mismísimo instante en el que decides compaginar el conservatorio con los estudios obligatorios, algo que sólo sabe aquél que lo ha experimentado o a tenido alguien involucrado desde muy cerca, ya te convierte en auténtico superhéroe de tu generación.

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MIRADA AL FUTURO: EL OTRO TIPO DE SUPERHÉROE

Hay que asumir que nos ha tocado vivir una época difícil o, cuanto menos, distinta a la que pudieron disfrutar generaciones anteriores, aunque por otro lado hemos tenido acceso a una mucho mayor oferta formativa y académica, y no sólo dentro de los propios conservatorios, sino también fuera de ellos.

Colateralmente, todo ello  también está haciendo que llegue la mayor profesionalidad y calidad a rincones que, años atrás, no se hubieran podido imaginar, calando en forma de una mayor democratización del acceso a la música y a la cultura.

Parte de esta crisis no es nuestra culpa, pero otra sí, y por dos motivos principales: el primero es que, si nuestro entorno cambia, e ignoramos dichos cambios, no podremos adaptarnos a ello y, consecuentemente, tendremos menos éxito en la consecución de nuestros objetivos, y segundo, si no estamos de acuerdo en cómo funcionan ciertas instituciones, mecanismos, metodologías o, llámalo “x”, y no tenemos capacidad de transformarlo de forma activa, con trabajo y resultados, sino sólo quejándonos sin, en muchos casos, una base argumental sólida, sí somos culpables.

El principal perfil del que, parcialmente, es culpable de su propia crisis suele ser aquél que está profundamente inmerso en la propia inercia de los estudios académicos de conservatorio; no sabe con exactitud lo que quiere, no paga los precios necesarios (antes mencionados) no alza la mirada para otear el horizonte profesional y lo que éste demanda, no explora sus inquietudes y se limita instruirse en lo que otros les marcan o, simplemente, está “de moda”.

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¿Sabremos canalizar la frustración de la no consecución de nuestros principales objetivos en energía que nos ayude a redescubrirnos como profesionales?

¿Aprenderemos a construir (y a enseñar) un nuevo contexto en el que aparezcan nuevos empleos y perfiles sin, necesariamente, caer en la fuerte estereotipación que ha sufrido nuestras salidas profesionales en décadas anteriores?

¿Saldremos todos los pertenecientes a “la década de los superhéroes musicales” hundidos o reforzados ante esta crisis? (Musical y global)

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EL SÍNDROME DEL MÚSICO IMPOSTOR

Hacía tiempo que tenía ganas de hablar en profundidad de un tema que descubrí, en verdad, por casualidad, y no es otro que de “el síndrome del impostor” y cómo éste nos afecta, o puede afectarnos, a los estudiantes y/o profesionales de la música.

En verdad, éste es un tema que se ubica en el ámbito del pensamiento; de cómo el entorno nos influye y afecta en nuestra forma de actuar, las herramientas personales que desarrollamos para valorar la información que filtramos desde el exterior, el trascendental proceso y fenómeno de la toma de decisiones, además de por qué y de qué manera nosotros decidimos alcanzar una meta(s) determinada, suponiendo que se tenga la suerte de tener una(s).

No obstante, también se encuentra muy conectado con el emprendedor, o ausencia del él, que llevamos dentro, pues este síndrome te aleja y te mantiene apartado de evolucionar en muchos aspectos; hace que te invadan las inseguridades, te hace víctima de las constantes auto-comparaciones, provoca que te ahogues en las inercias sociales y profesionales y perfuma con un poco (o bastante) miedo cualquier decisión o actitud que vaya a hacer que des un paso al frente, indistintamente de la dirección en la que se decida avanzar.

En primer lugar, y separado aún de lo estrictamente musical, desnudemos este “síndrome”.

 

¿QUÉ ES Y CÓMO SE MANIFIESTA EL “SÍNDROME DEL IMPOSTOR”?

