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GESTIÓN DEL TIEMPO: REFLEXIÓN, FELICIDAD Y EL GUIÑO MUSICAL

¿QUÉ ES EL TIEMPO? EL TIEMPO COMO RECURSO

El tiempo, como concepto, es algo altamente complejo y su definición, experimentación y gestión personal del mismo,  por ende, lo son también. A pesar de que ni los propios expertos mundiales en física teórica se ponen de acuerdo ni sobre su propia existencia, y pasando por alto su abrumadora complejidad, todos asumimos una organización matemática del mismo basada en una división y subdivisión de los movimientos de rotación y traslación de la Tierra y en medio de gran entramado físico, metafísico y astrológico.

Sea como fuere, y gracias a la inestimable ayuda de la precisión brindada por la evolución tecnología, todos asumimos la materialización de dicho recurso resumiéndolo en entendibles, y matemáticamente relacionadas, porciones (años, minutos, segundos, semanas, días, horas, etcétera).

(DOCUMENTAL RECOMENDADO) REDES: “EL TIEMPO” (E. Punset)

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En este contexto, entendemos un día por el trascurso de 24 horas (casi exactas) o, dicho de otra forma, desde que el sol vuelve a estar en el mismo punto después de un movimiento terrestre completo. Día tras día (dicho como expresión y no como unidad de medida), organizamos y alineamos nuestras vidas respecto a este fenómeno que no podemos controlar. Por otro lado, lo que está claro es que nuestra concepción y entendimiento del tiempo es lineal, es decir, nunca volveremos a vivir (conscientemente, al menos) el día de ayer. Todo ello, convierte al tiempo, el escenario de nuestras vidas conscientes, en un recurso indomable, limitado e irrecuperable.

Sigamos en la línea de la concepción del tiempo como un recurso, y comparémoslo con el recurso por antonomasia de nuestros días; el dinero. Ve al cajero, saca 50 euros, contémplalos por unos segundos y disponte voluntariamente a rasgarlos, quemarlos, dejarlos tragar por una alcantarilla o cualquier otra creativa forma de desecharlos que se te ocurra. A priori, parece completamente absurdo, incluso se puede llegar a sufrir un poco de agobio sólo con imaginarse la situación, en cambio, hay noches que nos disponemos a conciliar el sueño y, lejos de poder compararlo con exactitud, hemos tirado por la borda una incomparable cantidad de valiosos recursos en clave de segundos, minutos y horas.

Generalmente, a la hora de gastar dinero o, económicamente hablando, realizar una inversión, solemos vigilar y meditar minuciosamente (dependiendo del contexto y la persona), la amortización de dicho gasto en forma de bienes o servicios. En cambio, cuando disponemos de un periodo de tiempo “libre” para disfrutar y manejar lejos de “nuestras obligaciones”, no solemos usar la misma vara de medir. ¿Por qué?

¿Por qué no le damos la misma o mayor importancia al tiempo que a otro recurso como es el dinero? El dinero lo vas a volver poder a ganar, es un recurso al que se puede acceder “ilimitadamente” y que se puede suministrar y generar, pero, en cambio, el tiempo no, pues una vez que éste expire, una vez que lo inviertas o dejes pasar de forma inerte, no podrás volver a ese momento; sólo pasa una vez y no me refiero precisamente al “carpe diem”.

TIEMPO Y DINERO

Con todo esto no pretendo situar jerárquicamente a la alza el tiempo respecto al dinero, pues del dinero comemos; en el tiempo comemos, del dinero “vivimos”; en el tiempo vivimos y, curiosamente, solemos necesitar tiempo para ganar dinero. Simplemente, es una reflexión personal sobre cuánto, cómo y por qué, valoramos tanto un gasto de dinero y, a veces, tan poco un “gasto” de tiempo.

Ahora bien, ¿cómo calculo una inversión de tiempo? ¿Qué es un tiempo “bien invertido”? Aquí ya nos adentramos en lo que filosóficamente hablando se denomina una “cuestión teleológica”, es decir, el propio estudio de los fines perseguidos por un objeto o ser. En nuestro caso, el de los humanos, se podría relacionar el uso de nuestro “tiempo libre” (dejemos al margen el que ocupamos en nuestras obligaciones como miembros de una sociedad) con el intento de cosechar situaciones de éxito que procuren nuestro acercamiento a la felicidad (mencionamos y cerramos fugazmente la “caja de pandora” de la felicidad).

Coetáneamente, en la industrializada Europa occidental, dando por superada la relación de éxito con la mera supervivencia física, y fuera de esto, sin obviar la Pirámide Motivacional de Maslow, una versión individualizada de un tiempo “bien invertido” puede ser aquella que nos acerque de la forma más eficiente a la consecución de nuestros objetivos, pudiendo, a su vez, ser de naturaleza social, profesional, familiar, ideológica, naturalista, religiosa o puramente hedonista (búsqueda del placer sensorial).

Desde hace décadas, y debido a los imparables e impresionantes adelantos en áreas como la industria, informática, telecomunicaciones, transportes y ese “arte de conquistar mercados” llamado marketing, estamos sobreestimulados hacia el consumo de productos y servicios, haciéndonos llegar innumerables, tentadoras y atractivas ofertas sobre en qué gastar nuestro tiempo y traduciéndose en dificultades para tomar decisiones al respecto. Lamentablemente, en muchas ocasiones optamos por la opción que menos nos acerca a la consecución de nuestros fines (a menos que sean puramente hedonistas), de nuestro rumbo marcado y caso de éxito personal, ya que el que se nos pone por delante es más asequible desde el punto de vista del esfuerzo o sacrificio.

El caso es que, 24 horas más tarde cuando el sol se ha vuelto a posicionar de nuevo en el mismo lugar, quizás hayamos dejado pasar otro día sin reflexionar ni valorar cómo y en qué hemos gastado nuestro recurso más complejo y, para muchos, valioso; el tiempo.

Es muy sano y recomendable, además de estar comúnmente ligado a las costumbres y hábitos de aquellas personas consideradas como “más exitosas” y eficientes, el concretar y evaluar nuestra política de inversión de esta moneda que todos llevamos repartida equitativamente, equipada “de serie” desde el nacimiento por el mero hecho de existir y hasta que se apague el reloj de nuestras vidas.

Bajo mi opinión y experiencia personal, sólo con dedicar unos minutos al comienzo o final del día a pensar sobre ello, sobre cómo y en qué gastamos nuestro tiempo y si verdaderamente estamos de acuerdo al respecto, cambia tu visión y trascendencia respecto al proceso de toma de decisiones concernientes al mismo.

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¿EN QUÉ USAMOS EL TIEMPO? ¿ES LO QUE REALMENTE QUEREMOS?

Sí, estamos hartos de consumir información respecto a cuánto tiempo “invertimos” en ver televisión, deslizar el dedo por distintas redes sociales, videojuegos, series online, etcétera. Aun así, volvemos a la cama, jornada tras jornada, y no reflexionamos, sobre cómo y por qué hemos distribuido nuestro “tiempo libre”, si el uso del “gastado” a lo largo del día nos ha acercado a  cumplir nuestras metas propuestas, en el caso y suerte de que se tengan e independientemente de su naturaleza (algo muy personal como ya se comentó anteriormente), o si sólo lo hemos dedicado a entretenernos, sin más.

INFOGRAFÍAS SOBRE EL USO COTIDIANO DE LAS REDES SOCIALES (Uno de tantas fuentes que nos informan sobre el uso e inversión de tiempo que dedicamos a las redes sociales).

Hace tiempo que pienso con cierta firmeza que se ha “viralizado” y asumido socialmente el derecho a divertirnos de la forma menos sacrificada posible, infundido y potenciado por las fuerzas del consumo. Sí, llevas todo el día aguantando a tu jefe, sonriendo falsamente a clientes a los que tienes que vender algo, realizando un trabajo que requiere un gran esfuerzo físico o sometido a un mucho estrés laboral y, en muchas ocasiones y sólo por eso, hacemos nuestro el derecho a no esforzarnos en el resto de día o semana.

Sí, estamos en nuestro derecho a hacer lo que nos de la real gana, pero debemos de tener muy presente que la base fisiológica y humanística del crecimiento, de la mejora, está en el esfuerzo, en el sacrificio; tus músculos sólo crecerán sin han trabajado duro previamente, tu cerebro sólo creará más y más fuertes conexiones si ha habido una concentración y esfuerzo intelectual previo, tu disciplina personal estará presente si llevas a cabo una actividad cuando ésta se requiere para su mejora y no sólo cuando se tengan ganas, y tus valores éticos y morales sólo te harán más humano cuando los lleves a la práctica a pesar de tus intereses en un momento concreto.

Obviamente, y además de ser totalmente recomendable, necesario y otra forma de decidir cómo invertir este recurso, tiene (o puede) que haber hueco para el descanso, para la desconexión total, para el ocio y la sociabilización, para el “no hacer nada” tumbado en el sofá, la cuestión es, ¿qué porcentaje de tiempo del que disponemos usamos para esta labor? ¿Hemos dedicado esa necesaria parte del día a perseguir nuestros sueños y ambiciones? Y mañana, ¿qué? Esto, es algo cuya reflexión y análisis corresponde únicamente a uno mismo.

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EL GUIÑO DE LA MÚSICA Y EL DEPORTE SOBRE LA GESTIÓN DEL TIEMPO

Tanto la práctica seria y regular de cualquier disciplina deportiva, como la de otras artísticas y, en concreción, de la música o la danza, suele hacer reflexionar y experimentar, directa e indirectamente, sobre la inversión longitudinal y estructural del tiempo a aquellos que se ven inmersos en alguna de éstas. De esta forma, cualquier músico y/o deportista sabe, y tiene perfectamente interiorizado tras una mínima estancia en estos mundos, que no es lo mismo dedicarle 7 horas 1 día a la semana al perfeccionamiento o entrenamiento de una habilidad, frente al hacerlo 1 hora durante 7 días a la semana, es decir, mismo tiempo total pero distinta distribución.

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LA MÚSICA Y EL BAMBÚ JAPONÉS: NO APTOS PARA IMPACIENTES

POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.

Cuando nos involucramos voluntaria y pasionalmente en el estudio de la música, y la indispensable práctica de un instrumento, asumimos la carga de más responsabilidades, responsabilidades que se traducen en inversiones de tiempo que, si deseas alcanzar las metas propuestas (dominar un instrumento y entender la música como disciplina técnica y artística), tendrás que redistribuirlo, ya que, por mucho que lo estires, es el mismo para todos, y, si no lo haces correctamente, nunca llegarás a conseguir la continuidad necesaria para saborear la meta propuesta.

“NO PUEDO, TENGO QUE ESTUDIAR”. EPIDEMIA EN LAS AULAS DE MÚSICA

Al incluir voluntariamente más tareas u objetivos en nuestra lista diaria, como puede ser, insisto y por ser muy buenos ejemplos comparativos, practicar un instrumento o entrenar algún deporte, asumimos que debemos volver a planificar la gestión del tiempo del que disponemos, incluso, a lo mejor, nunca nos hemos llegado a plantear que éste necesite ser estructurado y calculado como si de “llegar a fin de mes” se tratase (económicamente hablando). Colateralmente, por el mero hecho de intentarlo y exponernos a dicho dilema, nos convertimos en personas más responsables, sólo si necesitamos, tanto desde el punto de vista emocional como del racional, reflexionar sobre el uso de nuestro tiempo, propiciaremos un aumento de las capacidades de gestión del mismo.

MUSICA Y DEPORTE

Introducir el estudio de la música en la etapa escolar (o también en adultos) y/o la práctica seria de algún deporte, puede propiciar, debidamente gestionado, vigilado y planificado por las familias y profesionales, la interiorización de valores y aptitudes que modifiquen y repercutan en la propia personalidad del alumno o persona y, por supuesto, en su propia capacidad y visión respecto a la gestión del tiempo y la consecución de las metas propuestas.

Una de las mayores lecciones y valores que podemos transmitir a través de la práctica instrumental, es que el tiempo no se puede tocar, no es tangible, pero, en cambio, se puede y necesita administrar sí deseamos cosechar buenos frutos en nuestro trabajo e inversión tiempo/esfuerzo.

CONCLUSIÓN PERSONAL

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Por lo que habréis podido comprobar, esto no es un texto científico sino meramente reflexivo, en realidad, está es sólo una versión más sobre un tema muy complejo y personal. He llegado hasta aquí por necesidad; muchas metas por alcanzar, muchas dudas que aclarar, muchos campos e intereses que cultivar, muchas responsabilidades que cubrir y muchas ganas por sentirme vivo y rodeado de gente de la que aprender y con la que disfrutar.

Con toda probabilidad, no hayamos aprendido nada nuevo al leer estas líneas, nada que no supiésemos ya, por lo que mi principal objetivo, como casi siempre, no es enseñar ni mostrar verdades, sino propiciar una reflexión e introspección sobre algo tan transparente como trascendental como es la gestión de nuestro propio tiempo, tiempo que se traduce en horas, días y semanas y del que se componen nuestras vidas.

Planificar (o no) escrupulosamente nuestro tiempo es cuestión de experiencia, hábito o, en muchas ocasiones y como me ocurre a mí frecuentemente, pura necesidad. No somos ordenadores, no somos robots, el transcurso de la vida no es, cuanto menos, pronosticable, pero lo que está claro es que si existe la voluntad de intentarlo estaremos más cerca de conseguirlo que si desistimos desde un principio.

Quizás, nunca vayamos a acabar de entenderlo, pero cuestionarnos de vez en cuando, día tras día a ser posible, cómo usamos nuestro tiempo en relación a nuestros objetivos, nuestras metas, aquello que nos hará saborear el éxito o estar en el camino de ello, puede ser tan trascendental cómo que de ello dependo el ser cada vez un poco más felices o, al menos, intentarlo.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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TALLER PARTICIPATIVO DE INICIACIÓN MUSICAL

ANTECEDENTES DEL PROYECTO

El proyecto nace para satisfacer y reforzar las necesidades que presentan tanto las aulas de música de los centros de educación primaria, como otros centros educativos (de enseñanza reglada o no) que quieran integrar actividades de desarrollo artístico y emocional a través de la música en sus aulas.

A pesar de que muchos centros o proyectos educativos ya tienen integradas actividades de esta naturaleza, no siempre se realizan de la forma que éstas disciplinas realmente exigen, es decir, fomentando la participación y escucha activa, propuestas desde una alta accesibilidad técnica acorde al nivel de los participantes y ofreciendo un lenguaje sensible y emocional que favorezca al máximo tanto la intencionalidad como la expresividad musical.