Principalmente, es la sensación continua de que no se está lo suficientemente preparado para realizar alguna acción y/o asumir una responsabilidad o cargo. Es aquel sentimiento de que lo que haces, pretendes hacer, o lo que ofertas como profesional, no se encuentra a la altura real de lo que supuestamente debería de ser.

Éste, por las conclusiones a las que he llegado tras unas semanas de consumir y depurar bastante información al respecto, se puede manifestar en dos niveles distintos:

1- ANTES DE (ofrecer una información, producto, servicio o asumir un cargo*)

En este primer nivel, el síndrome del impostor te hará sentir que nunca estarás preparado para hacer algo que, realmente y en teoría,  si estás, ya que llevas formándote para ello años atrás; invirtiendo mucho tiempo, esfuerzo y recursos en el camino.

Llegados a este punto, es muy común estancarse. Estamos hablando de esa etapa formativa y académica que nunca acaba y donde uno no busca el mero hecho de evolucionar como profesional y satisfacer aquellas inquietudes que vayan surgiendo por el camino, sino auto-convencernos (y auto-convencer) de que estamos preparados para hacer algo, midiendo esa preparación en títulos, certificaciones y en el número de viajes que hacemos a la tienda de enmarcaciones.

Dicha sensación te absorbe y empuja hacia un vórtice actitudinal del que sólo se puede escapar de una única forma, tomando decisiones, asumiendo responsabilidades, arriesgándose y emprendiendo nuevas iniciativas, es decir, la famosa salida de la “zona de confort”.

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2- DESPUÉS DE  (*)

El segundo nivel se da en aquellas personas que, bien ya ofrecen sus servicios o productos a terceros, o bien desempeñan ciertos puestos en empresas, instituciones u otras organizaciones.

A pesar de ya haber dado el paso que los estancados en el nivel anterior no dieron, los que aquí están bajo los efectos del síndrome del impostor experimentarán, en mayor en menor medida, una continua sensación de estar defraudando a los de su entorno, sobre todo el profesional y el académico.

Dicha sensación fraudulenta, podrá surgir en el momento que se te pase por la cabeza que no estás lo suficientemente preparado/a para desempeñar alguna función o cargo, que el producto o servicio que ofreces y vendes no es tan bueno como intentas transmitir o que, en general, no sientes que puedas satisfacer las expectativas que recaen sobre ti.

Aquellos que se dejen vencer por las inseguridades, las malas comparaciones y dejen que sus pensamientos sean absorbidos por los síntomas antes mencionados, podrán dejar de ofrecer sus creaciones, dimitirán de sus cargos hacia otros de menor responsabilidad o, como mínimo, sufrirán un profundo estancamiento en sus carreras profesionales, puesto que éste impide que tu actitud evolucione.

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Curiosamente, es bastante frecuente encontrarse a grandes y exitosos profesionales bajo el fantasma del impostor, ya que al saber tanto, y de una forma tan profunda, sobre algo en concreto y rodearse normalmente de gente que también posee una gran experiencia sobre ese tema en común, creen que lo que saben, hacen u ofrecen no tiene, en verdad, el valor que otros le dan, sintiendo nuevamente esa sensación de ser un fraude.

Al normalizar y menospreciar todo lo que eres capaz de aportar mediante tus conocimientos, habilidades y experiencia, creerás que tu valor como profesional menguará, siendo todo fruto de nuestros propios pensamientos y del análisis e interpretación personal que hagamos de “la realidad”.

 

FACTORES EN COMÚN DEL PENSAMIENTO IMPOSTOR

-Es una actitud que se engendra desde el ámbito académico y profesional pero puede llegar a influirnos, en gran medida, en lo meramente personal.

-Es muy común que los impostores piensen que el éxito proviene de algo tan ambiguo como es la propia suerte, y no de una serie de esfuerzos, sacrificios y decisiones correcta y estratégicamente tomadas en una dirección concreta.

-Realizan comparaciones continuas con aquellos que están (o creen que están) por encima de ellod en cuento a conocimientos, destrezas, titulaciones, experiencia o posicionamiento profesional, en general, dentro de un sector.