 

EL TALLER: DESCRIPCIÓN DE LA ACTIVIDAD

El taller persigue, como objetivo principal y usando una metodología altamente accesible y participativa, acercar la práctica musical e instrumental a los participantes, apoyándose en conceptos y habilidades que se fundamentan y potencian la inteligencia emocional de los mismos, así como las distintas partes por la que ésta está integrada; el auto-conocimiento, el auto-control, la auto-motivación, la empatía y las habilidades sociales.

Esta actividad está diseñada para llevarse a cabo en distintos centros educativos, debiéndose adaptar a la naturaleza de cada uno de ellos para conseguir la mayor eficiencia metodológica y consecución de los objetivos establecidos, no obstante, la estructura del taller es común para los diversos ámbitos de aplicación que se plantean: colegios y escuelas de música.

Prioritariamente, los participantes abordarán de una forma íntegramente emocional la ejecución de los instrumentos propuestos. Durante el desarrollo de la actividad, los alumnos, que irán rotando entre activos intérpretes y participativos observadores, irán identificando y resolviendo por sí mismos y, si fuese necesario, con la ayuda del coordinador, los problemas y dificultades técnicas que vayan surgiendo respecto al uso de los instrumentos como medio de expresión musical y emocional.

 

LA SESIÓN: ESTRUCTURA Y MATERIAL

La actividad está diseñada para llevarse a cabo en:

Aulas de Música de Educación Infantil y Primaria (desde 5 hasta 11 años).

Aulas de “Música y Movimiento” e “Iniciación Musical” en escuelas de música u otros centros educativos de formación artística (reglada o no), sobre todo en aquellas que tengas problemas en la difusión y elección entre sus alumnos de los instrumentos de viento metal y el “tabú” que éstos inspiran ante una motivadora experiencia previa.

-Duración del taller: 40-45 minutos por sesión.

-Número de participantes:
 10-30 alumnos por sesión.

-Material utilizado (proporcionado): instrumentos de plástico (trombón, bombardino y trompeta), kit de limpieza e higienización de boquillas y batuta de dirección musical.

 

OBJETIVOS PRINCIPALES DE CADA SESIÓN:

  • Vincular la práctica instrumental al lenguaje y la expresividad emocional.
  • Resolver problemas y proponer mejoras en grupo desde el aprendizaje participativo.
  • Experimentar, activa y pasivamente, los principios técnicos y artísticos de la dirección musical.
  • Fomentar y divulgar los instrumentos de viento metal y su alta accesibilidad técnica.
  • Iniciar a los participantes en la práctica musical colectiva y lo que ello conlleva.
  • Propiciar una primera (en la mayoría de los casos) y motivadora experiencia en la interpretación musical.

 

PRESUPUESTO Y CONTRATACIÓN

Tarifa 0- Escuelas de Música u otros centros educativos: 
Sesión de 45 minutos: 45€/sesión* (IVA incl.)

Tarifa 1 – Colegios Línea 1-: 
6 sesiones de 45 minutos (1 jornada escolar): 160€* (IVA incl.)

Tarifa 2 – Colegios Línea 2-: 
12 sesiones de 45 minutos (2 jornadas escolares): 300€* (IVA incl.)

Tarifa 3 – Colegios Línea 3-: 
18 sesiones de 45 minutos (3 jornadas escolares): 440€* (IVA incl.)

*Pago mediante factura (Trabajador autónomo). Actividad económica exenta de IVA (Formación). Consultar tarifas para otro formato o conjunto de sesiones.

 

CONTACTO

Disponibilidad geográfica: Madrid, Toledo y alrededores (radio: 100km aprox.)*

Contacto: eduardo.sanchez.escribano@gmail.com

*Consultar tarifa y disponibilidad para otras regiones o provincias.

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MÁS ALLÁ DEL MARKETING DE LA EDUCACIÓN MUSICAL

Sí, es cierto; la educación y práctica de la música contiene y trae consigo un descomunal poder de desarrollo de la actividad cerebral, emocional, de las habilidades sociales y del plano físico-motriz en aquellos que se exponen a ésta. Además, es altamente terapéutica para los humanos, animales y plantas. Está relacionada con algunas de las teorías más vanguardistas de desarrollo intelectual y emocional, como, por ejemplo, con la “Teoría de las Inteligencias Múltiples” de H. Gardner, o con la recopilación científica: “Inteligencia Emocional”, de D. Goleman, además de otro largo etcétera.

Por otro lado, desde el punto de vista antropológico, no se conoce cultura o civilización que no haya tenido su propia forma de gestionar los sonidos con cierta estrategia, intención y/o funcionalidad. Y por no hablar del papel que la aparición del famoso “gen musical” pudo jugar en la mismísima evolución del ser humano.

Toda esa información, además de ser cierta, según lo constatan universidades y otras instituciones a través de innumerables estudios y experimentos científicos y humanísticos, trae consigo aciertos y errores en lo referente a su uso, consumo y distribución.

Continuamente, la comunidad educativa y musical, tanto docentes como intérpretes, divulgan y difunden todo tipo de artículos, infografías, vídeos, documentales y otro tipo de contenidos sobre los múltiples y polifacéticos beneficios del estudio o práctica de la música. Hasta ahí, todo bien, maravilloso. A priori, no se le ve puede sacar ningún inconveniente, ¿verdad? Continuemos.

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¿POR QUÉ DIVULGAMOS LA MÚSICA?

Hay una única razón: interés. Sí, aunque no acabe de sonar bien del todo, es el interés, pero ahondemos en ello, pues a pesar de que la primera reacción ante esta respuesta puede ser aversiva, analicémosla.

En un primer momento, cuando hablamos del interés que puede haber detrás del marketing de la educación musical o de la música en general, pensamos en cómo utilizamos estratégicamente la información para un beneficio personal, prioritariamente enfocado a lo económico, como puede ser conseguir más alumnos para obtener más trabajo, que amplíen tu jornada laboral si eres profesor interino, o que no la mermen en caso de ser cosechar bajas, por ejemplo. Sí se ha elegido la música como profesión es porque se pretende vivir de ello, es decir, trabajar a cambio de una remuneración justa, y si uno se esmera por trabajar mejor y esforzándose por ello, también le gustaría obtener una mayor compensación, tanto si procede como no.

Asimismo, podemos recurrir al interés en lo referente al prestigio o reconocimiento social y/o profesional, ya que, en muchas ocasiones, los músicos tenemos adherido un complejo de inferioridad no consciente que nos empuja a tener que justificar constantemente el valor de lo que hacemos ante la aparente incapacidad de otros por apreciarlo, o nuestra por no hacérselo llegar como probablemente necesitan. A todo el mundo le gusta que valoren su labor/trabajo, y quién diga que no, miente.

Por otro lado, también está la perspectiva más humanizada y altruista del interés, y no es otro que el propio amor al prójimo y a velar por el bienestar y desarrollo positivo de la raza humana. Al igual que un servidor, los que lo han experimentado en primera persona sabemos que la música es buena en sí misma; mejora a las personas y al entorno que le rodea, y puede que, para algunos, no exista otro fin en divulgarla más allá de esta raíz. ¿Quién, salvando casos personales y excepcionales, no puede desear el bien a los demás? De tal manera, parece obvio y lógico.

Entonces, hay que ser conscientes de que la inmensa totalidad de los profesionales de la música, dependiendo de sus características personales, se bate, aunque en distintas proporciones dependiendo de cada caso, entre los distintos tipos de interés definidos antes (a “grosso modo”) a la hora de divulgar los “beneficios de la música” a través de distintos medios y formatos.

 

CÓMO, DÓNDE Y QUÉ.

Todo tipo de estudios, vídeos, infografías o artículos que alguna persona o institución creó en base a una mezcla de los intereses antes mencionados, se difunden y son consumidos en medios como, principalmente y casi en exclusiva, las distintas redes sociales.

Resulta realmente fácil y accesible, ya que, con tan sólo dar a un botón, compartimos un artículo que, por ejemplo y en muchas ocasiones, no hemos terminado ni de leer o sólo hemos ojeado superficialmente, excluyendo, por descontado, que hayamos podido analizar la información consumida para poder, si procede, reflexionar e interiorizar la misma. Es indistinto, porque si intuimos que puede reforzar nuestro “interés”, lo haremos una y otra vez, sin tregua.

MÁS ALLÁ DEL MARKETING DE LA EDUCACIÓN MUSICAL (1)

 

MÁS ALLÁ DEL MARKETING DE LA EDUCACIÓN MUSICAL

¿Es necesario?: sí, pues hay que dar a conocer los beneficios de la misma, que para eso innumerables científicos y pensadores de diversas disciplinas lo han estudiado empíricamente, experimentado al respecto y redactado reflexiones sobre ello, pudiendo afirmar a día de hoy, fundamentándose en miles de estudios llevados a cabo, que la música es tan sumamente buena como se puede apreciar sin la estricta necesidad de usar la lupa científica.

¿Debe de ser estratégico?: sí, ¿por qué no? En resumidas cuentas, cualquier tipo de marketing es estratégico y mediante él se persigue un/unos objetivos concretos, como puede ser llenar un aula de alumnos, una banda de miembros o, simplemente, dar a conocer un dato o estudio concreto porque crees que saberlo puede ser beneficioso para terceras personas.

¿Debe ser selectivo?; sí, por supuesto. No todo vale, hay que ser cuidadoso; filtrar y seleccionar bien aquello que vamos a compartir, puesto que compartir algo en un medio social, actualmente, es como gritar algo a los cuatro vientos hacia miles de personas. Puede que estemos echándonos las piedras a nuestro propio tejado, hay que calcular y reflexionar bien sobre ello.

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ERRORES FRECUENTES DEL ACTIVISMO DIVULGATIVO MUSICAL

1) Vender la música como una disciplina utilitarista:

Es muy frecuente toparse con contenidos que defienden el papel de la educación musical desde el punto de vista utilitarista, es decir, acceder a ella para conseguir un fin “superior”. Con eso conseguimos que muchos padres y madres busquen la música como una actividad que es buena para sus hijos porque están plenamente convencidos de que eso les hará de tener mayores capacidades para los idiomas, las matemáticas, la psicomotricidad o, en general, el rendimiento escolar.

¿Es mentira todo lo anterior? No, y así lo constata la ciencia, pero es muy peligroso atraer al público hacia la educación musical con argumentos utilitaristas, ya que en el momento que encuentren otra actividad que les hagan creer que con ella conseguirán mejor sus fines, y menos sacrificada, abandonarán el interés por que sus hijos/as sigan instruyéndose en la interpretación musical.

Invito a toda la comunidad musical a defender que los beneficios de la música son inherentes a ésta, vienen de serie con un mínimo de constancia y regularidad en su cultivo, por lo que hay que tener cuidado y vigilar que no se opta a ella como disciplina vinculante a conseguir un objetivo “más allá” de la misma.

 

2) Desconocer (o conocer vagamente) aquello que divulgamos:

Es muy peligroso transmitir y hacer uso información que no conocemos con un mínimo de  profundidad y, sobre todo, en el terreno profesional. Asimismo, hay que ser exigente con los contenidos que consumimos; su veracidad, su formato, sus fuentes, sus creadores, discernir bien cuando es de índole científico y cuando reflexivo o de opinión, pues la cosa cambia, y mucho.

Hay que ser exigentes y filtrar escrupulosamente. Se pierde mucha veracidad, tanto desde la perspectiva individual (el propio divulgador), como colectiva (el sector profesional), cuando se usa o comparte información que no es de calidad; vídeos, artículos o contenidos en otros formatos (se nota a la legua) que han sido creados para sumar visitas o “clics”. Hay que decir no al sensacionalismo divulgativo musical, al menos por mi parte.

Por otro lado, hay que ser ambiciosos y exigentes con el conocimiento y la argumentación. Es necesario ser conscientes de que, por haber leído un par de artículos de, normalmente, poco menos de mil palabras, o haber visualizado un vídeo de unos minutos, no sabremos sobre ese “algo” ni estamos preparados para venderlo ni trasmitirlo como tal. Invito a contrastar y profundizar, mínimamente, antes de darlo por bueno (o malo) y comunicarlo a los cuatro vientos. Básicamente, por respeto al conocimiento y a aquello que intentamos demostrar/valorizar. Hoy en día lo tenemos muy fácil, pues hay infinitas y muy asequibles formas de profundizar en una temática.

 

3) Abusar del activismo musical:

El interés, empujado por el entusiasmo que muchos sentimos por la música y su magisterio, puede hacernos caer en un exceso de velocidad en cuanto a divulgar los beneficios de la música, siendo la multa el azote de la indiferencia por parte público potencial al que intentamos llegar/convencer.

Un buen producto, como es la música, y como todo el mundo sabe, no necesita de un marketing masivo, invasivo y poco selectivo hacia consumidor final: la sociedad, pues puede provocar el efecto contrario y puede hacer caer en la sensación de que, si tan bueno es, no tendría que necesitar esa constante justificación de la que, como ya comenté anteriormente, pecamos los profesionales de la música en muchas ocasiones.

El mejor marketing no es el imponer y acribillar con información sobre cómo y cuánto cambia la música a las personas, sino invitar a experimentarlo y ayudar a vivenciarlo, dándose cuenta por uno mismo del mensaje que queremos transmitir y hacer llegar. Aprendizaje sobre la experiencia.

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EL MEJOR MARKETING: EL TRABAJO DIARIO

Por fin llegamos al punto final del mensaje. Todo lo anterior ha sido un simple análisis y contextualización para entender mejor la esencia de lo que intento transmitir.

El mejor y más puro marketing de la educación musical es el que se demuestra en el trabajo diario, sobre el terreno de juego; en el aula. La más íntegra divulgación tiene cabida esforzándose en cada clase como si de una delicada interpretación se tratase, no dejándose llevar por la inercia de la comodidad docente, detectar problemas o posibles mejoras de rendimiento de los alumnos y no sólo cuando se presentan dificultades aparentes y buscar el mejor y más apto material didáctico para cada situación.

El mejor marketing radica en la ambición pedagógica del docente y su continua formación y auto-evaluación. Está muy bien argumentar que la música es buena porque ayuda a desarrollar decenas de capacidades (porque así es en verdad), pero de nada sirve compartirlo en tu Facebook, ni pegar un póster en la entrada de tu conservatorio si después no sabes realmente cómo y qué elementos del proceso de enseñanza-aprendizaje intervienen en ello.

Hay que intentar y evitar defraudar a la gente que confía en ti como profesional de la música y su docencia, es decir, que el balance de lo que se ofrece y “vende” esté equilibrado con las capacidades reales de lo que podemos aportar, y eso sólo se puede conseguir a base de auto-conocimiento profesional, pasión por tu labor, formación constante y una sed insaciable de crecer como mediador entre la música y esas nuevas personas que harán de ella una pequeña parte de sus vidas.