-Suelen presentar un alto grado de exigencia personal. Ésta, de una forma controlada, es buena, ya que puede sacar lo mejor de nosotros, pero una incontrolada auto-exigencia puede provocar que nunca estemos satisfechos con nuestro trabajo, atentando gravemente contra nuestra auto-estima. Como no sé algo, no sé nada, o como no lo hago perfecto, no lo sé hacer (típico pensamiento impostor).

-Excesiva conciencia de humildad y/o mala interiorización del propio concepto. [LECTURA RECOMENDADA: LA HUMILDAD COMO VALOR TRANSVERSAL EN LA MÚSICA]

Miedo al fracaso y a cometer errores en público.  Vergüenza y coacción personal por el hecho y posibilidad de ser juzgados.

-Sensación de que sólo tiene valor aquello que cuesta mucho trabajo realizar, asumir o producir. Aquello que se lleva a cabo con “facilidad” y solvencia (normalmente aprendido a base de experiencia, formación y repetición), no merece ser valorado como algo que, desde nuestra intuición, si lo debería ser.

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EL SÍNDROME DEL MÚSICO IMPOSTOR.

El mundo de la música es altamente proclive a generar impostores en potencia: una alta competitividad y grado comparativo entre profesionales y estudiantes, los miedos e inseguridades presentes en la propia naturaleza de la interpretación artística y su dependencia de “el directo”, un mundo laboral muy pequeño en el que (casi) todos nos conocemos (física o digitalmente), presencia de fuertes e inflexibles estereotipos de éxito musical o, entre otros factores, el secuestro racional y emocional que hacemos de nosotros mismos persiguiendo ciertas metas de forma ineficiente.

 

De tal forma, existen cinco grandes apartados que, si te sientes identificado con alguno de ellos, puede que te estén arrastrando hacia el lado impostor.

1- Miedo a compartir tu trabajo, productos y éxitos académicos y profesionales.

Muchos músicos aún no se han dado cuenta que su empresa son ellos mismos, y que tienen que tener un bonito y ordenado escaparate, pero recuerda que lo que muestres en él siempre se tiene que corresponder en calidad con lo que hay dentro de la tienda, de lo contrario, sí que estarás defraudando de verdad a tu comunidad.

Asimismo, aún hay músicos que crean y no muestran masivamente en sus redes profesionales y sociales sus productos, o que cosechan un importante éxito y no lo comunican, siendo el intuido y mal interiorizado concepto de humildad el principal causante de ello.

Obviamente, todo emana del miedo a ser juzgado o de pensar que, como hay gente por encima de nosotros en cualquiera de las cosas en las que podamos a destacar, algo no pueda suponer una proeza, confundiendo el éxito personal con lo que podría suponer un caso de éxito para otras personas más avezadas y experimentadas profesionalmente que nosotros.

A menudo, directamente, a lo que se tiene miedo es a crear algo y a mostrárselo al mundo. Ten muy en cuenta que si te gustaría producir tus propios vídeos, componer nueva música, escribir un blog, llevar a cabo una idea de emprendimiento empresarial, compartir con tu comunidad un nuevo éxito o proeza, grabar un disco o abrir un canal de podcasting, entre otras iniciativas, y no lo haces, ya sabes lo que te ocurre, y es, básicamente, que eres una nueva víctima del síndrome del músico impostor.

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2- Fiebre académica

El mundo de la música académica, y sobre todo el de los conservatorios, es muy susceptible de dejarse llevar por la actual, interminable e insaciable, fiebre académica: cursos, clases de todo tipo, segundas o terceras carreras para completar la formación principal, másteres, asistencia a encuentros y eventos profesionales de todo tipo, etcétera.

Esta ambición por seguir aprendiendo y mejorando es inmejorable, lo que sí es mejorable y necesario es que llegue el día en el que decidas emprender y tomar iniciativas entorno aquello en lo que tanto te has formado.

Siempre va a haber algo que te quede por saber o dominar, y no es necesario tener un título o certificado de absolutamente todo para estar seguro de que realizarás algo satisfactoriamente. Como mejor se aprenden las cosas es experimentándolas y usando las técnicas, habilidades y conocimientos que hemos interiorizado durante nuestra formación.

Recuerda, ¿te formas por la propia ambición de aprender y desarrollarte, o te formas para auto-convencerte (y auto-convencer a los demás) de que estás preparado para desempeñar alguna función coleccionando certificaciones? De ser como en el segundo caso, demos de nuevo la bienvenida al pensamiento impostor.

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3- Comparaciones

Cierto es cuando se dice que las comparaciones son odiosas, y cuando hablamos de posibles víctimas del síndrome del impostor, aún más, ya que éstos siempre van a ir a compararse con aquellos que justifiquen su falta de iniciativas.

En el mundo de la música, todos nos conocemos, si no es personalmente, algo habremos oído hablar sobre ese alguien o habremos consumido algo de información en las redes sociales o internet al respecto.

Conocer quiénes son y qué hacen  las personas que están involucradas en nuestro mismo sector profesional no es, para nada, malo, lo perjudicial es usar toda esa información para hacer agravios comparativos contra nuestra propia persona.

Los músicos no impostores contextualizan toda esa información y lo que hacen es construir referencias, en cambio, los sí impostores se comparan con aquellos que, en teoría, están por encima dentro de un mismo sector o profesión. Las comparaciones o referencias son inevitables, y siempre va a haber alguien por encima de nosotros en formación, experiencia y prestigio profesional, pero eso no quita que tú no estés de sobra y altamente preparado para realizar la misma actividad que éstos.

En estos casos, el típico músico impostor, se esconde en este tipo de comparaciones  para no realizar pruebas, no acudir a audiciones, no concurrir a procesos de selección u oposiciones, a no difundir su música en la red o no compartir sus proezas.

Curiosamente, si os habéis dado cuenta, lo músicos que no se dedican profesionalmente a la misma, no tienen ningún problema en compartir y difundir sus creaciones, y es principalmente porque no tienen miedo a ser juzgados, ni a ser comparados ni criticados por lo que otros esperan de ellos, sólo disfrutan y hacen llegar a todos los posibles lo que han creado. ¿Tendremos mucho que aprender de cómo los músicos no profesionales gestionan, viven, aprenden y se sacrifican por la música?

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4- Inercias profesionales y estereotipos de éxito en la música.

La mayoría de los tradicionales perfiles profesionales que encontramos en el mundo de la música están sometidos a fuertes estereotipos. Frecuentemente, desde los primeros cursos de los estudios profesionales ya nos empiezan a imponer de una forma un poco enlatada a qué nos podremos dedicar en este sector y a cómo conseguirlo.

Tristemente, y más allá de lo que debería de ser, el abanico de posibilidades que se suele ofrecer no es, que se diga, demasiado amplio: orquestas, bandas, docencia y poco más. [LECTURA RECOMENDADA: MÚSICOS PROFESIONALES VS PROFESIONALIZARSE CON LA MÚSICA]

Por otro lado, a parte del empleo-estereotipo, existe cierta jerarquización en cuanto a qué trabajos están, más o menos, ligados con el éxito: directores de orquesta, solistas internacionales, músicos de ópera u orquesta sinfónica, profesores de prestigiosos conservatorios o academias, etcétera.

La gran parte de los que deciden emprender el camino hacia alguna de esas exitosas profesiones, lo hacen intentando seguir los pasos de otros que, o ya lo han conseguido, o están muy cerca de ello; concursos de solistas, jóvenes orquestas, “estratégicas” clases privadas con profesionales del sector o diversos estudios en el extranjero, por ejemplo.