 

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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SIN ÁNIMO DE LUCRO: UN GRAN MOTOR DE DIFUSIÓN MUSICAL EN ESPAÑA.

Décadas atrás, mucho antes de que conservatorios profesionales y escuelas de música municipales integraran la excelente oferta educativa que en muchas ciudades españolas se disfruta en la actualidad, ya venía existiendo un gran tesoro cultural que difundía y democratizaba el acceso a la práctica música: las sociedades musicales.

Éstas, común y fiscalmente enmarcadas como asociaciones sin ánimo de lucro, han permitido que incontables personas de todo tipo condición económica y social hayan podido experimentar los beneficios de la práctica musical, asimismo, han organizado eventos y han puesto banda sonora a lugares y momentos que hubiesen sido insulsos sin la valiosa actividad y existencia de las mismas.

Detrás de esta gran labor, siempre se encuentran y recuerdan a innumerables músicos profesionales: instrumentistas, compositores y directores (o más bien “maestros”, tal y como tradicionalmente se suelen referir a éstos dentro del sector), pero existe una realidad paralela que, lejos de quitar el merecido mérito a aquellos que dedicaron (y dedican) su vida laboral a ello, no se suele sacar a la luz, no siendo otra que la de todo ese gran número de personas que, de forma altruista, invirtieron (e invierten) su tiempo, esfuerzo y, a veces, también sus propios recursos en el mantenimiento y buen funcionamiento de estas organizaciones socio-culturales.

 

HISTORIA DE UNA GRAN Y GRATUITA LABOR EN FAVOR DE LA MÚSICA.

Historia de un sacrificio. Esfuerzo, desde el punto de vista monetario, ya que los recursos empleados ni buscan, ni suelen encuentran, beneficios, e inversión, desde el punto de vista social, donde el desarrollo cultural y artístico del entorno, y el de todo aquel que interactúa con él, es el principal objetivo.

Una historia de auténticos héroes; héroes que luchan y se quiebran la cabeza constantemente para conseguir flexibilizar el acceso a la cultura musical en aquellos lugares donde la inversión pública está, a veces, imposibilitada o, simplemente, ciega o mal asesorada en cuanto al sector musical se refiere. Y todo ello capitaneado, en muchas ocasiones y confiriéndole un mayor mérito, por personas que desconocen el significado de la palabra “bemol” o el valor de las figuras musicales.

Asociaciones que, mediante fuentes de financiación puramente populares, tales como sorteos y rifas, comisiones de loterías, humildes patrocinios locales, actuaciones “remuneradas”, cuotas de socios y, con suerte, inversión y aportaciones públicas regulares, soportan los innumerables gastos que el correcto funcionamiento de una sociedad musical supone: adquisición y mantenimiento de instrumental, uniformidades, infraestructuras y amueblamiento, material didáctico, material de oficina, nóminas y seguros sociales del personal laboral, gastos de gestión y administración, gestión de patrimonio, gastos de transporte, además de otra larga lista de derramas necesarias para el buen funcionamiento de las mismas.

No dispongo de datos específicos (ni tampoco me he preocupado de buscarlos porque creo ciegamente en ello), pero en base a la experiencia, propia y ajena, y también a la mera contextualización intuitiva de los hechos, afirmaría que centenas de miles de personas, desde que este tipo de comunidades empezarán a proliferar por toda la geografía española allá hacia finales del siglo XIX, han disfrutado de una oportunidad e iniciación en el mundo de las bandas y su música. Dicho “mundillo” ha sido, a su vez,  uno de los grandes pilares y becarios de que España se haya convertido en uno de los países referentes en cuanto a calidad y cantidad de músicos exportados a todo el planeta.

[LECTURA RECOMENDADA]

¿ES UN PÁJARO, UN AVIÓN? ¡NO, ES UNA BANDA DE MÚSICA!

Auténticos héroes, y no precisamente profesionales de la música, sino del entusiasmo hacia ella y del ver cómo ésta hace crecer y unir a las personas. Juntas directivas, socios, padres, concejales, músicos aficionados y otros colaboradores que velan por obtener y administrar recursos, materiales y humanos, con el único fin de mantener y hacer crecer este tipo de organizaciones culturales. Compran y prestan desinteresadamente instrumentos, crean centros de formación económicamente deficitarios pero de un alto valor formativo, ofreciendo las tasas más asequibles posibles con tal de que el mayor número de personas pueda disfrutar de sus servicios y beneficios.

VOLUNTARIADO CON LETRA PEQUEÑA: RESPONSABILIDADES.

Pertenecer a la junta directiva de una asociación sin ánimo de lucro o ser representante voluntario de una entidad cultural no es, precisamente, un “camino de rosas” (a no ser que el correcto funcionamiento de la misma no sea tu preocupación u objetivo).

Estas organizaciones no lucrativas que buscan algún tipo de bien común, también conocidas como “ONG’s”, son, por encima de todo, empresas; empresas con responsabilidades administrativas y fiscales que gustosamente, aunque también algunas veces sin conocimiento real de causa, asumen los propios y voluntarios miembros directivos de las mismas.

Además de las responsabilidades fiscales y legales, existen otras que ni te llevan a la cárcel ni te multan por incumplirlas, y son las de velar por que todo el esfuerzo y sacrificio empleado por los anteriores al cargo no sea diezmado o caído en el olvido. El compromiso por defender lo que tantos años y sinergias ha costado crear y el cometido de seguir haciendo crecer y madurar aquello que desinteresadamente se ha asumido liderar.

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GESTIÓN: SE DEBEN Y SE PUEDEN HACER LAS COSAS BIEN (O MEJOR).

En los últimos años, se ha empezado a gestar una cultura de la buena gestión que, ni hace mucho ni en todos los sitios, no existía y disfrutaba el sector, es más, tradicionalmente parecía que estaba enemistado con la misma. Esto, en gran parte, ha sido impulsado por el surgimiento de gestores culturales y otros profesionales expertos, además de verse alentado por el miedo e inseguridad que se ha infundido mediante las inspecciones públicas en las que se han visto involucradas este tipo de asociaciones recientemente.

Sí, efectivamente, es muy difícil, pero no imposible. “Hacer las cosas bien”, abarcando el significado más pleno de la expresión, requiere técnica, trabajo, ilusión, creatividad, muchos correos electrónicos, “telefonazos” y, muy importante y ausente en muchas ocasiones: servicios de consultoría a profesionales de la cultura, el arte, la educación y su gestión.

El sector no lucrativo ya supone, y no es nada comparado con la realidad y cifras de las que podemos llegar a ser testigos en próximos años, una muy valiosa fuente de trabajo de calidad a tener en cuenta para el sector, suponiendo un gran motor económico y fuente de empleo para los miles de graduados en música que produce el amplio sistema de conservatorios, profesionales y superiores, de España.

[LECTURAS RECOMENDADAS]

LA DÉCADA ESPAÑOLA DE LOS SUPERHÉROES MUSICALES

MÚSICOS PROFESIONALES VS PROFESIONALIZARSE CON LA MÚSICA

Grandes músicos y docentes que, en la mayoría de los casos, están altamente preparados y repletos de ganas por transmitir  sus conocimientos y habilidades, así como los propios beneficios de la práctica de la música.

Ante la calidad que éstos pueden ofrecer y que, por otro lado, se está empezando a exigir indiscriminadamente por “exceso de oferta”, hay que corresponder, empezando por una remuneración adecuada y por unas dignas y legales condiciones para el empleo. Hay que exigir y ofrecer a partes iguales, si no, la balanza se desequilibra y alguien sale perdiendo, y este no es un juego de ganar o perder, sino el de construir un contexto y entorno donde se pretende que todos aquellos que se vean involucrados en él ganen y crezcan.

MUSICOS OSOS

INFINITAS GRACIAS.

A todas estas organizaciones se les debe exigir, sí, pues poseen la tarea de gestionar un patrimonio cultural, social y artístico de gran valor, pero, ante todo y por partida doble, se les debe agradecer, regularmente y más de lo que se suele acostumbrar, dicha desinteresada labor.

Directores laureados, reconocidos profesores y grandes artistas que surgen en estos nichos obtienen, merecidamente, su puesta en valor, pero no olivemos a cada miembro de esa junta directiva u otros voluntarios que trabajan gratis y, a menudo, con mucha más dedicación e ilusión que muchos profesionales, compaginando dicha labor y cargos con sus propias vidas personales y profesionales.

Gracias, tanto en mi nombre como en el de todo aquel que no supo cómo ni cuándo expresarlo, por permitir y luchar por la existencia de millares de bandas y escuelas de música, además de otras asociaciones promotoras de cualquier tipo de artes escénicas, que se esfuerzan por organizar eventos, espectáculos, conciertos y otras actividades que acercan la música y la cultura a la sociedad.

SIN ROSTRO

La música y músicos de España os deben mucho. Ahora toca aprender de los fallos y reforzar los aciertos, pues hay mucho que construir, mucho patrimonio que preservar y mucho trabajo que reconocer en esta historia de héroes sin capa ni antifaz; buenas personas que han ayudado (y ayudan) a que la música y la cultura hayan llegado (y lleguen) a rincones donde sólo en este formato, desinteresado y altruista, hubiese sido posible.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

 

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LA DÉCADA ESPAÑOLA DE LOS SUPERHÉROES MUSICALES

Jóvenes instrumentistas ocupando muchas de las vacantes orquestales más cotizadas de todo el mundo, habituales maestros de escuela e institutos con la experiencia y formación musical que, décadas atrás, las instituciones educativas sólo hubiere soñado, profesores de conservatorio y escuelas de música no regladas que cubren las paredes de sus habitaciones con diversos títulos superiores y de máster, acumulando centenares de horas perfeccionamiento en múltiples disciplinas musicales, algunos, incluso, se doctoran.

Hábiles músicos que, tras su paso por algunas de las mejores orquestas jóvenes, conservatorios y academias del mundo, pasan a ocupar  vacantes en bandas militares o a practicar la docencia en organizaciones no lucrativas donde, a veces, no disfrutan ni de un contrato de trabajo.

Décadas atrás, profesionales del mismo nivel, o incluso menor, conseguían puestos de trabajo casi utópicos para los que luchan por hacerse un hueco en el actual mundo laboral y tales como, por ejemplo, aprobar unas oposiciones de profesor de enseñanzas profesionales o de intérprete de bandas municipales u orquestas sinfónicas con poco más de 20 años, algo que, años atrás, si fue más común.

Promociones enteras de titulados superiores que se ven obligados, por la propia naturaleza y exigencia de la actualidad del sector, a seguir invirtiendo sus recursos, y los de sus familias, en formación, desplazándose a otros países, tanto dentro como fuera de Europa, en busca de la oferta universitaria, de grado y posgrado, que España, nuestro propio país, aún no ha sido  capaz de satisfacer por completo en lo que al sector de las artes escénicas y música concierne.

Sea como fuere, la gran descompensación que se ha producido en nuestro sector entre oferta y demanda, provocando un embudo en el acceso a determinados y muy solicitados puestos de trabajo, el gran apoyo económico y familiar que han disfrutado muchos de los estudiantes de música de esta generación, permitiéndoles invertir tiempo y recursos en viajes y formación, y alentado por la propia mentalidad y personalidad, abierta y flexible ante los cambios que caracteriza al grueso de los jóvenes de nuestros días, ha provocado que nos veamos inmersos en una crisis académica y profesional, donde el precio a pagar para alcanzar las metas propuestas está siendo muy caro.

CRISIS: ¿TRAGEDIA U OPORTUNIDAD?

A priori, la palabra “crisis” no suena nada bien, pues hace referencia a una situación difícil e incómoda. No obstante, las crisis vienen marcadas por cambios, cambios que, según la capacidad y plasticidad de las personas (o las cosas) para adaptarse a lo nuevo, pueden provocar que se salga reforzado (o totalmente hundido) de esta época coyuntural que a muchos nos ha tocado vivir.

Este periodo, que no ha dibujado unas cifras y contexto muy diferente al de otros sectores ni al de la propia economía global, nos está dejando cambios tangibles que ya han calado en los currículums, mentalidad, personalidad y en el proceso estratégico de toma de decisiones de músicos de todas las disciplinas.

La amplísima oferta de formación académica que posee actualmente nuestro sistema educativo en España, integrada por centenares de conservatorios profesionales y más de 20 de enseñanza superior, ha lanzado al mercado laboral, y sobre todo en la última década, a miles de alumnos egresados. De todos ellos, sólo un pequeño porcentaje está consiguiendo (y conseguirá) alcanzar aquellas tan ambiciosas metas con las que muchos soñaban al inicio de sus andaduras.

La “crisis” que hemos o estamos atravesando ha provocado que se haya alcanzado un altísimo grado de especialización y diversificación profesional. La ambición ha calado, a veces por iniciativa propia y en otros casos por pura necesidad,  en las perspectivas profesionales de todos los que intentan desenvolverse en este “mundillo”.

“Claros y oscuros” puede que sea la expresión que más nos ayude a entender el fenómeno de “la década de los superhéroes musicales” aunque, de todas formas, cada involucrado, respecto a sus experiencias, percepciones y el análisis más conveniente que a cada uno le interese realizar, construirá una propia opinión al respecto, tal y como yo mismo he hecho y así transmito.

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SUPERHÉROES A CUALQUIER PRECIO

Exceptuando casos aislados, el precio final ha subido, es decir, la cantidad de recursos y esfuerzos empleados para conseguir un fin concreto se ha visto incrementada respecto a generaciones anteriores y, como ya he mencionado antes, no es algo exclusivo que esté ocurriendo en la música, sino en cualquier sector académico y laboral.

Después de la carrera, otra carrera, máster, doctorado, idiomas, jóvenes orquestas,  y otro largo sinfín de formación y experiencias personales y profesionales que, según esperas, te podrán acercar algún día a alcanzar esos sueños que muchos persiguen. Mientras, lo único que está claro es que, en todas las ramas profesionales de la música, podemos encontrar auténticos superhéroes, es decir, gente muy formada, especializada y experimentada que está dispuesta a hacer y moverse donde sea necesario para llevar a cabo la labor que tanto esfuerzo y recursos le ha costado materializar.

Consecuentemente, los que ofertan endurecen y amplían los filtros de acceso y, quitando esas ocasiones en las que se practica el “enchufismo” y la “dedocracia” no merecida a base de trabajo y méritos, el nivel de todos los subcampos profesionales de la música se ha visto incrementado.  Con esto, no quiero decir que “los de antes” fuesen peores y “los de ahora” mejores, ni mucho menos, pero lo que no se puede negar es que ahora hay muchos más entre los que elegir para un puesto, habiendo dejando en las manos de la propia competitividad entre aspirantes el natural aumento de nivel y requisitos previos.