La inercia podrá hacer que entremos en un círculo vicioso de metas predefinidas, mentalidad y comportamiento profesional, trayectoria académica e imitación de otras personas supuestamente exitosas. Todo lo que se salga de esos cánones, puede que esté fuera de nuestra zona de confort musical, ya que es más fácil y cómodo optar por aquello que sabemos que socialmente se nos premiará, además ya tenemos referencias y ejemplos de cómo llegar hasta ello.

Para nada os quiero transmitir con todo esto que el hecho de desear y querer optar a ciertos empleos tan bellos y gratificantes como los anteriormente mencionados sea algo perjudicial, ni mucho menos, pero sí lo es cuando uno mismo persigue alguno de estos estereotipos profesionales sin, en el fondo, desearlo.

En este apartado, el prototipo de músico impostor es aquél que se deja llevar por lo más normalizado y, a pesar de que anhela perseguir otras metas distintas a las  comunes y preestablecidas, no lo hace, siendo preso de las inseguridades como: creer que no se tiene capacidad y personalidad para innovar, no estar lo suficientemente preparado para perseguir sueños diferentes a los de la mayoría o pensar que, a pesar de tener evidencias de lo contrario, nunca llegarás a vivir y a ser respetado por hacer lo que realmente te apasiona, asumiendo con personalidad que, posiblemente, nunca llegarás a ser considerado alguien exitoso dentro de tu sector.

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5- Asumir nuevas y mayores responsabilidades:

El hecho de asumir nuevas responsabilidades es una de las ocasiones que más nos puede hacer de evolucionar y madurar, tanto en el plano profesional como en el personal.

Aquellos que lideran iniciativas de cambio y/o responsabilidad suelen ser premiados en sus entornos con mejores condiciones laborales, mayor respeto profesional y grandes beneficios en la propia autoestima. Además, cuando asumimos nuevos y mayores cometidos, la experiencia que cosechamos en la actividad realizada se verá sumada a nosotros de manera exponencial.

En nuestros entornos musicales, existen innumerables oportunidades para dar grandes pasos hacia delante en nuestras trayectorias profesionales: podemos proponer tocar un concierto solista en alguna de las agrupaciones donde toquemos regularmente, crear y/o proponer asumir un nuevo cargo en la empresa (orquesta, grupo musical, conservatorio, escuela, etcétera) donde trabajemos o podemos dejar de eludir esa responsabilidad que siempre hacemos recaer sobre otro.

Los casos anteriormente descritos supondrían lo completamente contrario a un pensamiento impostor, es decir, a tener iniciativas o asumir nuevos retos. Al otro lado de estas situaciones, se encuentran aquellos que, a pesar de barajar atractivas propuestas y disfrutar de un entorno muy favorable para crear y aprovechar oportunidades, se dejan absorber por el estatismo, los miedos y las inseguridades.

Obviamente, hay que seguir evolucionando, y una de las mejores formas de hacerlo es asumir nuevos retos. Si sientes que nunca te encuentras preparado para lo que te proponen, no te imaginas realizando otras tareas de mayor responsabilidad o tienes miedo de tener algo a tu cargo, probablemente no tengas un problema de formación, sino de actitud y estés sufriendo profundamente el famoso “síndrome del impostor”

 

La mayoría de los contenidos expuestos en estos cinco apartados, lo he enfocado hacia la fase “antes de”. Esto ha sido así porque considero mucho más importante y beneficioso, dentro del sector musical, el hecho de emprender y liderar iniciativas de cambio.

Los músicos han de ser personas dinámicas, creativas, abiertas y dispuestas a ofrecer mucho y de gran calidad, y todo ello comienza, como siempre, con un pensamiento y una nueva actitud.

Espero haber contribuido a que haya un poco menos de músico impostor en todos vosotros. Concluyendo, os dejo con un pequeño epílogo metafórico elaborado para la ocasión.

Para hacer una gran hoguera son necesarios dos elementos: material para quemar y una chispa que inicie el fuego. Podemos estar toda la vida acumulando madera, cartón y papel en cantidades infinitas para incinerar, pero sin una pequeña llama todo eso quedará amontonado sin llegar a culminar el principal objetivo: convertirse en llamas.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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A pesar de lo que popularmente se cree, existen multitud de opciones profesionales y de ideas dónde se pueden aplicar todos los conocimientos y habilidades cosechadas tras toda una vida de dedicación y estudio de la música.