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RENACIMIENTO PROFESIONAL: LA DIVERSIFICACIÓN

En los últimos años, unas de las necesidades por las que nos hemos visto fuertemente influidos ha sido la de diversificación profesional. Bien por inquietud propia o bien por aumentar y ampliar estratégicamente las competencias que te lleven a conseguir ese empleo dentro del mundo de la música que siempre soñaste, muchos han explorado y coqueteado con otras disciplinas de las cuales antes sólo conocían el nombre.

Un simple libro, asignatura optativa, conferencia, vídeo, curso o inquietud tras la visualización de una oferta de trabajo ha hecho que algunos redescubran sus pasiones, aquellas disciplinas donde no te importaría profundizar e invertir. Pedagogía, gestión y producción, sonología, musicoterapia, luthería, dirección, composición, investigación, redes sociales, emprendimiento empresarial u otros formatos de interpretación menos tradicionales son algunas de las áreas, entre otras, donde algunos han visto renacer y bifurcar sus pasiones y perspectivas profesionales.

Un gran número, tras haber diversificado y ampliado sus conocimientos y habilidades más allá de lo estrictamente interpretativo, han reconfigurado su visión y entendimiento de la música como empleo y disciplina artística y social, no habiendo dejado necesariamente de lado por ello sus carreras como instrumentistas.

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ALTA ESPECIALIZACIÓN

Actualmente, a parte de los que se decantan por la diversificación como estrategia competitiva, inquietud de desarrollo personal u otros motivos, existe otro colectivo de superhéroes musicales; los altamente especializados.

En contraste de los que optan por aumentar sus competencias y crean sinergias con uno mismo, están aquellos que apuestan por adentrarse en sus pasiones hasta lo más profundo. Instrumentistas, directores,  compositores y otro largo etcétera de trabajos artísticos que, prácticamente, funden su vida personal con la profesional, convirtiéndose en auténticos expertos y referentes de su materia.

Viajan, hablan diferentes idiomas, se forman (y forman) durante todo el año concurriendo a cursos, festivales, conferencias y concursos por todo el mundo, invierten todos los recursos que poseen (tiempo y dinero) en perseguir sus sueños, además de sacrificar, en la práctica totalidad de los casos, la cercanía a sus familias y posibles parejas.

El precio de la especialización de élite es alto, tanto en lo concerniente al coste económico como al personal y emocional, pero cada vez hay más gente dispuesta a pagarlo, y no sólo en la música, ya que es algo extrapolable a otros campos profesionales, sobre todo en aquellos más susceptibles de cultivar y cosechar la famosa “marca personal” (algo para lo que muchos dedican sus vidas y ni siquiera conocen su existencia).

“El que la sigue, la consigue”, un dicho popular que se convierte en el status quo de este perfil de superhéroes que, día tras día, se levantan con el principal propósito de transformar su sueño en su medio de vida. Muchos, por suerte y como aliciente para la esperanza de otros que vienen pisando fuerte de promociones posteriores, lo consiguen.

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LA INFLUENCIA DE LOS SUPERHÉROES EN EL SECTOR

Para sorpresa de gran parte de los ajenos a este mundo, los músicos debidamente formados no se mueren de hambre, es más y respeto a mi experiencia y entorno, la gran parte de ellos consigue tempranamente un puesto (o “puestillo”) de trabajo  o involucrarse en cualquier tipo de proyecto musical que les reporte una remuneración, pero la masiva competencia y la energía que surge para alcanzar las metas propuestas, además de la propia exigencia de continua evolución que cualquier disciplina musical presenta, provoca que los jóvenes músicos sintamos ambición y necesidad, a partes iguales, por seguir desarrollando nuestras carreras; la historia del no conformarse.

El impresionante incremento de un número de demandantes muy formados ha provocado que los empleadores puedan exigir más requisitos y nivel. Asimismo, también hemos sido testigos de cómo bases de oposiciones y de otros procesos de selección han endurecido los baremos y sus puntuaciones, aun así, siempre hay uno o varios individuos que revientan con su palmarés las esperanzas de los que intentan hacerse un hueco dentro del empleo público.

Más allá de lo obvio, es decir, que la accesibilidad a los empleos más demandados se ha visto mermada, existen, y en muchos contextos ya disfrutan, efectos muy positivos en todo este fenómeno que intento analizar, como, principalmente, que todos los puestos de trabajo se están cubriendo por gente altamente formada y competente en sus especialidades, además, la calidad y profesionalidad está calando en subsectores como el de las escuelas y bandas de música, fuente cultural de la música en España por antonomasia que, poco a poco, se está convirtiendo en un valioso motor de empleabilidad para los miles de graduados que el sistema de educación superior musical produce anualmente.

Instrumentistas que, tras sentarse en las sillas de las mejores y más prestigiosas jóvenes orquestas de Europa, pasan a ocupar vacantes en instituciones y agrupaciones de menor nivel que, generaciones anteriores con el mismo perfil, no tuvieron la necesidad de “rebajarse” profesionalmente y todo, básicamente, porque músicos de tal nivel eran fichados automáticamente por las orquestas sinfónicas y universidades con mayor autoridad.

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LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Por otro lado, están los que, ni con inversión, esfuerzo, ilusión ni suerte,  consiguen posicionarse en este tan gratificante como complejo sector.

Puede que estés haciéndolo todo lo bien que sepas; puede que te estés intentado dedicar al mundo de la especialización y no estés pagando todos los precios necesarios para ello (empezando por la propia movilidad, inversión y constancia), puede que apuestes por la diversificación, pero no estés enfocando debidamente tus nuevos perfiles acorde a tus capacidades y demandas, puede que, debido a una falta de auto-conocimiento, tus aspiraciones no estén equilibradas con aquello que puedes ofrecer, puede que no estés en el lugar correcto ni en el momento idóneo o, simplemente, puede que no estés teniendo suerte (algo subjetivo y para muchos no existente).

El camino que se ha de recorrer hasta llegar a vivir de la música está lleno de buenos e inolvidables momentos, eso es innegable, un camino que te brinda la oportunidad de conocer mundo, descubrir personas increíbles, experimentar los beneficios de la cultura, sensibilizarte y aprender e interiorizar un sinfín de valores que te harán de desarrollarte hasta límites que, lejos de la música, quizás no hubieras alcanzado jamás.

Sigue intentándolo, no te frustres, pero si decides tirar la toalla y dedicarte a otra cosa, no te lo tomes como un fracaso, pues no materializar los sueños es algo que ocurre en todas las ramas académicas y en todas las carreras profesionales, artísticas o no. Haber dedicado parte de la vida a la música, aunque no acabes viviendo de ella íntegramente (aunque siempre te va a permitir tener una mínima fuente de ingresos) siempre dejará un poso en ti, en tu forma de ser, en tus aficiones, en tu forma de expresarte y en tu alma.

Hoy, tras años consumiendo y contemplando la extendida  y vírica cultura de los “ni-ni” y el “ninismo”, y aunque no seas consciente de ello, el mismísimo instante en el que decides compaginar el conservatorio con los estudios obligatorios, algo que sólo sabe aquél que lo ha experimentado o a tenido alguien involucrado desde muy cerca, ya te convierte en auténtico superhéroe de tu generación.

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MIRADA AL FUTURO: EL OTRO TIPO DE SUPERHÉROE

Hay que asumir que nos ha tocado vivir una época difícil o, cuanto menos, distinta a la que pudieron disfrutar generaciones anteriores, aunque por otro lado hemos tenido acceso a una mucho mayor oferta formativa y académica, y no sólo dentro de los propios conservatorios, sino también fuera de ellos.

Colateralmente, todo ello  también está haciendo que llegue la mayor profesionalidad y calidad a rincones que, años atrás, no se hubieran podido imaginar, calando en forma de una mayor democratización del acceso a la música y a la cultura.

Parte de esta crisis no es nuestra culpa, pero otra sí, y por dos motivos principales: el primero es que, si nuestro entorno cambia, e ignoramos dichos cambios, no podremos adaptarnos a ello y, consecuentemente, tendremos menos éxito en la consecución de nuestros objetivos, y segundo, si no estamos de acuerdo en cómo funcionan ciertas instituciones, mecanismos, metodologías o, llámalo “x”, y no tenemos capacidad de transformarlo de forma activa, con trabajo y resultados, sino sólo quejándonos sin, en muchos casos, una base argumental sólida, sí somos culpables.

El principal perfil del que, parcialmente, es culpable de su propia crisis suele ser aquél que está profundamente inmerso en la propia inercia de los estudios académicos de conservatorio; no sabe con exactitud lo que quiere, no paga los precios necesarios (antes mencionados) no alza la mirada para otear el horizonte profesional y lo que éste demanda, no explora sus inquietudes y se limita instruirse en lo que otros les marcan o, simplemente, está “de moda”.

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¿Sabremos canalizar la frustración de la no consecución de nuestros principales objetivos en energía que nos ayude a redescubrirnos como profesionales?

¿Aprenderemos a construir (y a enseñar) un nuevo contexto en el que aparezcan nuevos empleos y perfiles sin, necesariamente, caer en la fuerte estereotipación que ha sufrido nuestras salidas profesionales en décadas anteriores?

¿Saldremos todos los pertenecientes a “la década de los superhéroes musicales” hundidos o reforzados ante esta crisis? (Musical y global)

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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EL SÍNDROME DEL MÚSICO IMPOSTOR

Hacía tiempo que tenía ganas de hablar en profundidad de un tema que descubrí, en verdad, por casualidad, y no es otro que de “el síndrome del impostor” y cómo éste nos afecta, o puede afectarnos, a los estudiantes y/o profesionales de la música.

En verdad, éste es un tema que se ubica en el ámbito del pensamiento; de cómo el entorno nos influye y afecta en nuestra forma de actuar, las herramientas personales que desarrollamos para valorar la información que filtramos desde el exterior, el trascendental proceso y fenómeno de la toma de decisiones, además de por qué y de qué manera nosotros decidimos alcanzar una meta(s) determinada, suponiendo que se tenga la suerte de tener una(s).

No obstante, también se encuentra muy conectado con el emprendedor, o ausencia del él, que llevamos dentro, pues este síndrome te aleja y te mantiene apartado de evolucionar en muchos aspectos; hace que te invadan las inseguridades, te hace víctima de las constantes auto-comparaciones, provoca que te ahogues en las inercias sociales y profesionales y perfuma con un poco (o bastante) miedo cualquier decisión o actitud que vaya a hacer que des un paso al frente, indistintamente de la dirección en la que se decida avanzar.

En primer lugar, y separado aún de lo estrictamente musical, desnudemos este “síndrome”.

 

¿QUÉ ES Y CÓMO SE MANIFIESTA EL “SÍNDROME DEL IMPOSTOR”?

Principalmente, es la sensación continua de que no se está lo suficientemente preparado para realizar alguna acción y/o asumir una responsabilidad o cargo. Es aquel sentimiento de que lo que haces, pretendes hacer, o lo que ofertas como profesional, no se encuentra a la altura real de lo que supuestamente debería de ser.

Éste, por las conclusiones a las que he llegado tras unas semanas de consumir y depurar bastante información al respecto, se puede manifestar en dos niveles distintos:

1- ANTES DE (ofrecer una información, producto, servicio o asumir un cargo*)

En este primer nivel, el síndrome del impostor te hará sentir que nunca estarás preparado para hacer algo que, realmente y en teoría,  si estás, ya que llevas formándote para ello años atrás; invirtiendo mucho tiempo, esfuerzo y recursos en el camino.

Llegados a este punto, es muy común estancarse. Estamos hablando de esa etapa formativa y académica que nunca acaba y donde uno no busca el mero hecho de evolucionar como profesional y satisfacer aquellas inquietudes que vayan surgiendo por el camino, sino auto-convencernos (y auto-convencer) de que estamos preparados para hacer algo, midiendo esa preparación en títulos, certificaciones y en el número de viajes que hacemos a la tienda de enmarcaciones.

Dicha sensación te absorbe y empuja hacia un vórtice actitudinal del que sólo se puede escapar de una única forma, tomando decisiones, asumiendo responsabilidades, arriesgándose y emprendiendo nuevas iniciativas, es decir, la famosa salida de la “zona de confort”.

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2- DESPUÉS DE  (*)

El segundo nivel se da en aquellas personas que, bien ya ofrecen sus servicios o productos a terceros, o bien desempeñan ciertos puestos en empresas, instituciones u otras organizaciones.

A pesar de ya haber dado el paso que los estancados en el nivel anterior no dieron, los que aquí están bajo los efectos del síndrome del impostor experimentarán, en mayor en menor medida, una continua sensación de estar defraudando a los de su entorno, sobre todo el profesional y el académico.

Dicha sensación fraudulenta, podrá surgir en el momento que se te pase por la cabeza que no estás lo suficientemente preparado/a para desempeñar alguna función o cargo, que el producto o servicio que ofreces y vendes no es tan bueno como intentas transmitir o que, en general, no sientes que puedas satisfacer las expectativas que recaen sobre ti.

Aquellos que se dejen vencer por las inseguridades, las malas comparaciones y dejen que sus pensamientos sean absorbidos por los síntomas antes mencionados, podrán dejar de ofrecer sus creaciones, dimitirán de sus cargos hacia otros de menor responsabilidad o, como mínimo, sufrirán un profundo estancamiento en sus carreras profesionales, puesto que éste impide que tu actitud evolucione.

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Curiosamente, es bastante frecuente encontrarse a grandes y exitosos profesionales bajo el fantasma del impostor, ya que al saber tanto, y de una forma tan profunda, sobre algo en concreto y rodearse normalmente de gente que también posee una gran experiencia sobre ese tema en común, creen que lo que saben, hacen u ofrecen no tiene, en verdad, el valor que otros le dan, sintiendo nuevamente esa sensación de ser un fraude.

Al normalizar y menospreciar todo lo que eres capaz de aportar mediante tus conocimientos, habilidades y experiencia, creerás que tu valor como profesional menguará, siendo todo fruto de nuestros propios pensamientos y del análisis e interpretación personal que hagamos de “la realidad”.

 

FACTORES EN COMÚN DEL PENSAMIENTO IMPOSTOR

-Es una actitud que se engendra desde el ámbito académico y profesional pero puede llegar a influirnos, en gran medida, en lo meramente personal.

-Es muy común que los impostores piensen que el éxito proviene de algo tan ambiguo como es la propia suerte, y no de una serie de esfuerzos, sacrificios y decisiones correcta y estratégicamente tomadas en una dirección concreta.

-Realizan comparaciones continuas con aquellos que están (o creen que están) por encima de ellod en cuento a conocimientos, destrezas, titulaciones, experiencia o posicionamiento profesional, en general, dentro de un sector.

-Suelen presentar un alto grado de exigencia personal. Ésta, de una forma controlada, es buena, ya que puede sacar lo mejor de nosotros, pero una incontrolada auto-exigencia puede provocar que nunca estemos satisfechos con nuestro trabajo, atentando gravemente contra nuestra auto-estima. Como no sé algo, no sé nada, o como no lo hago perfecto, no lo sé hacer (típico pensamiento impostor).

-Excesiva conciencia de humildad y/o mala interiorización del propio concepto. [LECTURA RECOMENDADA: LA HUMILDAD COMO VALOR TRANSVERSAL EN LA MÚSICA]

Miedo al fracaso y a cometer errores en público.  Vergüenza y coacción personal por el hecho y posibilidad de ser juzgados.

-Sensación de que sólo tiene valor aquello que cuesta mucho trabajo realizar, asumir o producir. Aquello que se lleva a cabo con “facilidad” y solvencia (normalmente aprendido a base de experiencia, formación y repetición), no merece ser valorado como algo que, desde nuestra intuición, si lo debería ser.

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EL SÍNDROME DEL MÚSICO IMPOSTOR.

El mundo de la música es altamente proclive a generar impostores en potencia: una alta competitividad y grado comparativo entre profesionales y estudiantes, los miedos e inseguridades presentes en la propia naturaleza de la interpretación artística y su dependencia de “el directo”, un mundo laboral muy pequeño en el que (casi) todos nos conocemos (física o digitalmente), presencia de fuertes e inflexibles estereotipos de éxito musical o, entre otros factores, el secuestro racional y emocional que hacemos de nosotros mismos persiguiendo ciertas metas de forma ineficiente.

 

De tal forma, existen cinco grandes apartados que, si te sientes identificado con alguno de ellos, puede que te estén arrastrando hacia el lado impostor.

1- Miedo a compartir tu trabajo, productos y éxitos académicos y profesionales.

Muchos músicos aún no se han dado cuenta que su empresa son ellos mismos, y que tienen que tener un bonito y ordenado escaparate, pero recuerda que lo que muestres en él siempre se tiene que corresponder en calidad con lo que hay dentro de la tienda, de lo contrario, sí que estarás defraudando de verdad a tu comunidad.

Asimismo, aún hay músicos que crean y no muestran masivamente en sus redes profesionales y sociales sus productos, o que cosechan un importante éxito y no lo comunican, siendo el intuido y mal interiorizado concepto de humildad el principal causante de ello.

Obviamente, todo emana del miedo a ser juzgado o de pensar que, como hay gente por encima de nosotros en cualquiera de las cosas en las que podamos a destacar, algo no pueda suponer una proeza, confundiendo el éxito personal con lo que podría suponer un caso de éxito para otras personas más avezadas y experimentadas profesionalmente que nosotros.

A menudo, directamente, a lo que se tiene miedo es a crear algo y a mostrárselo al mundo. Ten muy en cuenta que si te gustaría producir tus propios vídeos, componer nueva música, escribir un blog, llevar a cabo una idea de emprendimiento empresarial, compartir con tu comunidad un nuevo éxito o proeza, grabar un disco o abrir un canal de podcasting, entre otras iniciativas, y no lo haces, ya sabes lo que te ocurre, y es, básicamente, que eres una nueva víctima del síndrome del músico impostor.

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2- Fiebre académica

El mundo de la música académica, y sobre todo el de los conservatorios, es muy susceptible de dejarse llevar por la actual, interminable e insaciable, fiebre académica: cursos, clases de todo tipo, segundas o terceras carreras para completar la formación principal, másteres, asistencia a encuentros y eventos profesionales de todo tipo, etcétera.

Esta ambición por seguir aprendiendo y mejorando es inmejorable, lo que sí es mejorable y necesario es que llegue el día en el que decidas emprender y tomar iniciativas entorno aquello en lo que tanto te has formado.

Siempre va a haber algo que te quede por saber o dominar, y no es necesario tener un título o certificado de absolutamente todo para estar seguro de que realizarás algo satisfactoriamente. Como mejor se aprenden las cosas es experimentándolas y usando las técnicas, habilidades y conocimientos que hemos interiorizado durante nuestra formación.

Recuerda, ¿te formas por la propia ambición de aprender y desarrollarte, o te formas para auto-convencerte (y auto-convencer a los demás) de que estás preparado para desempeñar alguna función coleccionando certificaciones? De ser como en el segundo caso, demos de nuevo la bienvenida al pensamiento impostor.

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3- Comparaciones

Cierto es cuando se dice que las comparaciones son odiosas, y cuando hablamos de posibles víctimas del síndrome del impostor, aún más, ya que éstos siempre van a ir a compararse con aquellos que justifiquen su falta de iniciativas.

En el mundo de la música, todos nos conocemos, si no es personalmente, algo habremos oído hablar sobre ese alguien o habremos consumido algo de información en las redes sociales o internet al respecto.

Conocer quiénes son y qué hacen  las personas que están involucradas en nuestro mismo sector profesional no es, para nada, malo, lo perjudicial es usar toda esa información para hacer agravios comparativos contra nuestra propia persona.

Los músicos no impostores contextualizan toda esa información y lo que hacen es construir referencias, en cambio, los sí impostores se comparan con aquellos que, en teoría, están por encima dentro de un mismo sector o profesión. Las comparaciones o referencias son inevitables, y siempre va a haber alguien por encima de nosotros en formación, experiencia y prestigio profesional, pero eso no quita que tú no estés de sobra y altamente preparado para realizar la misma actividad que éstos.

En estos casos, el típico músico impostor, se esconde en este tipo de comparaciones  para no realizar pruebas, no acudir a audiciones, no concurrir a procesos de selección u oposiciones, a no difundir su música en la red o no compartir sus proezas.

Curiosamente, si os habéis dado cuenta, lo músicos que no se dedican profesionalmente a la misma, no tienen ningún problema en compartir y difundir sus creaciones, y es principalmente porque no tienen miedo a ser juzgados, ni a ser comparados ni criticados por lo que otros esperan de ellos, sólo disfrutan y hacen llegar a todos los posibles lo que han creado. ¿Tendremos mucho que aprender de cómo los músicos no profesionales gestionan, viven, aprenden y se sacrifican por la música?

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4- Inercias profesionales y estereotipos de éxito en la música.

La mayoría de los tradicionales perfiles profesionales que encontramos en el mundo de la música están sometidos a fuertes estereotipos. Frecuentemente, desde los primeros cursos de los estudios profesionales ya nos empiezan a imponer de una forma un poco enlatada a qué nos podremos dedicar en este sector y a cómo conseguirlo.

Tristemente, y más allá de lo que debería de ser, el abanico de posibilidades que se suele ofrecer no es, que se diga, demasiado amplio: orquestas, bandas, docencia y poco más. [LECTURA RECOMENDADA: MÚSICOS PROFESIONALES VS PROFESIONALIZARSE CON LA MÚSICA]

Por otro lado, a parte del empleo-estereotipo, existe cierta jerarquización en cuanto a qué trabajos están, más o menos, ligados con el éxito: directores de orquesta, solistas internacionales, músicos de ópera u orquesta sinfónica, profesores de prestigiosos conservatorios o academias, etcétera.

La gran parte de los que deciden emprender el camino hacia alguna de esas exitosas profesiones, lo hacen intentando seguir los pasos de otros que, o ya lo han conseguido, o están muy cerca de ello; concursos de solistas, jóvenes orquestas, “estratégicas” clases privadas con profesionales del sector o diversos estudios en el extranjero, por ejemplo.

La inercia podrá hacer que entremos en un círculo vicioso de metas predefinidas, mentalidad y comportamiento profesional, trayectoria académica e imitación de otras personas supuestamente exitosas. Todo lo que se salga de esos cánones, puede que esté fuera de nuestra zona de confort musical, ya que es más fácil y cómodo optar por aquello que sabemos que socialmente se nos premiará, además ya tenemos referencias y ejemplos de cómo llegar hasta ello.

Para nada os quiero transmitir con todo esto que el hecho de desear y querer optar a ciertos empleos tan bellos y gratificantes como los anteriormente mencionados sea algo perjudicial, ni mucho menos, pero sí lo es cuando uno mismo persigue alguno de estos estereotipos profesionales sin, en el fondo, desearlo.

En este apartado, el prototipo de músico impostor es aquél que se deja llevar por lo más normalizado y, a pesar de que anhela perseguir otras metas distintas a las  comunes y preestablecidas, no lo hace, siendo preso de las inseguridades como: creer que no se tiene capacidad y personalidad para innovar, no estar lo suficientemente preparado para perseguir sueños diferentes a los de la mayoría o pensar que, a pesar de tener evidencias de lo contrario, nunca llegarás a vivir y a ser respetado por hacer lo que realmente te apasiona, asumiendo con personalidad que, posiblemente, nunca llegarás a ser considerado alguien exitoso dentro de tu sector.

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5- Asumir nuevas y mayores responsabilidades:

El hecho de asumir nuevas responsabilidades es una de las ocasiones que más nos puede hacer de evolucionar y madurar, tanto en el plano profesional como en el personal.

Aquellos que lideran iniciativas de cambio y/o responsabilidad suelen ser premiados en sus entornos con mejores condiciones laborales, mayor respeto profesional y grandes beneficios en la propia autoestima. Además, cuando asumimos nuevos y mayores cometidos, la experiencia que cosechamos en la actividad realizada se verá sumada a nosotros de manera exponencial.

En nuestros entornos musicales, existen innumerables oportunidades para dar grandes pasos hacia delante en nuestras trayectorias profesionales: podemos proponer tocar un concierto solista en alguna de las agrupaciones donde toquemos regularmente, crear y/o proponer asumir un nuevo cargo en la empresa (orquesta, grupo musical, conservatorio, escuela, etcétera) donde trabajemos o podemos dejar de eludir esa responsabilidad que siempre hacemos recaer sobre otro.

Los casos anteriormente descritos supondrían lo completamente contrario a un pensamiento impostor, es decir, a tener iniciativas o asumir nuevos retos. Al otro lado de estas situaciones, se encuentran aquellos que, a pesar de barajar atractivas propuestas y disfrutar de un entorno muy favorable para crear y aprovechar oportunidades, se dejan absorber por el estatismo, los miedos y las inseguridades.

Obviamente, hay que seguir evolucionando, y una de las mejores formas de hacerlo es asumir nuevos retos. Si sientes que nunca te encuentras preparado para lo que te proponen, no te imaginas realizando otras tareas de mayor responsabilidad o tienes miedo de tener algo a tu cargo, probablemente no tengas un problema de formación, sino de actitud y estés sufriendo profundamente el famoso “síndrome del impostor”

 

La mayoría de los contenidos expuestos en estos cinco apartados, lo he enfocado hacia la fase “antes de”. Esto ha sido así porque considero mucho más importante y beneficioso, dentro del sector musical, el hecho de emprender y liderar iniciativas de cambio.

Los músicos han de ser personas dinámicas, creativas, abiertas y dispuestas a ofrecer mucho y de gran calidad, y todo ello comienza, como siempre, con un pensamiento y una nueva actitud.

Espero haber contribuido a que haya un poco menos de músico impostor en todos vosotros. Concluyendo, os dejo con un pequeño epílogo metafórico elaborado para la ocasión.

Para hacer una gran hoguera son necesarios dos elementos: material para quemar y una chispa que inicie el fuego. Podemos estar toda la vida acumulando madera, cartón y papel en cantidades infinitas para incinerar, pero sin una pequeña llama todo eso quedará amontonado sin llegar a culminar el principal objetivo: convertirse en llamas.

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Eduardo Sánchez-Escribano García de la Rosa.

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“NO PUEDO, TENGO QUE ESTUDIAR”. EPIDEMIA EN LAS AULAS DE MÚSICA

(Un día cualquiera, en un aula de instrumento cualquiera y un profesor de música cualquiera con un alumno que acaba de entrar por la puerta. Supongamos que éste tiene entre diez y catorce años, por ejemplo)

Profesor: (Alegre y entregado) ¡Hola! ¿Qué tal todo? ¿Cómo fue la semana?

Alumno: (Tímido y cabizbajo) Bien…

Profesor: (Asiente decepcionadamente con la cabeza,  ya sabe lo que pasa, no es el primer ni último caso similar) ¿Seguro? ¿Qué tal te ha ido con el material que tenías que trabajar esta semana? (Pregunta intencionadamente)

Alumno: Es que… esta semana no he podido dedicarle tiempo porque TENÍA MUCHOS EXÁMENES Y MUCHO QUE ESTUDIAR.

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Está hipotética situación refleja el día a día de las escuelas de música y, posiblemente, en algo de menor medida, de los conservatorios elementales y profesionales. Con esto no quiero decir que todos los alumnos, todos los días, no estudien y/o practiquen los contenidos a trabajar en las clases, ni mucho menos, pero sí se puede decir que es algo bastante habitual y depende, en su práctica totalidad, de los rasgos actitudinales de los jóvenes, el (a veces) excesivo volumen de actividades, exigencias y responsabilidades a las que éstos son sometidos y, en su conjunto, cómo todo ello es  gestionado por los que pueden y deben velar por su educación y valores: padres, madres y profesores.

Partiré de un análisis previo del contexto, entorno y factores que intervienen e interactúan actualmente, y según mi perspectiva, en  la educación musical de los más jóvenes.

1) Infinidad de distracciones tecnológicas y digitales para los que empiezan a tener un acceso independiente a las mismas (más o menos, la edad planteada anteriormente), es decir, móviles, tabletas, portátiles y demás dispositivos habidos y por haber con sus respectivas aplicaciones, juegos y redes sociales. Los alumnos, a veces argumentan su continuo y excesivo uso como herramientas que necesitan para estudiar y formarse pero, en realidad, en muchas ocasiones, no le dan ese uso, sino única, exclusiva e íntegramente para el ocio (ocio que, a su vez, es muy susceptible de convertirse en adicción)

2) Cada caso es un mundo y depende mucho del entorno, pero, en muchas ocasiones, cuesta bastante que los jóvenes adquieran la necesidad y responsabilidad de esforzarse en conseguir buenos resultados, más allá de la ley del mínimo esfuerzo y por su propio bien.

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3) En contraste, y agravando la brecha respecto al punto anterior, también se suele dar la figura paternal de la exigencia máxima en cuanto a la excelencia académica se refiere. Los dieces a cualquier precio, dando igual cuánto pagar respecto a sacrificios, preferencias, gustos, pasiones y, por supuesto, “invitar” (por no utilizar otra palabra menos permisiva) a dejar a un lado todo lo que te aleje de ello, provocando la absorción de la plena “cultura de la funcionalidad”.