Este no es el primer artículo que se escribe al respecto, ni mucho menos. Por ello, aquí les dejo una serie de enlaces donde pueden ver otros contenidos similares (12) pero, desde mi punto de vista, son algo tradicionales y, a día de hoy, muy desgastados; dar clases particulares de tu instrumento, crear un canal de youtube, tocar en la calle, crear un blog, etcétera.

Muchas de estas nuevas ideas son fruto de la reciente revolución tecnológica que hemos vivido desde hace pocos años atrás, otras, simplemente, han sido consecuencia de la diversificación, especialización y de las nuevas necesidades surgidas y creadas en el sector.

Es preciso especificar que puede que estas ideas no sean totalmente exclusivas, es decir, que haya gente que ya las esté realizando, pero eso no significa que ustedes no puedan emprender y llevarlas a cabo en sus especialidades o contextos, eso sí, dotándolas siempre de un toque personal.

Actualmente, también es muy común, útil e interesante buscar la transversalidad entre todo tipo de ciencias y disciplinas, donde, claro está, el amplio mundo de la música no se queda al margen, ya que tiene mucho que aportar.

La principal finalidad de esta serie de artículos sobre ideas de emprendimiento musical es, más allá de iluminar y resolver la vida a nadie (ojala), proporcionar distintas, frescas y no tradicionales ideas donde poder poner en práctica (directa o indirectamente) toda nuestra experiencia y formación en el sector de la música y ganar dinero o vivir de ello, claro está.

Muchas de ellas constituyen auténticas ideas de negocio que les permitirán, si trabajan duro, convertirlas en sus trabajos principales, otras, en cambio, les ayudarán a obtener algunos ingresos extras a parte de los que ya disponen. Por otro lado, les permitirá experimentar el mágico proceso del emprendimiento que tanto llega a hacer crecer a las personas.

Es muy importante que sepan que, para casi todas de ellas, tendrán que salir de su zona de confort profesional y personal, ya que deberán de asumir nuevas competencias, lo que conlleva nuevos retos profesionales, formación, estrategia y planificación del tiempo y del esfuerzo empleado.

En cada entrega, tendré la suerte de contar con uno o varios colaboradores que, desinteresadamente, nos ofrecerán sus propias ideas; bien algo que a ellos les funciona muy bien y nos lo quieren transmitir, o bien otras ideas que creen que puedan ser de interés para otros lectores.

Para empezar, les dejo las 4 primeras ideas de emprendimiento musical.

pacoLa nº 2 ha sido cedida por Paco Yañez, tubista y experto en marketing musical, a quién le estoy muy agradecido por su colaboración, interés, grandísima profesionalidad, cercanía y compromiso con el desarrollo y emprendimiento del sector en su recomendable blog. También pueden seguirle en Facebook y Twitter.

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº1 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

CREAR UN CANAL DE PODCASTING MUSICAL TEMÁTICO

Descripción:

¿Conoces el podcasting? En pocas palabras, es como hacer tu propio programa de radio pero con ciertas peculiaridades (más información AQUÍ). Es un medio muy asequible, tanto de producir como de consumir, es un medio útil y dinámico, brindando muchas opciones de creación de contenidos: música, entrevistas, actualidad, divulgación, etcétera.

Quizás, si son expertos en alguna disciplina, instrumento musical o, simplemente, les apetece crear su propio espacio donde crear una comunidad e interactuar con ella,  no lo duden y lancen su propio canal de podcast.

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Les ofreceré una idea concreta como modelo, y se trata de un canal de podcast donde un músico pueda subir sus propias versiones de diferentes interpretaciones para su instrumento. Además, de la propia grabación, se podrán confeccionar y adjuntar una serie de notas sobre dicha obra y su compositor, una crónica sobre sus principales dificultades técnicas y musicales, consejos para su estudio, así como testimonios y reflexiones de otros reputados profesionales sobre la misma.

Después de su edición y distribución, y a parte de alojarlas en distintos canales de podcasting, también se pueden adaptar a formato de vídeo y viralizarlas en otros medios sociales como YouTube, Facebook o Twitter.

Llevar a cabo la idea es, sobre todo, cuestión de ganas de trabajar y de confiar en que nuestra música, criterio y la calidad de aquello que queremos transmitir es digna de que otros gasten tiempo en consumirla y, muy importante, que aporte valor (algo muy parecido a lo que pasa con un blog).

Si se trabaja con calidad, entusiasmo y se es constante, el éxito llamará a la puerta, más allá de todo lo que podrán aprender y crecer como músicos en la creación de cada programa, les ayudará a darse a conocer como profesionales, posicionarse en las redes sociales, conseguir oportunidades laborales y participar en eventos y otras actividades del sector, en definitiva y como bien nos explica Paco Yañez (nuestro siguiente colaborador) en uno de los artículos de su blog; construir la marca personal, la huella de cada uno de nosotros.

SECCIÓN DE MARKETING DEL BLOG DE PACO YAÑEZ

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Monetización:

Les dejo un enlace de alguien que sabe mucho mejor que yo sobre cómo monetizar un canal de podcasting.

http://nacionpodcast.com/2016/06/06/nacion-podcaster-1-01-opciones-para-monetizar-tu-podcast/

http://www.chaujefe.com/como-monetizar-un-podcast/

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

A parte de hacer un buen curso sobre podcasting, se deberá cuidar al milímetro cada uno de los contenidos y secciones del programa (buenas entrevistas, calidad en las interpretaciones y grabaciones, verificar las fuentes y contrastar muy bien la información que se proporcione) y, por supuesto, también será muy necesario tener un amplio conocimiento y destrezas sobre community managment, es decir, sobre cómo difundir y gestionar nuestros podcast en los distintos medios y redes sociales.

CURSO DE PODCASTING GRATUITO (Por Joan Boluda)

¿Se les ocurre alguna idea para crear un canal de podcasting musical?

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº2 (por Paco Yañez)

APP DE NOTAS AL PROGRAMA PARA EVENTOS

Descripción:

movilLa idea de negocio consiste en crear una APP en la que todo el contenido vinculado a un evento musical, esté disponible en una plataforma digital. Además, tendría cabida el programa del mismo y sus notas, datos sobre el evento, artistas y demás información relevante sobre el mismo.

Los beneficios por utilizar una plataforma de este tipo sería un ahorro considerable en la producción física de este material, mejora en el diseño del mismo y una experiencia de usuario memorable durante el transcurso de un concierto.

La app estaría orientada a organizaciones que desarrollan conciertos y espectáculos en vivo como actividad principal, éstas tendrían que crear su propio perfil e incorporar todo el contenido que consideren.

Monetización:

La monetización de la App sería mediante un pago mensual por usuario Premium, publicidad integrada en la app para cuentas freemium y la comercialización a terceros de los datos de los usuarios. Asimismo, también habría la posibilidad, en el caso de Eventos de Pago, que los fans pudiesen adquirir las entradas por la App, cobrando una comisión por la venta de éstas.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Respecto a las necesidades en términos de Recursos Humanos, se necesitaría un equipo de 3 promotores; un desarrollador informático, un diseñador gráfico y un profesional de la música, ya que el público objeto serían organizaciones en la que su actividad principal es la organización de conciertos. Parte de la formación que necesitaría el equipo, estaría vinculada a la Gestión Empresarial, Comercial y Marketing Digital.

*La idea original es de Paco Yáñez (Consultor y formador de Marketing Musical)

www.pacoyanez.com

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IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº3 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

MANAGER DE BANDAS DE MÚSICA

Descripción:

En España existen miles y miles de bandas de música no profesionales que inundan todos los rincones de su geografía. Los integrantes de estas agrupaciones tienen un principal fin; hacer música y vivir experiencias juntos, y cuantas más y más variadas, mejor.