4) Los niños consumen y están expuestos a una cantidad de información abismalmente mayor respecto a las que generaciones anteriores disfrutaron, provocando que empiecen antes, y de una forma más variada y profunda, a configurar su sistema de valores y su forma de relacionarse estratégicamente con el entorno (las habilidades sociales). La tecnología y los medios digitales les proporcionan una ventana al mundo que debe de gestionarse y atender debidamente por aquellos sobre los que recae dicha responsabilidad.

5) Los jóvenes realizan multitud de clases y actividades extraescolares, ocupando todos sus ratos libres y, a veces, hasta los fines de semana. Éstas, a pesar de que pueden significar (y significan) una parte muy importante, prácticamente esencial, en las vidas y formación de los escolares, pueden llegar a ser muy intensas, agotadoras, ocuparles mucho tiempo o, incluso, traer consigo más responsabilidades de estudio y quehaceres semanales, como puede ser el caso de la música, necesitando una buena planificación y organización de las mismas si se quieren aprovechar como algo beneficioso y no como un lastre.

6) Las clases de música, fuera de la escolaridad,  pueden significar, tanto para alumnos como para padres y madres (aunque, a veces y tristemente,  hasta para los mismos profesores), desde una actividad primordial y esencial para la formación integral del individuo, hasta la última prioridad; aquel sitio donde van a entretenerse y a pasar el rato mientras “yo hago la compra y pago las multas”.

7) Supremacía absoluta y omnipotente de los estudios obligatorios frente a cualquier otra cosa en este mundo, olvidando que los títulos y la formación reglada no es exclusivamente lo necesario para desarrollarse con éxito personal y socialmente. Obviamente, es extremadamente importante, imprescindible, pero no debemos enfocarlo y abordarlo como algo exclusivo y excluyente, más bien, yo diría que preferente y compaginable.

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8) Un sistema escolar que exprime, agota y consume a los alumnos a deberes y tareas extras, que, muy frecuentemente, confunde la cantidad con la calidad de las actividades y les ocupa gran parte de su “tiempo libre” desde, en muchos casos, muy temprana edad. A todo ello, evidentemente, hay que sumarle las entre 5 y 7 horas que ya pasan dentro del recinto educativo a diario.

Teniendo en cuenta todos los factores anteriormente expuestos, pueden darse tres principales razones que lleven a un alumno a vivir el ejemplo expuesto en la cabeza del texto, a pronunciar las palabras mágicas: “no puedo/pude, tengo/he tenido que estudiar”.

 

1- ¿MIENTE Y MANIPULA? ¿SE ENGAÑA A SÍ MISMO?

Análisis:

El alumno no ha estudiado, y no porque no haya podido, sino porque no ha querido. Él, ya empieza a saber qué argumentos le pueden hacer eludirse de sus responsabilidades y, decir “tengo mucho que estudiar”, cree (y sabe) que le permitirá cosechar una justificación comúnmente aceptada y generalizada, tanto de cara a los profesores de música como para sus propios padres.

En otras ocasiones, los alumnos llegan hasta no asistir a las clases de música basándose en esta misma justificación, convirtiéndose en una práctica bastante habitual. Ellos saben que si emiten la fórmula secreta, los padres aprobarán muy gustosamente la falta aunque, incoscientemente, no les estén haciendo ningún favor.

Puede que a veces sientan la verdadera necesidad de sacrificar las clases extraescolares para sacar adelante sus tareas o exámenes, pero ese comodín no puede ser usado de una forma tan gratuita como se emplea en algunas ocasiones, y el papel de los educadores y padres es saber detectar y gestionar adecuadamente este tipo de situaciones.

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¿Qué hacer?

Es muy importante aprender a profundizar en cada caso, es decir, saber si realmente no ha dedicado nada de tiempo a las clases de música porque no ha querido o porque no ha podido, lo cual me parece, a priori, tan extraño como preocupante, porque no es para nada recomendable (ni común) que un niño con, por ejemplo, doce años, tenga que llegar a esa situación (de ello hablo en puntos posteriores)

En estos casos, no hay que recriminar al alumno sin más, hay que dialogar, tanto con él como con sus padres.

[ARTÍCULO RECOMENDADO: MAMÁ, PAPÁ, QUIERO IR AL CONSERVATORIO.]

Hay que permanecer cercano al alumno y hacerle entender la rotunda importancia que tiene la constancia, la perseverancia y la regularidad en el proceso de aprendizaje de los instrumentos y habilidades musicales. Hacerle ver que no existe otra manera de conseguir lo que, supuestamente, ha ido a aprender a las clases de música.

Algunas veces, el problema es que al joven no le gusta nada lo que hace en las clases de música; no está motivado, no le encuentra sentido, se aburre y distrae constantemente, etcétera. De esta forma, obviamente no va a esforzarse. Le puedes obligar, castigar, suspender y amenazar, pero lo único que conseguirás es, en un periodo muy corto de tiempo, tener un alumno menos y, probablemente, que acabe odiando la música.

[INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LA IMPORTANCIA DE LA AUTOMOTIVACIÓN EN EL AULA (PARTE 4/6)]

Es difícil, nadie dijo jamás que fuera de otra forma, pero hay muchas formas de hacer vivir la música como algo positivo y que merezca la pena a un alumno de estas edades. Hay que esforzarse, conocerle más, buscar alternativas y experimentar con todo tipo de actividades y herramientas, no siendo necesario renunciar a los contenidos y materiales que se quieran trabajar (programación), simplemente, hay que encontrar otros caminos de llegar hasta ese punto en el que el alumno está motivado, le guste lo que hace, lo entienda, lo vea accesible y esté dispuesto a organizarse mejor y sacrificarse para seguir adelante.

El contacto con los padres, en general, es importante, pero en estos casos es imprescindible. Ellos son los cómplices directos del proceso de aprendizaje, pues si un alumno te argumenta con frecuencia que no ha podido estudiar, lo deben saber y se debe de investigar si eso ha sido cierto o no (muy importante), guiarles en cómo ayudar a sus hijos en lo que a la educación musical respecta, hacerles ver y sentir el valor real que tiene para los jóvenes el verse involucrados en introducir la música en sus vidas, etcétera.

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Lo más importante, desde mi punto de vista, es el demostrarles que puede que los niños utilicen estratégicamente el “no puedo, tengo que estudiar”, para evitar sacrificios y evadir responsabilidades. Ese es un comodín que hay que gastar cuando sea estrictamente necesario y no de una forma tan gratuita como muchos de los alumnos de hoy en día hay aprendido a usar, pues saben que “haciéndose los responsables” (en el plano académico) conseguirán todo lo propuesto y el favor y admiración de sus progenitores y profesores.

 

2- SOBRECARGA DE ACTIVIDADES

Análisis:

Colegio/instituto, catequesis, música, baile, inglés, patinaje, clases de apoyo, fútbol, pintura, artes marciales, comparsas, campamentos… Éstas, y además de otro sinfín de actividades, suelen ser frecuentadas semanalmente los escolares. De toda esta muy resumida lista, los jóvenes suelen combinar tres o más actividades, ocupándoles algunas de ellas varias horas en días distintos.

Son niños, es decir, ciertamente envidiosos e impulsivos; si un amigo se apunta a “lo que sea”, ellos se quieren apuntar, y si ofertan una actividad nueva en las extraescolares a su alcance, ellos quieren ser los primeros en experimentar.

Son terremotos, pueden con todo, rebosan energía, pero tienen un límite y, si lo sobrepasan, ya puede ser tarde. Hay que ser conscientes y tomar las medidas y decisiones oportunas.

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A todo ello, y como ya he indicado en el análisis previo, hay que sumarle la abismal carga lectiva de deberes y tareas para casa que, día a día, acumulan y linchan a los alumnos de cualquier nivel. Este problema es un tema que está en plena vanguardia de debate, recibiendo y sumando opiniones, enfrentamientos y críticas por parte de todo el colectivo de docentes, instituciones educativas y asociaciones de padres y madres de alumnos del país.

¿Qué hacer?

Los padres deben de saber y ser conscientes de las inquietudes y capacidades de sus propios hijos, guiándoles respecto a ello.  Ellos siempre van a querer lo mejor para ellos, pero también deben de pedir consejo y asesoramiento a los profesionales de la educación, y el profesor, en consecuencia, responder.

POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.

El hecho de realizar muchas actividades extraescolares puede que les consuma poco a poco, o que no lleguen a beneficiarse de alguna de ellas todo lo que podrían, como es en el caso de la música.

La música, el colegio/instituto y otras tres o cuatro actividades extraescolares más, no siempre son compaginables y hay que tomar decisiones: hay que priorizar y optimizar. Se puede dar el caso de que haya “niños superhéroes” que saquen satisfactoriamente adelante cualquier actividad en la que se vean involucrados, por muchas y distintas que se les echen encima, pero eso tiene un límite, y algún día se pueden llegar a estresar o derrumbar moralmente ante esa presión. El vaso se va llenando hasta que no entra ni una sola gota más.

Yo que les voy a decir, y si no lean cualquiera de los contenidos existentes en este blog, pero, en caso de tomar decisiones y prioridades, yo les animo a que sea la música una de esas actividades elegidas y prioritarias.

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Al contrario que otras actividades extraescolares, la música requiere un tiempo de estudio y dedicación fuera del tiempo de clase. Si ni los alumnos ni los padres están dispuestos a ser constantes y perseverantes, es mejor que lo dejen, porque lo único que van a conseguir es frustración: primero ante la evolución de otros alumnos y la correspondiente e inevitable comparación que entre ellos se suele dar y, segundo, con el propio no desarrollo de sus habilidades y conocimientos musicales, pues éstos necesitan sentir ciertos avances para sentirse continuamente motivados.

LA MÚSICA Y EL BAMBÚ JAPONÉS: NO APTOS PARA IMPACIENTES

 

3- MALA GESTIÓN DEL TIEMPO.

Análisis:

En el tercer caso, los alumnos presentan las capacidades necesarias y abarcan un número de actividades bastante asumibles y compaginables, pero lo que les falta es saber (y querer hacerlo) el cómo gestionar las clases, el estudio, el ocio y las propias inquietudes y aficiones que vayan adquiriendo por el camino.

Van sacando todo adelante, con altos y bajo en su motivación y rendimiento, pero se van salvando de todo con resultados no superiores al notable (con algún desliz) y no ciertamente irregulares.

Algunos de éstos se esfuerzan, pero no gestionan bien su tiempo y sus quehaceres. Empiezan a tener una cierta libertad en cuanto al estudio y al ocio, pero no siempre responden bien ante la responsabilidad que esto supone.

A ciertas edades ya poseen acceso ilimitado a tecnologías y medios digitales como móviles, tabletas, ordenadores, videoconsolas o redes sociales. Como bien sabemos todos, pueden suponer un vertedero de tiempo desorbitado para los que aún no hayan desarrollado las competencias de cómo gestionar el tiempo que dedicamos a cada cosa respecto a lo que ésta nos aporte. Si incluso para los más adultos, y, supuestamente, más maduros y responsables, ya es un gran reto al que nos enfrentamos cada día, imagínense para un joven de entre once y catorce años. (No hay nada más que ver la tremenda adicción que los chicos y chicas de esta franja de edad empiezan a tener con los teléfonos móviles).

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Todo ello, puede provocar que, a lo largo de una semana, no hayan tenido (o querido sacar) tiempo para dedicárselo a algo más allá que a lo estrictamente necesario, como puede ser sacar un suficiente en lo que sea, pues lo importante para muchos de éstos es aprobar y no repetir: ley del mínimo esfuerzo y la vida sigue.

En estos casos, cuando atraviesan la puerta del aula de música y dicen el famoso “no he podido, tenía mucho que estudiar”, en realidad se refieran a “no he estudiado nada porque el poco tiempo que he invertido en esforzarme en algo, lo he dedicado a estudiar para aprobar algún examen en el que espero sacar un cinco (y lo celebraré) para no suspender, no tener que repetir, que no me castiguen y poder seguir haciendo lo mismo que, por otro lado, me está yendo más o menos bien”.

Éste es un claro ejemplo de falta de ambiciones, sueños, afán por hacer las cosas bien, respeto por aprender y, a menudo, estaríamos hablando de jóvenes que pasan horas incontables al frente de televisiones, ordenadores, móviles y consolas o, por otro lado, el otro perfil de alumnos, aquéllos que empiezan a pasar horas y horas (muchas) en la calle, y a saber haciendo el qué.

En otras ocasiones no es cuestión de pérdida de tiempo, o de mala gestión vista desde el pasotismo, sino del mal uso, o uso descompensado, de lo más preciado que tenemos: las horas y los minutos, algo que debemos de aprender desde muy pequeños.

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No siempre el esfuerzo realizado y el resultado obtenido son recíprocos. A lo mejor, se esfuerzan pero no cosechan lo que deberían o les gustaría; ineficiencia de estudio, invierten tiempo de más en cosas que no lo requieren, sufren inseguridades que les hacen pensar que no rinden lo suficiente, o miedos en general entre otras causas.

¿Qué hacer?

Para el primer caso expuesto, para los pasotas, en primer lugar es muy importante hablar con ellos seriamente: hacerles ver la importancia que tiene la perseverancia en la práctica de la música, invitarles a que hagan una autocrítica del uso que hacen de las tecnologías, sentirles ver si desean y quieren seguir aprendiendo música, así como todos los beneficios que ésta les puede aportar en sus vidas (aquí es muy importante el papel motivador del docente como guía), además, se puede aprovechar para realizar una importante enseñanza y ejemplificación de valores personales.

LA HUMILDAD COMO VALOR TRANSVERSAL EN LA MÚSICA

En el segundo, el de los quiero y no puedo (supuestamente, y aunque eso dicen muchos, pero mienten) hay que ayudarles a saber cómo gestionar el estudio de las tareas musicales en épocas o momentos más complicados y de estrés y agobio. Para ello, se pueden realizar cuadrantes de estudio semanal, aprender a organizarse las tardes haciendo listas de actividades y responsabilidades y, sobre todo, enseñarles a cómo usar la música como momento de distensión, relajación y evasión de otras tareas más estresantes como por ejemplo, dedicarle unos minutos a tocar en el descanso del estudio preparatorio de un examen con un duro temario.

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Evidentemente, hay que aliarse con los padres: hablar con ellos de los posibles problemas que pueda presentar su hijo, ofrecerles asesoramiento y consejo desde la experiencia, informales de cómo y por qué deben ayudar a su hijo a que siga su camino en el aprendizaje de la música , guiarles a cómo no desvincular las actividades de música de sus responsabilidades académicas y, por encima de todo, llegar a conseguir que confíen en ti, el profesor de música, como una pieza clave e indispensable en la educación integral de sus hijos.

 

CONCLUSIÓN

Probablemente, piensen que dicho análisis es demasiado profundo y tremendista para un hecho tan insignificante como a algunos le puede parecer la situación supuesta, pero, en realidad, es una inmejorable situación para hacer pedagogía de la experiencia, pudiendo hacer crecer y aflorar excelentes valores de los cuales, por supuesto, se verá beneficiado más allá de la música y a lo largo de toda su vida.