En la práctica totalidad de los casos, éstas no están regentadas por profesionales de la cultura y su gestión, limitando la búsqueda y organización de sitios dónde tocar (más o menos tradicionales) y llevar a cabo otras ideas y herramientas que puedan surgir en el buen desarrollo de estos contextos.

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La idea de negocio consiste en crear una agencia, o trabajar por cuenta propia como autónomo, de manager de bandas de música. Ésta se encargaría de buscar actuaciones, tanto nacionales como internacionales, facilitando la organización de las salidas, negociando unas buenas condiciones de contratación y buscando nuevas oportunidades y nichos donde desplegar los servicios musicales ofertados.

Además de los servicios ya mencionados, se podría ofertar un servicio de asesoramiento fiscal, patrocinios, información de convocatorias de ayudas culturales (públicas y privadas), ofrecimiento y consultoría de otras actividades afines a desarrollar para el buen (o mejor) funcionamiento de nuestros clientes, etcétera.

Monetización:

La monetización de esta idea sería cobrando una comisión (fija o porcentaje) por cada actuación concretada y/o gestionada. Además, se podría abonar una cuota anual o mensual por la pertenencia a nuestra agencia de gestión, asesoramiento y consultoría.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Además de una amplia experiencia en el sector y la cultura de las bandas de música, necesitaríamos profundos conocimientos sobre gestión cultural, relaciones públicas e institucionales, idiomas y un gran olfato para las oportunidades y para solventar los problemas y/o necesidades que existan en el mundo de las bandas de música

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº4 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

CREA EL AULA DE UN INSTRUMENTO O ESPECIALIDAD MUSICAL

Descripción:

Puede que tengan un gran dominio de un instrumento o especialidad musical, pero en los centros de formación musical que están a su alcance físico no se oferta el estudio de aquello para lo que estamos perfectamente preparados de enseñar. ¡Perfecto! Ahí hay una gran oportunidad.

Muchas escuelas de música no ofrecen algunas especialidades porque no son aparentemente atractivas para los alumnos (a veces clientes) potenciales, porque desconocen la importancia y valor que podría aportar a su centro, porque no tienen las suficientes herramientas para captar alumnado o, simplemente, porque no se les había ocurrido antes.

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Instrumentos como la tuba, el contrabajo, el fagot y la trompa suelen ser víctimas de ésta discriminación en forma de ausencia de oferta y demanda de alumnado. Por otro lado, también se pueden crear aulas de pedagogía, producción musical, composición, dirección, gestión de proyectos, musicoterapia y otro sinfín de especialidades musicales, habidas y por haber.

Si son profesionales de algunos de estos instrumentos o subdisciplinas de la música, sólo tienen que contactar con los correspondientes responsables de dirección y, teniendo muy en cuenta de si se trata de un centro público o privado, hacerles llegar y exponerles el proyecto de integración que hayamos elaborado específicamente para ellos.

Tendrán que esforzarse mucho en la captación y fidelización de alumnado; campañas en redes sociales, demostraciones instrumentales, talleres y conciertos didácticos en otros centros educativos y contextos, captación de fondos para la financiación de instrumentos de préstamo y, lo más importante, una vez que lleguen al aula no deben defraudarles como profesionales ni como docentes.

Monetización:

Muy sencillo. Si logran el objetivo propuesto y, finalmente, crean un aula, lograrán un contrato de trabajo con su correspondiente remuneración que, si trabajan duro creando una gran y sólida aula, podrá incrementarse en horas y cuantía.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Lo principal para esta idea es tener un buen olfato para las oportunidades, saber crear un atractivo y elocuente dossier para nuestros proyecto de aula, tener habilidades y conocimientos sobre técnicas de captación de alumnado, ser buenos docentes y amar en profundidad aquello que queremos transmitir y enseñar, fundamental.

 

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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