Por otro lado, puede que en un principio, y sobre todo para los menos experimentados, de respeto el meterse en cómo una familia debe gestionar la formación y educación de sus hijos, pero yo opino que hay que dejarse aconsejar por aquellos que se dedican a trabajar con ellos, con los que tratan día a día a cientos, ya que para algo son profesionales de la educación.

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No son nuestros hijos, pero también queremos lo mejor para ellos, y hablo en plural, porque mi incluyo plenamente. Trabajan con múltiples de casos, perfiles e individuos distintos y similares a la vez, teniendo una perspectiva global del sector y de las materias primas, lo cual ayuda a detectar los posibles problemas con efectividad y a plantear diversas y ya experimentadas formas de cómo solucionarlo.

En cambio, si se ignora, comprende y/o cede, no estamos haciendo, para nada, un favor al alumno, ni a su familia, ni a la educación musical.

Todo sea por una mejora de la calidad y valor de la enseñanza musical en escuelas de música y conservatorios elementales y profesionales, concienciación de profesores, padres, madres, instituciones y alumnos, y de que nuestra labor pueda alcanzar la magnitud que puede, debe y merece.

 

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MAMÁ, PAPÁ, QUIERO IR AL CONSERVATORIO.

Cada año, miles de jóvenes se preparan y conciencian durante todo un curso escolar para afrontar las pruebas de acceso a conservatorios profesionales. En ellas, intentan demostrar, a través de una sola oportunidad, todo su nivel en diversas disciplinas: interpretación  y técnica instrumental, entonación, habilidades auditivas, lectura rítmica y teoría musical.

Detrás de ese único intento, hay cientos de horas de clases, estudio, ensayos y preparación previa, fruto del trabajo, esfuerzo y sacrificio de muchos años atrás, y no sólo del presente curso que recientemente finaliza como preludio a dichas pruebas. En verdad, la ocasión, en sí misma, de materializar tantísimo trabajo en un escueto espacio de tiempo, ya merece la pena de experimentar para una persona que aún le queda tanto por vivir y desarrollar.

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Sí el trabajo da sus frutos, los jóvenes cosecharán buenos resultados y lograrán ingresar en los centros correspondientes, entonces, no se acordarán de todo el camino recorrido para llegar hasta ahí, simplemente, estarán rebosantes de alegría y con ganas de comerse el mundo; una gran dosis de confianza en uno mismo.

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Una vez dentro, serán muchos los factores que determinarán en cómo y cuánto su paso por este tipo de enseñanzas influirá en sus destinos: puede que se dedique profesionalmente a cualquiera de los múltiples oficios y disciplinas a las que el estudio de la música da acceso, puede que decida compaginarlo con otros estudios (medios o superiores) de forma paralela,  abriéndose una infinidad de posibilidades académicas y profesionales (existentes o por descubrir) o, simplemente, le habrá hecho desarrollarse artística y humanísticamente como individuo, conociendo un sinfín de personas y viviendo múltiples experiencias que, sin ninguna duda, no pasarán desapercibido en sus valores, educación, profesionalidad y exitosa relación con el entorno social.

CHINOS TOCANDO

Porque hay que tener una cosa clara, el hecho ingresar en un conservatorio profesional de música no significa que, obligatoriamente, tengamos que dedicarnos académica y profesionalmente a ésta de forma  exclusiva y/o excluyente, eso es algo que el destino de la propia persona decidirá, a lo largo de ir conociendo nuestras ambiciones, capacidades, pasiones y sueños.

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LA DÉCADA ESPAÑOLA DE LOS SUPERHÉROES MUSICALES

 

VÍCTIMAS DE NUESTRAS PROPIAS AMBICIONES

Hablaremos de la otra cara de la moneda, que, por otro lado, es el principal objetivo de este escrito. Éste, no es otro que hablar de todos aquellos jóvenes que habiéndose mentalizado y preparado durante varios años y, a última hora, deciden que no realizarán las pruebas de acceso a los respectivos centros de enseñanzas profesionales de música.

Es normal que en la recta final, cuando los aspirantes empiezan a visualizar el momento de los exámenes, entren los miedos y nervios, aflorando preguntas como: ¿Qué pinto yo aquí? ¿Qué necesidad hay de pasar por este mal trago? Si analizas superficialmente los factores, es fácil entender el porqué de estos pasos atrás de última hora; sólo tendrán una oportunidad para demostrar todo lo absorbido previamente, frente a un tribunal compuesto por numerosos desconocidos, en un lugar nuevo y rodeado de posibles nuevos compañeros que, a su vez, son sus competidores; una mezcla un tanto explosiva para alguien que, normalmente, rondará entre los 12 y 15 años de edad.

(No dejes de leer: EL SÍNROME DEL MÚSICO IMPOSTOR)

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Para continuar, me gustaría invitarles a hacer una reflexión haciendo uso de una frase que recuerdo siempre que me encuentro agobiado en la persecución de mis objetivos y sueños; “mar en calma no hace experto al marinero”. En otras palabras, esta sabia expresión nos invita a salir de nuestra zona de confort (en todos los sentidos) para poder avanzar, desarrollarnos y descubrir todo aquello que la vida nos depara, dentro, fuera o a través de la música. Lo que sí es obvio, es que los miedos o pasos hacia atrás de última hora, pueden aparecer, pero tenemos que afrontarlos, superarlos y salir reforzados de ello, para ello necesitaremos el apoyo incondicional de nuestros padres, madres, amigos y profesores.

 

FALTA DE APOYOS: SUEÑOS QUEBRADOS, ESFUERZO EN VANO.

Más allá de lo que debería de ser, no siempre se manifiesta el apoyo y aliento que en estas ocasiones suelen demandar en silencio los jóvenes músicos, es más, puede que las mismas personas que tendrían que motivarles, sean las que, a última hora, les frenen a seguir adelante con esta tan ardua como motivadora misión.

Inconscientemente, y, por otro lado y con total seguridad, queriendo lo mejor para sus hijos, a veces son los propios padres y madres los que, a última hora, desaniman a éstos para no continuar en este proceso, pudiendo incluso llegárselo a prohibir.

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A veces, y por cualquier tipo de circunstancia, los medios económicos de algunas familias tampoco favorecen y permiten el esfuerzo que esto supone, aunque existen diversas becas y ayudas de estudio disponibles desde varias instituciones públicas. No obstante, no quiero pensar que es debido a la pereza y comodidad de los propios padres la que les hace de no asumir la responsabilidad y sacrificio que ésto supone; transportes a las clases, supervisar los quehaceres a mayores asumidos por sus hijos, asistir a conciertos y audiciones extraordinarias, estudio diario y ruidoso en casa, etcétera.

Sin duda alguna, los padres, por muy adultos que sean, también pueden caer presas de miedos como: “mi hijo no va a poder con todo (instituto/universidad y conservatorio)”, “no quiero que se dedique a la música, él puede estudiar una carrera de verdad”, “tengo miedo a que se le llene la cabeza de pajaritos con la música y no quiera terminar sus estudios obligatorios”, “en el mundo de la música va a conocer gente que no le conviene” y otro sinfín de preguntas fruto de la más profunda desinformación respecto a este mundo académico y profesional.

Estos tipos de padres y madres, recomendarán e intentarán reconducir, o en algunos casos prohibir, la voluntad de sus hijos hacia la de sus propios vértigos con el fin de moldearlos hacia sus sueños y ambiciones, e insisto, indudablemente, queriendo lo mejor para ellos. Para ellos sólo tengo unas palabras; estáis profundamente equivocados.

(Lectura recomendada: POR FAVOR, ESCUCHEN AL PROFESOR DE MÚSICA.)

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Hoy en día, el siglo de los “ninis”, de la ley del mínimo esfuerzo, del todo fugaz e inmediato, de los vicios tecnológicos y de las “litronas y cigarritos” en el parque recién tomada la primera comunión, me parece una absoluta barbaridad que un joven (pre-adolescente) solicite asumir más responsabilidades, esforzarse más de lo que debería, salir de su zona y burbuja protectora de confort, instruirse en las artes y las humanidades, abrirse tempranamente al mundo, y no apoyarle incondicionalmente a ello; éstos necesitan alientos y apoyo, no cadenas y prohibiciones.

Lo más importante es que se expongan a la experiencia, tanto a hacer la prueba de acceso como a dar sus primeros pasos en las enseñanzas artísticas, lo demás lo deparará el futuro: puede que no lleguen a aprender a compaginar y asumir todos los esfuerzos y responsabilidades que esta situación requiere (que, con ilusión y apoyo, lo dudo mucho), puede que descubra que el mundo académico de la música no es lo que esperaba y lo deje, puede que se convierta en un reputado y solicitado profesional en cualesquiera de las ramas que ésta ofrece, puede que, simplemente, acabe sus estudios profesionales y le supongan una diferenciación profesional y personal en su futuro algo que, por otro lado, cada vez se tiene más en cuenta en el mundo empresarial por los valores y personalidad que se adquieren en el camino musical académico.

 

NUNCA ES TARDE, PERO AHORA ES MEJOR.

Hay ciertas cosas en la vida para la que nunca es tarde, y la música es un claro ejemplo de ello, pero también es verdad que para adentrarse en un conservatorio y disfrutar al máximo de todas las oportunidades y beneficios que éste brinda, hay ciertos momentos más idóneos que otros, y es en esa franja de edad anteriormente mencionada (12-15 años) donde más disfrutarán de ello, en múltiples sentidos, aquellos que así lo decidan y no haya nada ni nadie que se lo impida.

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Curiosamente, la práctica totalidad de personas que tuvieron la oportunidad y nivel para acceder a este tipo de enseñanzas artísticas, y no lo hicieron, ahora se arrepienten, y no necesariamente por no haberse dedicado la música profesionalmente, sino porque la música, en la mayoría de los casos, te acompañará de por vida, como pasión, como nexo de unión con muchas de las personas que más aprecias, como desahogo y vía de escape, como actividad social prioritaria, como arte que te gustará enseñar y compartir con tus hijos, etcétera.

Lo que está claro, es que el camino sólo se sabe dónde llegará si se decide emprenderlo, y para ello necesitamos superar nuestros miedos, estar permanentemente apoyados, informados y continuamente motivados.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA: LAS BANDAS DE MÚSICA Y LAS HABILIDADES SOCIALES (PARTE 6/6)

Para concluir esta primera serie de artículos sobre INTELIGENCIA EMOCIONAL Y MÚSICA, he dejado el mi capítulo favorito, no siendo otro que el de las habilidades sociales y su relación con las comunidades artísticas de aprendizaje.

¿QUÉ SON Y CÓMO NOS INFLUYEN LAS HABILIDADES SOCIALES?

Básicamente, son los comportamientos de tipo emocional y conductual que exteriorizamos en las relaciones interpersonales (entre personas) y que nos permiten, por norma general, adaptarnos a un entorno social. Éstas son imprescindibles para desenvolvernos con éxito por el mundo, permitiéndonos reconocer, comprender y responder adecuadamente a las diversas situaciones que podemos experimentar en nuestra interactuación con el medio.

El desarrollo de las habilidades sociales, así como el de todos los otros elementos que integran la inteligencia emocional, son esenciales para la consecución de los objetivos y metas marcadas, ya que, incluso las personas más brillantes académica e intelectualmente hablando, están avocadas al fracaso en su interactuación con el entorno si no desarrollan éstas adecuadamente, pudiendo ser tachadas de arrogantes, poco empáticas, insensibles y, en general, evitadas por los demás.

El psicólogo P. Ekman, en sus estudios respecto a la capacidad que poseemos de interactuación con nuestras emociones como habilidad social fundamental, acuñó el concepto “despliegue de roles” para referirse al cómo, cuándo, dónde, por qué y con quién, resulta adecuado expresar nuestros sentimientos, y para el que es totalmente imprescindible conocer y dominar el entorno cultural en que estemos relacionándonos.

[ARTÍCULO RECOMENDADO] EL RELATIVISMO CULTURA EN LAS PROFESIONES ARTÍSTICAS

Este tipo de aprendizaje se desarrolla desde edades tempranas. Parte de él es explícito, es decir, nos dicen directamente como mostrarnos en ciertas situaciones, y parte se adquiere mediante un proceso de moldeado indirecto  que, desde niños, vamos absorbiendo a través de observar las relaciones de los demás. Es vital, puesto que el éxito social y personal está estrechamente ligado con la capacidad de sociabilización.

 

INFORMACIÓN SOBRE EL LIBRO “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (1996) DE D. GOLEMAN

 

Según R. Gardner, y vinculándolo directamente con la categoría de la inteligencia interpersonal que  presenta en su Teoría de las Inteligencias Múltiples, existen cuatro principales habilidades sociales. Éstas, determinan los elementos que componen la inteligencia emocional de una persona y, a su vez, vincula la posesión de los siguientes talentos con el estimado éxito que se puede cosechar al desempeñar ciertas funciones o profesiones.

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+Organización de grupos: Es la habilidad esencial para ejercer el liderazgo. Consiste en poseer las capacidades y herramientas necesarias para movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas.

+Negociación de soluciones: Talento social consistente en impedir la aparición de conflictos y/o en solucionar aquéllos que puedan surgir.

+Conexiones personales: Sus bases radican en la empatía de las personas y en el “arte de trabajar en equipo”. Ésta, favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por los sentimientos e intereses ajenos.

+Análisis social: Habilidad fundamentada en saber detectar, definir y expresar los sentimientos, intereses y motivaciones de los distintos colectivos o de la sociedad en general. En otras palabras; la capacidad de profundizar en los problemas y emociones de los demás con facilidad.

Aquellos que disfrutan de estas habilidades interpersonales son más propensos a desarrollar los otros elementos que componen la inteligencia emocional. Además, suelen ser ese tipo de personas con las que la gente desea pasar su tiempo, básicamente, las sensaciones agradables que transmiten por su mera presencia y compañía.

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LAS BANDAS DE MÚSICA Y EL DESARROLLO DE LAS HABILIDADES SOCIALES

La música es una disciplina artística que, generalmente, destaca por ser extraordinariamente social. Realmente, en los entornos no profesionales, es donde más tangible se hace dicho poder de sociabilización, estimulado, como principal factor, por la gran diversidad que suele darse entre los miembros que componen una banda de música, orquesta, coro o cualquier tipo de agrupación amateur.

Este tipo de formaciones se denominan “comunidades artísticas de aprendizaje”, entendiéndose como aquél grupo de personas que se reúnen regularmente, y bajo una denominación común, para realizar actividades interpretativas, como puede ser, más allá de colectivos únicamente musicales, un grupo de teatro o un club de danza.

Dese la perspectiva de mi propia experiencia cosechada, estudio y percepción, afirmo que las bandas de música populares son comunidades donde se genera y potencia, profundamente, el desarrollo de las habilidades sociales, capacidad propia de la inteligencia emocional y donde radica el gran porcentaje de posibilidades de éxito.

Las bandas de música componen uno de los más valiosos elementos y tesoros de la actividad cultural y musical de España, ya que, gracias a ellas y desde que se empezaron a estabilizar por toda la geografía nacional hace más de un siglo, cientos de miles de personas han tenido acceso a la práctica artística e interpretativa.

 

 

Las  características y naturaleza de sus componentes suele ser extremadamente variada. Mágicamente, aúna la voluntad e inteligencia, sobre un mismo escenario, de personas de muy distintos perfiles sociales, económicos, edades, géneros, ideologías, culturas y razas con un solo fin; hacer música y disfrutar de ello.

Pertenecer y participar en las actividades llevadas a cabo por una banda de música nos permite, desde muy pequeños y hasta muy entrados de edad (mientras la salud lo permita), compartir tiempo, conversaciones, viajes, proyectos y experiencias con gente muy distinta a nosotros, y en todo tipo de espacios y contextos que podamos imaginar.

Inconscientemente, al pertenecer y participar activamente en la vida de una comunidad artística y, en la mayoría de los casos, desde muy jóvenes, estamos absorbiendo y desarrollando innumerables herramientas sociales, aprendiendo constantemente a desenvolvernos en múltiples contextos y con una amplia gama de tipos de personas.

cerebro-musicaEn este tipo de entornos se favorecen relaciones humanas muy diferentes y complejas, ya que en otros ambientes, difícilmente, un niño de doce años, estudiante de sexto de primaria, por ejemplo,  puede compartir responsabilidades en un mismo atril con un exitoso empresario y padre de dos hijos, o un joven adolescente puede ejercer tempranamente lo que conlleva el liderazgo, siendo el encargado de instruir y guiar a toda una cuerda de “cincuentones” licenciados de la vida.

Estos ejemplos, son sólo una muestra de las tan infinitas como provechosas situaciones que se pueden dar en el día a día de nuestras bandas de música. Obviamente, con el paso del tiempo, se normalizará y puede que no le demos la importancia y trascendencia real que posee, pero, tanto para los jóvenes como para los más veteranos, es una auténtica escuela de habilidades sociales que, sin ninguna duda, constituye un denominador común en la personalidad, trayectoria e inteligencia emocional de gran parte de los expuestos a ello.

La música transforma a las personas, desarrolla íntegramente su potencial, te da alas y te hace libre, las experiencias a las que te expone te harán desenvolverte eficientemente en el mundo, pero lo que no hay que olvidar es que la música es buena en sí misma y no hay que permitir que se esté continuamente empleando y ejemplarizando como puente utilitarista para conseguir otros objetivos.

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4 IDEAS NO TRADICIONALES PARA EMPRENDER EN LA MÚSICA (PARTE 1)

A pesar de lo que popularmente se cree, existen multitud de opciones profesionales y de ideas dónde se pueden aplicar todos los conocimientos y habilidades cosechadas tras toda una vida de dedicación y estudio de la música.

Este no es el primer artículo que se escribe al respecto, ni mucho menos. Por ello, aquí les dejo una serie de enlaces donde pueden ver otros contenidos similares (12) pero, desde mi punto de vista, son algo tradicionales y, a día de hoy, muy desgastados; dar clases particulares de tu instrumento, crear un canal de youtube, tocar en la calle, crear un blog, etcétera.

Muchas de estas nuevas ideas son fruto de la reciente revolución tecnológica que hemos vivido desde hace pocos años atrás, otras, simplemente, han sido consecuencia de la diversificación, especialización y de las nuevas necesidades surgidas y creadas en el sector.

Es preciso especificar que puede que estas ideas no sean totalmente exclusivas, es decir, que haya gente que ya las esté realizando, pero eso no significa que ustedes no puedan emprender y llevarlas a cabo en sus especialidades o contextos, eso sí, dotándolas siempre de un toque personal.

Actualmente, también es muy común, útil e interesante buscar la transversalidad entre todo tipo de ciencias y disciplinas, donde, claro está, el amplio mundo de la música no se queda al margen, ya que tiene mucho que aportar.

La principal finalidad de esta serie de artículos sobre ideas de emprendimiento musical es, más allá de iluminar y resolver la vida a nadie (ojala), proporcionar distintas, frescas y no tradicionales ideas donde poder poner en práctica (directa o indirectamente) toda nuestra experiencia y formación en el sector de la música y ganar dinero o vivir de ello, claro está.

Muchas de ellas constituyen auténticas ideas de negocio que les permitirán, si trabajan duro, convertirlas en sus trabajos principales, otras, en cambio, les ayudarán a obtener algunos ingresos extras a parte de los que ya disponen. Por otro lado, les permitirá experimentar el mágico proceso del emprendimiento que tanto llega a hacer crecer a las personas.

Es muy importante que sepan que, para casi todas de ellas, tendrán que salir de su zona de confort profesional y personal, ya que deberán de asumir nuevas competencias, lo que conlleva nuevos retos profesionales, formación, estrategia y planificación del tiempo y del esfuerzo empleado.

En cada entrega, tendré la suerte de contar con uno o varios colaboradores que, desinteresadamente, nos ofrecerán sus propias ideas; bien algo que a ellos les funciona muy bien y nos lo quieren transmitir, o bien otras ideas que creen que puedan ser de interés para otros lectores.

Para empezar, les dejo las 4 primeras ideas de emprendimiento musical.

pacoLa nº 2 ha sido cedida por Paco Yañez, tubista y experto en marketing musical, a quién le estoy muy agradecido por su colaboración, interés, grandísima profesionalidad, cercanía y compromiso con el desarrollo y emprendimiento del sector en su recomendable blog. También pueden seguirle en Facebook y Twitter.

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº1 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

CREAR UN CANAL DE PODCASTING MUSICAL TEMÁTICO

Descripción:

¿Conoces el podcasting? En pocas palabras, es como hacer tu propio programa de radio pero con ciertas peculiaridades (más información AQUÍ). Es un medio muy asequible, tanto de producir como de consumir, es un medio útil y dinámico, brindando muchas opciones de creación de contenidos: música, entrevistas, actualidad, divulgación, etcétera.

Quizás, si son expertos en alguna disciplina, instrumento musical o, simplemente, les apetece crear su propio espacio donde crear una comunidad e interactuar con ella,  no lo duden y lancen su propio canal de podcast.

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Les ofreceré una idea concreta como modelo, y se trata de un canal de podcast donde un músico pueda subir sus propias versiones de diferentes interpretaciones para su instrumento. Además, de la propia grabación, se podrán confeccionar y adjuntar una serie de notas sobre dicha obra y su compositor, una crónica sobre sus principales dificultades técnicas y musicales, consejos para su estudio, así como testimonios y reflexiones de otros reputados profesionales sobre la misma.

Después de su edición y distribución, y a parte de alojarlas en distintos canales de podcasting, también se pueden adaptar a formato de vídeo y viralizarlas en otros medios sociales como YouTube, Facebook o Twitter.

Llevar a cabo la idea es, sobre todo, cuestión de ganas de trabajar y de confiar en que nuestra música, criterio y la calidad de aquello que queremos transmitir es digna de que otros gasten tiempo en consumirla y, muy importante, que aporte valor (algo muy parecido a lo que pasa con un blog).

Si se trabaja con calidad, entusiasmo y se es constante, el éxito llamará a la puerta, más allá de todo lo que podrán aprender y crecer como músicos en la creación de cada programa, les ayudará a darse a conocer como profesionales, posicionarse en las redes sociales, conseguir oportunidades laborales y participar en eventos y otras actividades del sector, en definitiva y como bien nos explica Paco Yañez (nuestro siguiente colaborador) en uno de los artículos de su blog; construir la marca personal, la huella de cada uno de nosotros.

SECCIÓN DE MARKETING DEL BLOG DE PACO YAÑEZ

17 - 1

Monetización:

Les dejo un enlace de alguien que sabe mucho mejor que yo sobre cómo monetizar un canal de podcasting.

http://nacionpodcast.com/2016/06/06/nacion-podcaster-1-01-opciones-para-monetizar-tu-podcast/

http://www.chaujefe.com/como-monetizar-un-podcast/

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

A parte de hacer un buen curso sobre podcasting, se deberá cuidar al milímetro cada uno de los contenidos y secciones del programa (buenas entrevistas, calidad en las interpretaciones y grabaciones, verificar las fuentes y contrastar muy bien la información que se proporcione) y, por supuesto, también será muy necesario tener un amplio conocimiento y destrezas sobre community managment, es decir, sobre cómo difundir y gestionar nuestros podcast en los distintos medios y redes sociales.

CURSO DE PODCASTING GRATUITO (Por Joan Boluda)

¿Se les ocurre alguna idea para crear un canal de podcasting musical?

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº2 (por Paco Yañez)

APP DE NOTAS AL PROGRAMA PARA EVENTOS

Descripción:

movilLa idea de negocio consiste en crear una APP en la que todo el contenido vinculado a un evento musical, esté disponible en una plataforma digital. Además, tendría cabida el programa del mismo y sus notas, datos sobre el evento, artistas y demás información relevante sobre el mismo.

Los beneficios por utilizar una plataforma de este tipo sería un ahorro considerable en la producción física de este material, mejora en el diseño del mismo y una experiencia de usuario memorable durante el transcurso de un concierto.

La app estaría orientada a organizaciones que desarrollan conciertos y espectáculos en vivo como actividad principal, éstas tendrían que crear su propio perfil e incorporar todo el contenido que consideren.

Monetización:

La monetización de la App sería mediante un pago mensual por usuario Premium, publicidad integrada en la app para cuentas freemium y la comercialización a terceros de los datos de los usuarios. Asimismo, también habría la posibilidad, en el caso de Eventos de Pago, que los fans pudiesen adquirir las entradas por la App, cobrando una comisión por la venta de éstas.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Respecto a las necesidades en términos de Recursos Humanos, se necesitaría un equipo de 3 promotores; un desarrollador informático, un diseñador gráfico y un profesional de la música, ya que el público objeto serían organizaciones en la que su actividad principal es la organización de conciertos. Parte de la formación que necesitaría el equipo, estaría vinculada a la Gestión Empresarial, Comercial y Marketing Digital.

*La idea original es de Paco Yáñez (Consultor y formador de Marketing Musical)

www.pacoyanez.com

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IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº3 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

MANAGER DE BANDAS DE MÚSICA

Descripción:

En España existen miles y miles de bandas de música no profesionales que inundan todos los rincones de su geografía. Los integrantes de estas agrupaciones tienen un principal fin; hacer música y vivir experiencias juntos, y cuantas más y más variadas, mejor.

En la práctica totalidad de los casos, éstas no están regentadas por profesionales de la cultura y su gestión, limitando la búsqueda y organización de sitios dónde tocar (más o menos tradicionales) y llevar a cabo otras ideas y herramientas que puedan surgir en el buen desarrollo de estos contextos.

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La idea de negocio consiste en crear una agencia, o trabajar por cuenta propia como autónomo, de manager de bandas de música. Ésta se encargaría de buscar actuaciones, tanto nacionales como internacionales, facilitando la organización de las salidas, negociando unas buenas condiciones de contratación y buscando nuevas oportunidades y nichos donde desplegar los servicios musicales ofertados.

Además de los servicios ya mencionados, se podría ofertar un servicio de asesoramiento fiscal, patrocinios, información de convocatorias de ayudas culturales (públicas y privadas), ofrecimiento y consultoría de otras actividades afines a desarrollar para el buen (o mejor) funcionamiento de nuestros clientes, etcétera.

Monetización:

La monetización de esta idea sería cobrando una comisión (fija o porcentaje) por cada actuación concretada y/o gestionada. Además, se podría abonar una cuota anual o mensual por la pertenencia a nuestra agencia de gestión, asesoramiento y consultoría.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Además de una amplia experiencia en el sector y la cultura de las bandas de música, necesitaríamos profundos conocimientos sobre gestión cultural, relaciones públicas e institucionales, idiomas y un gran olfato para las oportunidades y para solventar los problemas y/o necesidades que existan en el mundo de las bandas de música

 

IDEA DE EMPRENDIMIENTO Nº4 (por Eduardo Sánchez-Escribano)

CREA EL AULA DE UN INSTRUMENTO O ESPECIALIDAD MUSICAL

Descripción:

Puede que tengan un gran dominio de un instrumento o especialidad musical, pero en los centros de formación musical que están a su alcance físico no se oferta el estudio de aquello para lo que estamos perfectamente preparados de enseñar. ¡Perfecto! Ahí hay una gran oportunidad.

Muchas escuelas de música no ofrecen algunas especialidades porque no son aparentemente atractivas para los alumnos (a veces clientes) potenciales, porque desconocen la importancia y valor que podría aportar a su centro, porque no tienen las suficientes herramientas para captar alumnado o, simplemente, porque no se les había ocurrido antes.

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Instrumentos como la tuba, el contrabajo, el fagot y la trompa suelen ser víctimas de ésta discriminación en forma de ausencia de oferta y demanda de alumnado. Por otro lado, también se pueden crear aulas de pedagogía, producción musical, composición, dirección, gestión de proyectos, musicoterapia y otro sinfín de especialidades musicales, habidas y por haber.

Si son profesionales de algunos de estos instrumentos o subdisciplinas de la música, sólo tienen que contactar con los correspondientes responsables de dirección y, teniendo muy en cuenta de si se trata de un centro público o privado, hacerles llegar y exponerles el proyecto de integración que hayamos elaborado específicamente para ellos.

Tendrán que esforzarse mucho en la captación y fidelización de alumnado; campañas en redes sociales, demostraciones instrumentales, talleres y conciertos didácticos en otros centros educativos y contextos, captación de fondos para la financiación de instrumentos de préstamo y, lo más importante, una vez que lleguen al aula no deben defraudarles como profesionales ni como docentes.

Monetización:

Muy sencillo. Si logran el objetivo propuesto y, finalmente, crean un aula, lograrán un contrato de trabajo con su correspondiente remuneración que, si trabajan duro creando una gran y sólida aula, podrá incrementarse en horas y cuantía.

¿Qué perfiles profesionales necesitamos para desarrollar esta idea?

Lo principal para esta idea es tener un buen olfato para las oportunidades, saber crear un atractivo y elocuente dossier para nuestros proyecto de aula, tener habilidades y conocimientos sobre técnicas de captación de alumnado, ser buenos docentes y amar en profundidad aquello que queremos transmitir y enseñar, fundamental.

 

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